Un tesoro bajo nuestros pies

Bluesky

La transición energética en Cataluña avanza muy lentamente, a causa de la falta de impulso de los anteriores gobiernos de la Generalitat y del egoísmo de los nimbys en algunas zonas del territorio, en especial en las comarcas gerundenses. La desestabilización del Oriente Medio, provocada por el ataque absolutamente temerario de Israel y de Estados Unidos contra Irán, tendrá como consecuencia inmediata un incremento de los precios de los hidrocarburos (petróleo y gas), con un impacto directo sobre la economía planetaria.

Por eso, es más urgente que nunca acelerar la implantación de plantas eólicas y fotovoltaicas en Cataluña. Además, hay una «tercera pata», hasta ahora casi inexplotada, que podría ayudar rápidamente a la descarbonización de nuestro país: la energía geotérmica.

Caldes de Malavella, Caldes de Montbui, Caldes d’Estrac, Caldes de Boí…, nuestra toponimia recoge la evidencia de la existencia de numerosas surgencias de agua caliente en nuestro territorio, que hasta ahora solo se han utilizado con fines lúdicos o medicinales. Pero con los avances tecnológicos logrados, el aprovechamiento intensivo de la geotermia podría emplearse masivamente para la climatización de casas y empresas, el funcionamiento de los invernaderos y la producción de energía eléctrica, de manera absolutamente limpia, renovable, sostenible y kilómetro cero.

Un estudio europeo ha establecido que la geotermia podría proporcionar el 42% del gas y del carbón que consumimos. Tenemos un tesoro bajo nuestros pies y solo hace falta voluntad e impulso gubernamental para hacerlo aflorar.

El aprovechamiento de la energía geotérmica tiene dos grandes modalidades:

· La de superficie, que aprovecha la temperatura estable del subsuelo a poca profundidad, habitualmente hasta unos 100-150 metros. El terreno mantiene una temperatura bastante constante todo el año (entre 10 °C y 18 °C, según la zona). Se utiliza principalmente para calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria. Funciona con una bomba de calor geotérmico, que intercambia calor con el subsuelo mediante sondas enterradas (verticales u horizontales). No genera electricidad, pero sirve por climatizar edificios con alta eficiencia energética, como viviendas, escuelas o edificios públicos que utilizan el subsuelo para reducir el consumo de gas o de electricidad convencional.

· La profunda, que extrae calor de zonas mucho más interiores, a menudo a más de 1.000 metros, donde las temperaturas son muy elevadas. Esta modalidad de explotación permite producir electricidad, además de calor.

No se trata de una utopía ecologista. En la actualidad, hay muchos países que consiguen suministro eléctrico o agua caliente, gracias al aprovechamiento de la geotermia. Los que tienen más plantas de producción son Estados Unidos, Indonesia, Filipinas, Turquía, Nueva Zelanda, México, Kenia, Italia, Islandia y Japón.

Para uso térmico (no solo electricidad), algunos países destacan especialmente por la intensidad de su aprovechamiento, como Islandia, donde mucha de la calefacción de edificios usa geotermia de baja y alta temperatura; Suecia, Finlandia y Alemania también tienen mucha capacidad de bombas de calor geotérmicas para calefacción y refrigeración.

Un caso específico es la región de la Toscana, en Italia, en la cual podría inspirarse Cataluña. Aquí hay 34 centrales geotérmicas activas (principalmente alrededor de Larderello, Monte Amiata y Radicondoli), con una potencia instalada de unos 915 Mw, el equivalente a una central nuclear. Estas plantas cubren una parte importante del consumo eléctrico regional (alrededor del 30–35%). Esto hace de la Toscana una de las zonas pioneras y más consolidadas del mundo en producción eléctrica geotérmica.

En Cataluña tenemos un gran potencial para explotar esta fuente de energía limpia y renovable, pero, como pasa con la eólica y la solar, estamos en mantillas. Hay que destacar, sin embargo, algunas iniciativas remarcables, como la actuación desarrollada por la empresa pública Ferrocarrils de la Generalitat (FGC) en el Valle de Núria, que garantiza las necesidades de agua caliente de las instalaciones con pozos geotérmicos.

El Hospital Universitario de Mollet utiliza la energía geotérmica para la climatización del edificio, es decir, calefacción en invierno y refrigeración en verano. Este sistema funciona con bombas de calor geotérmicas conectadas a 148 pozos de unos 146 metros de profundidad, que aprovechan la temperatura estable del terreno. Reduce aproximadamente un 30% el consumo energético de climatización del hospital.

También hay que saludar el acuerdo, firmado la semana pasada, entre el departamento de Territorio y el Ayuntamiento de Cànoves i Samalús para hacer un pozo de 550 metros de profundidad, que obtendrá agua a 90 °C.

Cataluña, si nos lo proponemos, puede lograr la soberanía energética y dejar de depender de la tiranía nuclear y de los hidrocarburos. Del mismo modo que los ayuntamientos tienen equipamientos escolares o deportivos, también podrían asumir la misión de dedicar una parte de su territorio municipal a acoger instalaciones de producción energética o calorífica con técnicas eco-responsables.

Es bueno, es inteligente, es posible ¡hagámoslo! ¡Adelante, sin parar!

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