En vísperas de las elecciones a la presidencia del FC Barcelona, he recibido una demanda judicial del club en la cual se me exige que reproduzca la rectificación de una noticia publicada en nuestro diario digital Eltriangle.eu. Resulta que en la leidísima sección Clam Nou –dedicada a la actualidad del Barça– publicamos, el pasad día 2 de enero, un artículo donde explicábamos el escándalo provocado por la firma de un contrato de esponsorización entre la compañía ZKP, domiciliada en el paraíso fiscal de Samoa, y el FC Barcelona, que, de manera sorprendente, pasó la supervisión del compliance officer de la entidad, Sergi Atienza, encargado de velar por la pulcritud de las operaciones que hace el club.
Resulta que ZKP es una empresa que está especializada en la comercialización de criptomonedas, empleando un sistema que permite burlar los controles de las autoridades fiscales. De la promoción de este chanchullo se encargó el influencer de extrema derecha Andrew Tate, con cuentas pendientes con la justicia británica por numerosos y graves delitos (lesiones, proxenetismo, violación…).
La voz de alerta de este extraño y peligroso maridaje comercial entre el Barça, ZKP y Andrew Tate la dio el diario Financial Times (la biblia de la información económica) y después fue reproducida por otros medios, como La Vanguardia, Ara… y también la edición digital de EL TRIANGLE. El escándalo era tan gordo que, poco después de hacerse públicas estas informaciones, el FC Barcelona decidió rescindir unilateralmente el contrato con la empresa de Samoa.
Pero desde el club nos enviaron un burofax en el cual nos exigían la publicación de una larguísima nota de «rectificación» sobre este episodio. Lo consideré un abuso inadmisible, puesto que los hechos que explicábamos a la noticia de Clam Nou eran absolutamente ciertos y basados en la información de Financial Times, y decidí no publicarla. Ahora, el Barça nos ha llevado a los tribunales, donde, de la mano del abogado Daniel Vosseler, haremos frente a este nuevo gesto de prepotencia de Joan Laporta.
El ahora candidato a la presidencia del Barça es un gestor irresponsable y manirroto que ha llevado el histórico club a la ruina y que lo aboca, más temprano que tarde, a su desaparición como entidad deportiva propiedad de los socios. Yo no dudo de su barcelonismo, como tampoco dudé nunca del catalanismo de Jordi Pujol y les reconozco su pasión por los colores de la bandera: azulgrana uno, cuatribarrada el otro.
Salvando las distancias culturales e intelectuales, hay un paralelismo entre Joan Laporta y Jordi Pujol. Comparten el mismo estilo populista, la facilidad para interactuar y manipular las masas, el control obsesivo de los medios de comunicación, sus vínculos ocultos con el franquismo, la complicidad y el fomento de la corrupción, su predilección por los paraísos fiscales para esconder el botín y una manera caótica de gestionar el dinero ajeno que acaba siempre en catástrofe… que acabamos pagando los demás.
Esto pasó con Jordi Pujol en Banca Catalana y, después, en la Generalitat. Y esto mismo pasó durante el primer y el segundo mandato de Joan Laporta al frente del Barça: un desastre financiero. Jordi Pujol no llevaba nunca ni un duro en el bolsillo y Joan Laporta no se sabe de qué vive, a pesar de que lleva un tren de vida de star de Hollywood. No es casualidad que el perfil de sus fervorosos seguidores sea muy parecido y que el estilo campechano de relacionarse con ellos les resulte seductor.
Pero Jordi Pujol y Joan Laporta son unos personajes profundamente hipócritas y cínicos, nefastos para Cataluña y para el Barça. Las conexiones secretas de Jordi Pujol con el Opus Dei y el franquismo permitieron la fulgurante expansión de Banca Catalana… hasta que estalló. Joan Laporta adquirió notoriedad pública gracias a su matrimonio con Constanza Echevarría, la hija del dirigente franquista y empresario Juan Echevarría y, después de abandonarla, no ha tenido ningún escrúpulo para incorporar a Alejandro Echevarría, su excuñado, en el «núcleo duro» de la dirección del Barça. ¡Qué amoralidad, uno y otro!
Yo conozco a Joan Laporta desde hace más de 30 años, cuando era un joven activista de la plataforma Elefant Blau, opositora a la presidencia de Josep Lluís Núñez. En vísperas de las elecciones del 2003, le pedí un favor: que si accedía a la presidencia procediera a la retirada de las medallas de oro que el club había concedido al dictador Francisco Franco, hecho que yo consideraba un insulto a la memoria del ex-presidente azulgrana Josep Sunyol, fusilado por los fascistas en Guadarrama. Me prometió que así lo haría.
Pero, a la hora de la verdad, y una vez instalado en la presidencia del Barça, se negó. ¿Por qué? Sin duda, por la influencia de Alejandro Echevarría que, como se descubrió más tarde, era miembro de la Fundación Francisco Franco. También Carles Vilarrubí, lugarteniente de Jordi Pujol durante años, se negó a retirar las medallas de oro a Franco, cuando era vicepresidente institucional del Barça, a pesar de que se lo pedí oficialmente, junto con la Asociación de Amigos de Josep Sunyol. ¿Por qué? Finalmente, fue el presidente Josep Maria Bartumeu quien, en 2019, borró esta mancha deshonrosa de la historia del Barça.
Sinceramente, no entiendo esta fijación enfermiza de Joan Laporta contra el expresidente Josep Sunyol, miembro de ERC y exponente de la Cataluña democrática y republicana. Ahora, también ha retirado su nombre del palco presidencial del Camp Nou y lo ha hecho cambiar por el del espónsor Spotify.
Me sabe mal ser como el profeta que clama solitario en el desierto. Durante décadas, EL TRIANGLE fue la única voz que denunció la corrupción pujolista y esto me comportó numerosos problemas judiciales y personales. Después, se destapó toda pudredumbre de las comisiones y del dinero escondido en Andorra y en un enjambre de paraísos fiscales, que ahora se está juzgando en la Audiencia Nacional.
Con Joan Laporta pasa lo mismo. EL TRIANGLE es el único medio de comunicación que se dedica a destapar todas las fechorías, corrupciones y trampas que han llevado el club al actual colapso financiero irreversible. Lo siento por los socios y por los aficionados culés que viven con pasión y sentimiento los colores del Barça y que creen que el club está en buenas manos: Joan Laporta les manipula y les engaña, mientras aprovecha su privilegiada posición y la falta de control para llenarse descaradamente los bolsillos.
Hace como hacía Pujol: quien le lleva la contraria y las canta claras por el bien del club, está condenado al ostracismo y a sufrir la represión. Por decir la verdad, Joan Laporta me ha llevado a los tribunales. Allá él.
Hay una Cataluña y una parte de la masa social del Barça a la cual parece que le gusta que sus dirigentes sean unos bandidos y unos corruptos. Este relativismo ético porque «es de los nuestros» es una lacra que ensucia nuestra reputación colectiva, que nos impide avanzar como sociedad y que nos hunde en la mierda.
