50 años del inicio ecologista

Bluesky

1976 fue el año de las marchas convocadas por la Assemblea de Catalunya para exigir la amnistía para los presos políticos; del regreso de Lluís Llach al Palau d’Esports; del recital de Raimon en Madrid; de la primera manifestación de periodistas en defensa de la libertad de expresión y el secreto profesional; de las Jornadas Catalanas de la Mujer en el Paraninfo de la Universidad; de la aparición del primer número del diario Avui y del restablecimiento del nombre de Palau de la Generalitat, entre otros hechos históricos destacados. Pero también fue el año del inicio del movimiento ecologista; un movimiento social, independiente y combativo, que no se había previsto y que comenzó a incomodar a los partidos políticos y empresas contaminantes.

Susana Alonso

En los últimos años del franquismo se produjeron las primeras acciones reivindicativas a cargo de entidades locales que se consideraban afectadas ya sea por la contaminación de la térmica de Cercs, el impacto ecológico del vertedero de El Garraf, la polución de la térmica de Cubelles o la construcción de los reactores de Ascó. La publicación en abril de 1976 del «Libro blanco de la gestión de la naturaleza en los Països Catalans (Naturaleza, uso o abuso?)» y en junio la fundación de la Lliga per a Defensa del Patrimoni Natural (DEPANA) ayudarían a fomentar una conciencia colectiva sobre la degradación que sufría el territorio.

El 7 de agosto de 1976 se celebró la primera manifestación ecologista en Torroella de Montgrí en defensa del Ter y contra la contaminación que provocaba la papelera Torras Hostench. Aquella movilización, a la que asistieron 3.000 personas, fue el inicio de un proceso hacia la constitución del Movimiento Ecologista Catalán (que no sería legalizado hasta octubre de 1982) y de Alternativa Verde, su rama política acordada en noviembre de 1983 en una asamblea celebrada en La Bisbal d’Empordà, inspirada en el pensamiento econacionalista, con fuerte componente libertaria, y que recibió el apoyo de Joan Oliver (Pere Quart), Maria Àngels Anglada, Carles Fontserè e Isabel-Clara Simó, entre otras personalidades.

Ese año se inició la Campaña de Salvaguardia del Patrimonio Natural en el marco del Congreso de Cultura Catalana que organizó más de 300 actos en unos 150 municipios. En los debates surgió la defensa de los humedales de L’Empordà, la preocupación por las plantaciones de eucalipto en Les Gavarres, las explotaciones de greda en la Zona Volcánica de La Garrotxa y la contaminación del Ter, del Segre y del Llobregat que motivaron la aparición de los primeros grupos ecologistas. También creamos con Xavier Garcia, Jaume Reixach, Alfons Ribera, Jordi Cortadellas, entre otros compañeros, el Colectivo de Periodistas Ecologistas que teníamos representación en la mayoría de redacciones, y editamos la revista «Userda» para apoyar el movimiento. Lo hemos querido recordar no sea que los monográficos, artículos y exposiciones que se dedicarán a 1976 olviden aquellos primeros gritos de alerta ecológica. En la manifestación de Torroella de Montgrí (este año el municipio prepara actos conmemorativos) si vieron muchas pancartas que indicaban el carácter del movimiento: «Queremos volver a bañarnos en el Ter»; «El Ter del pueblo no de los capitalistas»; «¡No a las empresas contaminantes!».

Catalunya acabaría teniendo 500 plantas depuradoras de aguas residuales y pretratamiento en los municipios de más de 2.000 habitantes; se crearía el Departamento de Medio Ambiente y se declararían los parques naturales de Els Aiguamolls de l’Alt Empordà y de la Zona Volcánica de La Garrotxa. Es de justicia reconocer la labor y la influencia sobre las instituciones de aquellos grupos y de sus impulsores.

El activismo del movimiento ecologista y el compromiso de algunos sectores científicos ambientalistas forman parte de la transición democrática (como lo fue la movilización obrera y vecinal). No ha sido posible consolidar un partido verde con representación parlamentaria pero quedan entidades ecologistas vigilantes y arraigadas en el territorio como la federación Ecologistas de Cataluña fundada en 2003.

Con criterio, buena documentación y constancia se ha conseguido motivar a los partidos politicos con capacidad de formar gobierno. Son ellos los que tienen ahora el reto colosal de trabajar por los grandes objetivos transversales de país: la economía circular, la adaptación al cambio climático, la transición energética (que queremos desnuclearizada) y la justicia social. El tiempo que tienen para hacerlos efectivos, sin embargo, se está agotando.

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