La televisión estatal iraní ha confirmado la muerte del ayatolá Ali Jamenei, que según fuentes oficiales murió en la ofensiva aérea conjunta de Estados Unidos e Israel, lo que ha desencadenado una oleada de inestabilidad en toda la región. El presidente Masoud Pezeshkian ha calificado el ataque de «gran crimen» y ha prometido que «nunca quedará sin respuesta». El clérigo y jurista Alireza Arafi, de 66 años, será el líder supremo interino, una figura con un perfil pragmático y una larga trayectoria en cargos de decisión, incluyendo el Consejo de Guardianes y responsabilidades delegadas directamente por Jamenei desde 1989.
Según The New York Times, la operación para matar a Jamenei contó con la colaboración de la CIA, que habría monitoreado durante meses los movimientos del líder supremo. Tras la muerte de Jamenei se ha llevado a cabo una nueva oleada de ataques iraníes contra Israel y hasta 27 bases militares norteamericanas en el Golfo Pérsico, así como bombardeos en Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y, por primera vez, Omán. La Guardia Revolucionaria ha anunciado que la ofensiva «más intensa» está a punto de comenzar, mientras el Reino Unido ha informado que ha interceptado dos misiles dirigidos a sus bases en Chipre.
El país afronta una sucesión excepcional —solo hay un precedente, en 1989— en medio de una ofensiva que ha causado más de 200 muertos, incluyendo la muerte de 148 niñas en la escuela de Minab, y el asesinato de varios altos mandos como Mohammad Pakpour, Ali Shamkhani, Abdolrahim Mousavi y Aziz Nasir Zadeh. El nuevo comandante de la Guardia Revolucionaria, Ahmad Vahidi, asume el cargo en un momento de máxima tensión. Mientras multitudes llenan las calles para llorar Jamenei, otros vídeos muestran celebraciones por su muerte. Las negociaciones nucleares, que según el ministro de Exteriores de Omán estaban a punto de culminar con un acuerdo para reducir a cero el enriquecimiento de uranio, han quedado suspendidas tras los ataques de EEUU e Israel.















