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Aliança Catalana hace implosionar el ‘statu quo’ de los partidos procesistas

La líder de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, en el Parlamento de Cataluña

El mapa político independentista está cambiando a velocidad de vértigo. Los partidos se están resituando y las organizaciones cívicas buscan un nuevo lugar bajo el sol. «Ya antes de la irrupción de Aliança Catalana se veía a venir una recomposición del mapa político, porque se acababa el ciclo del proceso y había que hacer una reflexión. Pero con el asentamiento y las perspectivas al alza que dan al partido de Sílvia Orriols se ha acelerado esta dinámica. Podríamos decir que el independentismo ha implosionado y ahora hay que crearlo en base a las cenizas de lo que había«, razona un veterano independentista con muchos años de militancia.

La situación es consecuencia de un esquema caduco. Tras la pandemia, el activismo se relajó, las organizaciones cívicas Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural (OC) dejaron de arrastrar a decenas de miles de activistas y el proceso decayó. ¿Es consecuencia del desencuentro y del cansancio de la ciudadanía hacia sus líderes? Posiblemente esta es la razón principal –añade la misma fuente–. En el proceso, los partidos vendieron muchas mentiras. Fueron demasiado lejos. Prometieron imposibles y al final los ciudadanos se cansaron. Ahora la ciudadanía busca volver a sentir lo mismo, pero con caras nuevas y con promesas nuevas. El proceso como tal está muerto, y es muy posible que no vuelva a repetirse nunca, al menos a corto y medio plazo. La meta sigue siendo la independencia, pero habrá que hacerlo de una manera diferente y que vuelva a ilusionar a la gente».

Esto quiere decir que el mapa varía: los partidos tradicionales deben adaptarse a los nuevos tiempos, al igual que la ANC y Òmnium. Incluso el Consell de la República busca su encaje en el nuevo sudoku catalán.

Hay algo que valorar: «La recolocación de las piezas en el tablero la están haciendo los mismos que dirigieron el proceso y que nos llevaron al abismo. Aquí continúan, al frente de Junts per Catalunya (JxCat) y de ERC, Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, los artífices del gran fracaso del procés, los culpables de todo. Ahora quieren presentarse como los nuevos salvadores, pero solo son líderes obsoletos a los que la historia ha pasado por encima», insiste este independentista de piedra picada.

Su tesis, similar a la de muchos de los activistas que se involucraron a fondo durante los años del procés, es que Carles Puigdemont está maniobrando para controlar las organizaciones cívicas, que durante la última década supieron moverse al margen de los partidos políticos. «La ANC tiene al frente a Lluís Llach, una persona a quien el propio Puigdemont colocó, con el apoyo de Junts y con un pacto secreto con la CUP. Y en el Consejo de la República está Jordi Domingo, más de lo mismo. Ante la imposibilidad de mantener a Toni Comín tras sus escándalos económicos, Puigdemont apostó por Domingo como el relevo que lo sustituyera, ya que es un hombre de su confianza. Por su parte, en Òmnium se nota cada vez más la mano de ERC y el seguimiento de las consignas del partido de Junqueras. Se da la triste paradoja de que cuando menos apoyo electoral tienen los partidos es cuando se lanzan a controlar las organizaciones sociales», afirma.

No pasa desapercibido el alejamiento entre la ANC y Òmnium en los últimos meses. Las dos entidades continúan convocando juntas las grandes manifestaciones, pero llevan agendas totalmente separadas. «Òmnium no quiere saber nada del giro de la ANC. En Òmnium se considera que la ANC ha hecho un guiño hacia el extremismo de la ultraderecha, por mucho que ponga distancia con Aliança Catalana», dice una fuente cercana a Òmnium.

Desde las filas de la entidad que preside Xavier Antich acusan a la ANC de ser «unos aprovechados». En las manifestaciones del año pasado, quien puso los medios materiales para organizarlo todo fue Òmnium, que tiene una militancia fiel y constante. La ANC, en cambio, ha perdido la mitad de sus activistas, y los ingresos por ventas de merchandising se han desplomado. A medio plazo, puede tener graves problemas económicos.

Números rojos

Eso es lo que dicen los documentos que remenda el secretariado: este 2026 puede haber números rojos de casi 400.000 euros, cuando no hace mucho los beneficios superaban los 600.000 euros anuales. La cúpula ha diseñado un plan de recorte de personal y de gastos muy significativo: desde rebajar los servicios de limpieza hasta no cubrir las jubilaciones o resituar trabajadores asignándoles tareas de departamentos que no son los suyos para ahorrarse sueldos.

El informe de auditoría es muy claro: «La entidad se encuentra en una situación de solvencia financiera temporal, pero con una viabilidad económica comprometida. La capacidad de generar beneficios es negativa y, si no se pone remedio, la caja acabará absorbida por los gastos recurrentes, con riesgo de descapitalización futura».

