Mientras Joan Laporta preparaba el primer gran debate electoral de la semana decisiva, en el Congo al menos 300 personas morían tras un derrumbe en la mina de Gakombe, Rubaya, al noreste del país. El deslizamiento, provocado por lluvias, afectó a mineros y familias cercanas y arrastró más de 40 hogares. Como es habitual, las labores de rescate carecieron de organización especializada, según informaciones y denuncias locales en una zona, controlada por el grupo rebelde M23 con impunidad, que ya ha sufrido otros siniestros recientes similares como el que dejó más de 200 fallecidos en una mina de coltán días antes y cerca de 460 muertos en enero, casi un millar en lo que va de año. La mayoría de estos yacimientos de operan y explotan sin regulación, bajo control de grupos armados y con la pasividad de las autoridades, lo que incrementa accidentes mortales en una región rica en minerales usados en las nuevas tecnologías.
Este incidente, por lejano que parezca, acerca al Barça de Laporta a ese estadio de insensibilidad y desprecio por los más elementales valores democráticos y por los derechos humanos que ha ido avanzando en este mandato a punto de concluir. Junto al Milan y Mónaco, que ya está en el centro de una investigación y denuncia judicial por blanqueo de dinero, el Barça es el tercer gran club del mundo señalado por haber aceptado dinero del gobierno dictatorial y sanguinario de Congo RD -40 millones- por contribuir a mejorar y proteger su pésima imagen internacional. Laporta aparece como el gran valedor de un patrocinio como el de Congo RD que afea los valores del Barça y degrada, hasta borrarla, su enseña universal como ‘Més que un club’.
Laporta defendió el acuerdo con el Congo como una fuente relevante de ingresos en un contexto de fuerte presión del fair play de LaLiga y de necesidad de generar recursos para poder fichar bajo la regla 1×1, una afirmación que, desde luego, contradice la recuperación económica del Barça de la que tanto presume y el impacto de ingresos récords por la camiseta, Spotify, Nike y BLM. Para vergüenza del barcelonismo, además, ha presentado el acuerdo como una alianza para promover la cultura y el deporte en el país africano, insistiendo en el discurso de desarrollo y proyección internacional del Barça.
Víctor Font, por su parte, lo ha calificado como “inexplicable” y ha asegurado que, si gana las elecciones, rescindirá tanto el contrato con el Congo como el de New Era Visionary Group.
El debate, en cualquier caso, será más recordado por haber sido el primero que no se lleva Laporta, sorprendentemente en el terreno de la confrontación mediática abierta que más domina y donde parecía imbatible.
Laporta llegó tocado por las declaraciones de Xavi Hernández a La Vanguardia, de la noche del domingo, en las que denunciaba que fue el propio Laporta quien frenó el regreso de Lionel Messi después del Mundial porque temía que su poder, carisma y fuerza compitiera con el del presidente en la órbita del barcelonismo. También ofreció detalles de su mala salida del Barça, según dijo, víctima de la traición personal y las patrañas que Alejandro Echevarria fue vertiendo sobre él en el vestuario y en el entorno de la presidencia. “Echevarria -el cuñado facha de Laporta- manda más que el presidente”, ha declarado Xavi en esta entrevista de gran repercusión.
Laporta le ha respondido feamente: “Con los mismos jugadores, Xavi perdía y Fick gana”, comentario que habrá disgustado por igual a ambos entrenadores, especialmente al alemán que fue el primer sorprendido por los vaivenes previos a su fichaje tras haber renovado y cesado a Xavi con apenas unas semanas de margen”. Tampoco es justo ese análisis teniendo en cuenta que fue Xavi quien maduró a Lamine Yamal, Pau Cubarsí, Marc Bernal, Marc Casadó y Fermín López en una primera temporada de adaptación antes de su explosión.
También ha sido llamativa, por desconcertante, anacrónica e interesadamente laporrista, la salida de Jaume Roures a escena con la finalidad de cortar la hemorragia provocada por Xavi con sus declaraciones. Roures ha salido a desmentir que Messi estuviera ‘fichado’ con el argumento de que él participó en las negociaciones previas junto con Javier Tebas. En realidad, Xavi ha hecho referencia no a las negociaciones para que se quedase en 2021, sino para que volviera en 2023. Laporta movió las piezas de Roures y del propio Tebas para que ayer lunes salieran a desmentir que se hubiera deshecho la operación una vez cerrada.
Laporta tiene miedo de que este y otros temas se le vayan de las manos, pues precisamente Xavi hace referencia a que en efecto Laporta engañó a Messi dos veces; la primera, prometiendo a todos los barcelonistas que lo renovaría y, la segunda, a través de Xavi, asegurándole que lo iba a repescar y que fue Laporta quien después de tener sobre la mesa el ‘sí’ de Leo lo dejó en la estacada porque era imposible, por falta de fair play, poderlo inscribir, que es lo que Tebas ha salido a confirmar.
Los embustes y los engaños se le acumulan esta semana a Laporta que se le puede hacer más larga de lo que pensaba a causa de esta artillería inesperada del lado de Xavi, que días atrás le dio su firma como socio a Font.
Como era previsible, Laporta no dijo una sola verdad en más de una hora y media de debate intenso batiendo su propio récord en este tipo de actos electorales. La prensa, siempre desenfocada, celebró y antepuso a cualquier otra consideración y análisis sobre el éxito y gran expectación del debate el hecho de que el Barça, como club democrático, sea el único que puede promover tal ejercicio de transparencia, lo cual tampoco es cierto ni irrefutable, pues si de verdad el Barça no hubiera perdido de verdad sus señas de identidad, los socios tendrían la oportunidad de intercambiar opiniones en las asambleas si no fueran como las de Laporta, congoleñas, o sea manipuladas y cerradas a los socios. En cinco años, Laporta es la primera vez que confronta ideas y asuntos barcelonistas con otro socio. La estadística asamlearia también refrenda que el Barça ja no es ‘Més que un club’.










