Icono del sitio El Triangle

Feijóo y Abascal: la España cobarde

Hay dos tipos de cobardes. Los que, ante un conflicto, huyen, se escabullen como ratas, y los que bajan la cabeza ante el agresor, midiendo al límite sus argumentos para que no parezca que son cobardes. Entre los primeros podría encontrarse el mismo Netanyahu que, según fuentes bien informadas, está a salvo en un búnker en Alemania. Entre los segundos, destacan, sin ningún tipo de dudas, Feijóo y Abascal.

Resulta patético ver de qué manera estos dos salvapatrias se arrastran como gusanos para convencernos de las bonanzas de abrazar al matón de Trump. En el fondo, su cobardía se transforma en una debilidad mezclada con delirios de grandeza porque quieren estar al lado del fuerte, no vaya a ser que gane y luego no se vean compensados ni con las migajas.

Feijóo y Abascal pertenecen a esa estirpe de cobardes que son capaces de, con su silencio, aplaudir las muertes de civiles, las agresiones ilegales sin consentimiento de los organismos competentes, los genocidios, los bombardeos de escuelas y hospitales. Todo lo justifican con la excusa de que ciertos países constituyen un peligro contra la humanidad, aunque el peligro real esté a su lado. Es mentira que quieran llevar los derechos humanos a Irán. No intenten engañarnos con esa patraña.

No me quiero imaginar a estos dos cobardes en el gobierno lamiendo el culo, las botas y lo que haga falta a un presidente americano que ha decidido ir por libre, mearse en todos los acuerdos internacionales y masacrar a cualquier país que no acepte esa sumisión. Feijóo y Abascal muestran lo peor de nuestra democracia, atacando el orden establecido desde la Segunda Guerra Mundial, aceptando, de facto, la invasión de un país porque supuestamente está fabricando la bomba atómica. Poco importa si organismos competentes lo niegan. El miedo al mafioso, al que asesina en plena calle a sus propios compatriotas, es tan grande, que prefieren decir sí a todo, capitular, dejar en la estacada a esos españoles a los que afirman defender.

No hace falta recordar el precio tan alto que pagó España por esa participación en la gran mentira que fue la invasión de Irak. Las armas de destrucción masiva nunca existieron y el PP pagó el precio en las urnas y en unos muertos en Atocha que son responsabilidad suya. Ahora, en Irán, el patrón es peor porque se suman las amenazas de un Trump desbocado, loco, dispuesto a todo para quedarse con todo el petróleo del mundo.

El camino más fácil siempre ha sido ponerse al lado del gánster. Ser valiente no entra en la cabeza de Feijóo y Abascal porque eso supondría tener cerebro, utilizarlo para el bien común, creer en la democracia, en la diplomacia para resolver los conflictos. No, ellos prefieren lo de Venezuela, aceptar el chantaje a cambio de que no los encierren o los maten. Defender la soberanía de su país no entra en sus cálculos porque, en el fondo, además de gallinas, están esperando que Trump los meta en cualquier rincón, en cualquier consejo de administración. Suele pasar con los mediocres, que se venden al mejor postor con el objetivo de obtener cualquier agasajo, aunque eso sea poner en peligro a su propio país.

El ardor guerrero del que hacen gala estos dos traidores es solamente una fachada hipócrita. El miedo se transforma en sumisión, empujando a los civiles a un conflicto mientras ellos lo observan desde sus atalayas. Como dijo el político socialista francés Jean Jaurès: “Se nos dice que la guerra es inevitable. Se nos dice que la patria está en peligro. Pero, ¿qué patria es esa que envía a sus hijos a matarse entre sí para preservar los intereses de banqueros, de industriales, de imperios que reparten el mundo como si fuera un botín?

Feijóo y Abascal son, ni más ni menos, que unos aduladores de asesinos. Nunca empuñarán un arma, ni para defender a su país. Pero sí que se quedarán en la retaguardia para ver cómo matan a los suyos, regocijándose por el asesinato de miles de niños y niñas, viendo cómo el mafioso se lo queda todo. Criminales de guante blanco sentados en un pedestal de sangre y fuego. Cobardes, débiles, insensibles. Ser valiente en estos momentos es defender la democracia, los valores que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial, justo para que no se repitiesen los mismos errores. Feijóo y Abascal nunca tuvieron la cabeza en su sano juicio. La prudencia no puede entrar en cerebros huecos. A ver si nos damos cuenta.

Salir de la versión móvil
Ir a la barra de herramientas