Por tanto, «se recomienda iniciar de manera urgente un proceso de reestructuración estratégica y operativa que permita reducir las pérdidas de explotación y evitar la descapitalización, asegurando la disponibilidad de los recursos para afrontar los retos que nos depara el futuro».

Los números no salen. «La Assemblea presenta resultados de explotación negativos, con una tendencia al empeoramiento. Esta dinámica refleja un desequilibrio operativo estructural, que pone en cuestión la viabilidad económica de la entidad», señala la auditoría. Los resultados no pueden ser más pesimistas: en 2020 ganó 597.000 euros; en 2021 las ganancias fueron de 368.000 euros; en 2022 se redujeron a 226.000 euros; en 2023 subieron a 269.000 euros; en 2024 comenzó la debacle, con pérdidas de 57.000 euros; en 2025 los números rojos ya llegan, según los datos provisionales, a 225.000 euros; y se esperan pérdidas de 387.000 euros en 2026. En otras palabras: de beneficios acumulados de casi 600.000 euros se ha pasado a pérdidas de casi 400.000 euros.

Esto se debe a que los ingresos bajaron sustancialmente de los 3.605.000 euros en 2020 a los 1.776.000 euros en 2025. Y para 2026, la tendencia continúa a la baja. Los drásticos recortes en personal y en otros gastos no han mejorado las perspectivas: si en 2020 había una plantilla de 24 personas que cobraban 873.438 euros, en 2025 había una plantilla de 20 personas con una masa salarial de 747.000 euros. Para 2026, la previsión es subir los gastos de personal hasta los 787.700 euros.

Pero eso no es todo. «Òmnium tuvo que acudir al rescate económico de algunas de las movilizaciones del año pasado. Sin embargo, la ANC quería mandar sobre el control ideológico y de organización, a veces incluso forzando sus consignas con matices partidistas. ¡Ya basta! Si quieren propaganda, que se la paguen de sus bolsillos», claman desde la entidad cultural de Antich.

Un divorcio sin escaramuzas

De hecho, hay un divorcio entre la ANC y Òmnium, aunque no quieren escenificar ninguna ruptura en público para no desanimar aún más a la parroquia independentista. Pero solo hay que fijarse en los hechos: en las últimas campañas y convocatorias, la ANC va de la mano con el Consell de la República y Òmnium aparece en muy pocas ocasiones. Cuando se trata de territorio, son las agrupaciones locales de Òmnium (y sólo en determinadas ocasiones) las que se implican en los actos. «Desde que Llach aterrizó en la ANC, ha habido una connivencia brutal de la organización con Puigdemont y con Junts. Y también ha habido un acercamiento nada disimulado al Consejo de la República para coordinar estrategias», acusan desde algunos sectores independentistas. En el ámbito de los partidos, la situación es más clara: la irrupción de Aliança Catalana ha dinamidad el statu quo del soberanismo del procés. «El voto que se va hacia Aliança es el voto del cabreo. Es un voto de castigo a los partidos procesistas por haber engañado a la ciudadanía haciéndoles creer en algo que no se materializaría», acusan los desencumbrados.

Las tesis xenófobas y radicales de Sílvia Orriols han calado en un electorado que está harto de que le mientan. Y el perjudicado natural de este trasvase es Junts, que hasta ahora dominaba la derecha independentista, pero que, según las encuestas, perderá su monopolio.

«El auge de Orriols ha cogido desprevenidos a los partidos tradicionales. Y aquí ha habido un cambio importante y radical en el panorama político catalán: mientras que ERC ha aprovechado para marcar distancia con la extrema derecha de Aliança, Junts no ha sabido decidir qué quiere ser de grande. Y su cúpula cometió el mayor error que puede hacer un político: en lugar de marcar un perfil propio y delimitar su terreno, ha intentado copiar las consignas y los gestos del rival para evitar que le robe votos. En consecuencia, Junts juega ahora en campo contrario, porque Aliança Catalana le ha llevado a su terreno y Puigdemont no sabe cómo desempañarse de Orriols», opina un exdirigente de Junts.

En el nuevo panorama, ERC lo tiene más fácil: quiere ocupar el centro y la izquierda del independentismo. No tiene rival en este espectro, porque Junts se ha escorado demasiado hacia la derecha y le ha dejado campo libre. Y la CUP está demasiado a la izquierda para perturbar su territorio electoral. La extrema izquierda independentista se encuentra vagando por los limbos, tras fracasar la refundación que pretendía hacer, y el núcleo más duro ya plantea volver a las trincheras de 2010 y olvidarse del juego parlamentario tradicional.

En resumen, el independentismo catalán se encuentra inmerso en un proceso de resituación en el que todos los actores se miran de reojo y desconfían los unos de los otros. En este magma, el desencuentro de la población puede provocar alteraciones del mapa político que lleven a situaciones cuando menos curiosas, como el hecho de que una fuerza de extrema derecha, Aliança Catalana, iguale o supere al partido catalanista por antonomasia que ha regido Cataluña durante décadas.

*Puedes leer el artículo entero en el número 1655 de la edición en papel de EL TRIANGLE.

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