La pregunta para la que Laporta no tiene respuesta: ¿dónde está el dinero?

Deja a Nike como mentira por la escandalosa comisión de Darren Dein y se pierde el rastro de los 1.600 millones extras que asegura haber ingresado desde 2021

A pesar de sus colosales errores y mentiras, Joan Laporta lo tiene todo de cara para ganar las elecciones
A pesar de sus colosales errores y mentiras, Joan Laporta lo tiene todo de cara para ganar las elecciones.

Joan Laporta tiene todas las respuestas menos una, la fundamental: ¿dónde está el dinero? Y donde es visible el efecto positivo, sanador y de recuperación cierta de los 1.600 millones de euros de origen extraordinario facturados y no recurrentes desde 2021.

Se trata de una cantidad tan exagerada que habría sido suficiente para financiar el Espai Barça entero, exactamente dos veces el Espai Barça (Spotify, Palau, equipamientos y acabados urbanísticos diversos), según los presupuestos de la anterior directiva con un coste de 800 millones.

El rastro de esta colosal capacidad para vender, revender e hipotecar activos y patrimonios del Barça anticipadamente y a costa de un futuro de ruina y de mayor empobrecimiento se pierde en la contabilidad inextricable del laportismo y en el contexto de una dialéctica mediática que los medios de comunicación, por ignorancia y servilismo, no se atreven a cuestionar.

Ni siquiera a hacer un ejercicio tan sencillo como repasar y contrastar las cuentas oficiales con expertos independientes y al margen de la nómina ideológica de Laporta.

Laporta ha presumido de un total de 1.157 millones extras procedentes de dos palancas, la de Sixth Street por el 25% de los derechos de TV de LaLiga durante 25 años y la de la operación de Barça Studios/Barça Vision/Bridgeburg Invest, que finalmente se ha diluido accionarialmente en Barça Produccions. De todas maneras, liquidada después de tres años de productividad nula y facturación cero por la gestión de los activos digitales de nueva generación.

Laporta ha anunciado pomposamente una prima de renovación del contrato con Nike de más de 100 millones de euros, otros 100 millones procedentes de la venta de los asientos VIP; 100 millones más de operaciones diversas de cesión de la explotación de las zonas de Hospitality y Premium y un excedente imprevisto e incalculable de la mejora del contrato de Nike y de la renovación del acuerdo con Spotify. De 40 millones por la Ciudad del Barça en Dubai (pendiente de cerrar las comisiones), de 40 millones por el despreciable convenio cultural y de promoción turística con el Congo y del rédito no menos afortunado y también infinitamente superior a todas las expectativas de BLM que, consta oficialmente, había facturado 170 millones en el último ejercicio.

Calculando al por mayor, incluso con las exageradas, falsas, manipuladas y temerarias pérdidas que arrastraron al club (2020-21) a unos fondos propios de 450 millones de euros de fondos propios negativos, gracias al caudal de dinero ingresado por canales no ordinarios como los mencionados, de beneficio directo, estos fondos propios deberían arrastrar al menos entre 800 y 1.000 millones de saldo positivo.

Al contrario, y por desgracia para el FC Barcelona, la persistente realidad, tras los dos últimos años (2023-24 y 2024-25) de cierres con pérdidas millonarias, esta columna del balance resume la gestión de Laporta en una cifra alarmante de 152 millones en rojo.

Cambios estatutarios

Lo que significa que, estatutariamente, la junta de Joan Laporta ya hubiera sido automáticamente cesada si no se hubiera anulado en 2021 el artículo 67º sobre el control económico, una medida comprensible en aquel momento —para eludir y poder digerir el efecto Covid de 300 millones menos de ingresos como máximo en tres temporadas—, pero que ya forma parte del sin sentido y la piratería financiera de Laporta, incapaz de sobrevivir a su propio y supuesto éxito.

La doble conclusión, ambas iguales de terribles y desgarradoras, es que o bien esos 1.600 millones nunca han entrado del todo en la caja o bien, en caso de ser un ingreso neto se ha gastado y extraviado no se sabe de qué forma ni destino.

El misterio está más que justificado porque el Barça de Laporta, además de estar seco económicamente —como ratifica y certifica el balance de la memoria oficial y aprobada en asamblea—, sigue lejos del 1:1, de poder reforzarse con recursos propios, sólo con lesiones que, desgraciadamente, abundan.

La deuda crece, no se ha devuelto ni un solo euro, ni uno, del préstamo para la obra de reforma de Limak y la perspectiva es que esta temporada, como el Spotify Camp Nou sigue acumulando retrasos, habrá nuevas pérdidas, consecuencia de la menor explotación comercial del estadio.

Para empeorarlo, los gastos generales al margen de la nómina deportiva y no deportiva son de 355 millones, el 36,7% de los costes totales, otra barbaridad que Laporta no es capaz de explicar ni de detallar.

Y cuando lo hace es para defender ferozmente, como hizo en el debate del lunes y en la asamblea extraordinaria de diciembre de 2024, la comisión de Darren Dein, su amigo para todo, valorada en unos 50 millones y más que discutida porque nadie se cree que «en su momento decidimos que un mediador actuara. Quiero agradecer a las personas que nos han ayudado a rehacer la relación con Nike y a acercar posiciones. Fue una persona clave (Darren Dein) porque consiguió desencallar una situación muy complicada que teníamos con Nike. Él se encargó de llevar una oferta de mercado para nosotros», afirmó Laporta.

Comisión a Darren Dein

No sólo suena a bola de campeonato sino que, además, Laporta le pasa parcialmente el muerto a Nike, asegurando que «la comisión de Darren Dein era del Barça y de Nike. La cantidad de dinero se paga a lo largo de 14 años: el Barça paga el 1,65% y Nike el 1,25%».

A todo el que preguntó a Nike en su día, la respuesta fue que se negó a que el pago a Dein formara parte del contrato y que, en todo caso, lo asumiera sólo el Barça porque internamente no veían claro figurar como pagadores del intermediario en las cláusulas del acuerdo.

Más tarde, citando «fuentes de Nike», varios medios han asegurado que «ellos no pagan ni un euro a Darren Dein».

¿Quién miente, Nike o Laporta? A Nike no le conviene remover un episodio que ya es de por sí pudiente e incómodo. Pero, si ahora no lo desmiente y sigue callando, se puede interpretar que finalmente sí ha accedido a inflar hasta reventar los bolsillos de Darren Dein más que exageradamente por una conciliación que en el mercado oficial y habitual estaría en torno a un millón, dos millones máximo.

Laporta, que no es amigo de la verdad, lo dice la estadística, está calificando a Nike de mentira o de aceptar pagar una comisión que difícilmente pasaría un control de Compliance interno. Siempre es lo mismo, se pierde el rastro del dinero.

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