Economista. Ha sido profesor universitario. Trabajó durante dos décadas en el IESE y también en el sector público, donde fue director general del INI, secretario de Estado de Economía y consejero del Banco de España. Entre sus libros está La ciencia humilde: economía para ciudadanos.
A propósito del artículo que recientemente firmabas en La Vanguardia, denunciando la persecución al excoronel del ejército suizo Jacques Baud por disentir sobre Ucrania, cabe preguntarse si no se nos está colando en Europa una inquietante rusofobia?
Pensaba que era algo impulsado por la política norteamericana, que quería, en último término, enfrentarse a China, pero con las manos libres. Para ello le convenía debilitar a Rusia. Durante mucho tiempo, una parte de la política exterior americana consistió en dificultar cualquier entendimiento entre Rusia (no la Unión Soviética) y Europa. Se pusieron muchas pegas en la construcción del Nord Stream, y fue Willy Brandt quien lo sacó adelante, contra la opinión de los americanos. Algún día sabremos lo que pasó. Yo creía que era una rusofobia reciente, importada de los Estados Unidos. Pero resulta que eso es verdad solo en parte. Lo que los ingleses llamaban «el gran juego», algo del siglo XIX, fue la pugna entre Inglaterra y Rusia por el centro de Asia, y en particular por la India. Para los ingleses, la rusofobia viene desde lejos. Pero no para los franceses, que siempre habían sido amigos de los rusos.
Y esta, digamos, neorusofobia que impregna el ambiente de donde procede?
No sé si los hubo con Kissinger, pero se acentúa con Clinton. Pasó una temporadita en Rusia, cuando era un becario, y le pareció que aquello iba muy mal. No profundizó más, pero sí dio un empujón a la fobia… A mediados del siglo XIX, un ministro de Exteriores del tsar hizo un informe diciendo que, de Occidente, que entonces era fundamentalmente Inglaterra, no se podía esperar otra cosa que mala voluntad. El informe tiene una postula a mano del tsar que dice: «La cosa es así». No viene de toda Europa, sino de Inglaterra.
¿Se puede pensar que ahora la rusofobia es, sobre todo, parte de una estrategia de hegemonías, más allá de factores culturales, históricos, ideológicos…?
El motor de fondo es la lucha de Rusia por mantener la seguridad en sus fronteras, ante una presión constante de lo que llamamos Europa, que, en realidad son Francia, Inglaterra y Alemania. Hay una tensión y fricción en estas fronteras. No por la invasión rusa, no ha habido ninguna invasión rusa. Eso, en sí, es algo bastante antiguo. Stalin ofreció la reunificación alemana, en 1953. Después se crearon la OTAN y la OSCE, en la que estaba Rusia. Europa eligió la OTAN y no la OSCE. O sea, que ha habido una especie de distanciamiento sistemático de Europa respecto a Rusia.
¿En la Europa central no ha campado una especie de paranoia respecto al Este, a la amenaza de las hordas tártaras que transitaban por allí?
Precisamente, el orgullo de los rusos es que fueron ellos los que detuvieron a los tártaros.
La historia rusa está muy imbricada con la de los países europeos. ¿Eso no parece corroborar que Rusia es, sin duda, parte de Europa?
Es Europa, forma parte de nuestra cultura. Hay una frase en Los hermanos Karamázov, en la que el grande, el Ivan, dice: «Tengo ganas de viajar a Europa. Ya sé que es un cementerio, pero tan estimado». Esto refleja que los rusos, o algunos de ellos, se identificaban con Europa. No se entiende Europa sin Tolstoi, Dostoievski, Kandinski, Txaikovski…, los científicos…
En esta ola rusófoba los medios de comunicación, ya que disponen de firmas especializadas en el tema, ¿están jugando un papel especialmente significativo?
La idea es que Putin quiere reconstruir el antiguo imperio ruso. Pero Putin un poco de sentido común debe tenerlo, porque, si no, no habría llegado a donde ha llegado. El único recurso escaso que hay en Rusia es la gente. No hay gente. Había previsiones hechas por economistas, hace ya 10 o 20 años, que decían que en el futuro Rusia perdería un cuarto de su población. Era un momento en el que había graves problemas de alcoholismo. Eso se ha paliado, pero el tema es que Rusia, que cuenta con un enorme territorio, no tiene gente. Que se dedique a invadir los países de al lado me parece absurdo. Lo que sí quiere tener Putin es amigos en las fronteras. No tener enemigos, ni cohetes americanos en Polonia. Y en Ucrania se han atravesado todas las líneas rojas.
¿Puede estar funcionando todavía, de manera subliminal, lo del miedo al comunismo asociado a la Rusia actual?
Rusia ya no es un país comunista. No sé qué papel puede seguir teniendo el partido allí, pero no es el país comunista de Stalin.
¿A propósito de la guerra de Ucrania, llama la atención cómo ha quedado reducida al relato de una invasión de Rusia, sin un antes, como el rayo de sol pasa por un cristal, sin romperlo ni mancharlo?
Hubo un golpe de Estado, impulsando por Estados Unidos y seguido por una parte de la población de Ucrania. Mi impresión es que Ucrania es un país profundamente dividido. Ianukóvitx sacó entre el 60% y el 80% de los votos al Donbás y el 6% en el oeste. Cuando Putin se quedó con Crimea, nadie protestó. Protestaron en Kíiv. Khrusxov entregó Crimea a Ucrania de manera ilegal, de acuerdo con las leyes de entonces. Fue un regalo que no pasó por la Duma. El final de la Unión Soviética ha hecho emerger un país profundamente dividido. Kíiv estaba bombardeando el Donbás desde el Maidan. Eso no se dice. El periodista Rafael Poch explica muy bien los antecedentes. George Kennan ya advirtió que la extensión de la OTAN hacia el Este era un profundo error.
¿No resulta alarmante que el apagón informativo de Rusia incluya las noticias de alcance, cotidianas…?
Con lo que ha pasado en Ucrania, las relaciones con Rusia tardarán en ser buenas. Nos han intoxicado con la idea de que Rusia es Putin, y que Putin es un demonio. Putin no tiene la manera de conducirse que tenemos aquí. Es un hombre que ha hecho cuadrar a los oligarcas. Les deja hacer dinero, pero, como decía Franco, que no se metan en política. Y lo ha conseguido. A los que no le hacen caso les trata mal. Tengo algún amigo en Rusia que me dice que están cansados de la guerra, pero la vida es normal. Hay más variedad de productos en los supermercados…
¿Y qué se puede decir de la OTAN?
Dicho así, de repente, la podríamos comprar a los americanos y convertirla en nuestro ejército europeo. Los americanos han pagado un 17%, no más. No sé cómo será el papel de la OTAN, pero nuestra oportunidad en este momento es la de distanciarnos de Estados Unidos. Desde el punto de vista histórico, incluso anímico y cultural, es el que más cerca está de Europa. Nuestros aliados naturales eran los Estados Unidos, pero ahora no.
Hablando de Trump, más que como un fascista (término muy y muy suave), no parece comportarse como un gángster que abomina las reglas, cosa, por cierto, muy americana?
Sí. El mito de la conquista del Oeste. Tiene un poco de eso…
¿Y Europa, instalada en el autobombo, con los tambores de guerra sonando?
Creo que los países deben tener un Ejército para defenderse de quien sea. Lo que pasa es que ahora este quien sea es Rusia. ¿Nosotros debemos rearmarnos contra Rusia? Comprendes a los finlandeses, pero no creo que Putin tenga el más mínimo interés en invadir los países bálticos, y quedárselos. No sé qué le podría aportar. Lo que quiere es que no estén en la OTAN ni tengan misiles potencialmente hostiles a sus fronteras. El problema es que construir una fuerza armada entre los países, a primera vista, parece que solo es cuestión de organización. Pero, en una democracia, por encima del poder militar debe haber uno civil. Es difícil avanzar en una integración militar si no hay una integración política.
¿No parece que, tras el discurso del rearme, existe la idea de dotarse de armas nucleares, que, por cierto, ya poseen Francia e Inglaterra?
El concepto de Europa de De Gaulle era completamente diferente al que tenemos nosotros. Nunca quiso una Europa federal. Promovió el desarrollo del programa nuclear en Francia, tanto militar como civil. El proyecto europeo nació de verdad en aquella cárcel de Ventotene. Un proyecto de una Europa federal y socialista, cuando el enemigo todavía era Alemania. La idea original era la Europa política, pero se hizo un referéndum en Francia y fracasó. Por eso se hizo el Mercado Común, que tenía el atractivo económico. A mí me gustaría que Europa fuera mejor, que funcionara mejor, y que los que no quieren estar se fueran.














