A Joan Laporta, que ya aparece como investigado en cuatro querellas por estafa vinculadas a su probada participación en la gestión del Reus, ahora se le puede unir una denuncia de mucho más calado todavía, en este caso asociada al segundo mandato en el FC Barcelona que intenta agotar íntegramente con su más que probable reelección el próximo día 15 de marzo. Que le atribuyan la presunta comisión de delitos tan graves como blanqueo de capitales, fraude fiscal, administración desleal, falsedad documental y organización criminal ante la Audiencia Nacional, en todos los supuestos en el ejercicio de su cargo como presidente del FC Barcelona, no lo impedirá con toda seguridad.
Pero así es hoy el socio del Barça, laportista y, según dicen las encuestas, mayoritario y cada vez más convencido de que cualquier acusación dirigida al presidente lo que demuestra es la existencia de un contra entorno que busca erosionar su imagen y hacerlo fuera de la presidencia en el contexto de una especie de conspiración mazónica y demoníaca hacia el club.
Él mismo ya se ha encargado de calificar la demanda como un conjunto de «calumnias que serán debidamente contestadas. Es propio de esta estrategia de difamar y algo queda, en la línea de perjudicar tanto a mi candidatura como a mí personalmente. Ya sé de qué va esto. Es una estrategia judicial y mediática para perjudicar mis intereses y lo que electoralmente represento. Todo es falso. Hacen un sofrito y montan una historia que no es verdad».
Su estrategia de defensa, como en los casos de estafa agravada en plena instrucción, es siempre la misma, negar la mayor ante el juez, incluso el hecho de haber tenido relación con la sociedad vinculada al Reus, centro de la investigación, pese a que la acusación ha puesto ante sus narices la documentación que lo acredita.
Laporta es una muestra delirante y surrealista del prototipo de personaje que el populismo es capaz de producir y de su efecto enajenante en las masas barcelonistas, ya que Laporta vive y triunfa precisamente gracias al efecto catalizador sorprendente de mentir en todo, siempre a favor del relato más conveniente en cada momento, y además volver a mentir sobre ese mismo engaño. Y funciona.
Un ejemplo de hace bien poco lo ilustra. En el caso Negreira, el Real Madrid solicitó la totalidad de los informes y operaciones internas y confidenciales del FC Barcelona de los 17 años comprendidos en la querella. Laporta no se opuso, al contrario, como responsable de la defensa del FC Barcelona, que está institucionalmente encausado. Sí lo hizo, en cambio, otro investigado, el expresidente Josep Maria Bartomeu, quien finalmente presentó una alegación en solitario y consiguió que la magistrada Alejandra Gil denegara a Florentino Pérez la diligencia. Laporta sí salió entonces a celebrar «que le hayan dado al Madrid un golpe de puerta a los nazarenos», en el mismo plano de siempre, oportunista y aprovechándose de la defensa de los intereses del Barça que sí hizo Bartomeu y él no.
La conclusión es que, del mismo modo que estaba dispuesto a dejar en manos de Florentino todos los secretos e intimidades del Barça, ahora, cuando le interponen una querella por opacidad, ocultación y manipulaciones diversas en su presidencia, se excusa diciendo que «no podemos presentar a la luz pública según qué contratos. La transparencia tiene unos límites, que son la estrategia del club. Si salen documentos, pueden perjudicar la estrategia del club y también hay cláusulas de confidencialidad. En estos parámetros, podemos ser tan transparentes como quieras, pero eso forma parte de la normalidad en la vida mercantil».
El recorrido de la querella será la clave de todo, dependiendo de si la Audiencia Nacional lo admite o no.
Una década atrás, Laporta y su entorno, según ha confesado con detalle el excomisario José Manuel Villarejo, estuvieron detrás de la querella de un socio, Jordi Cases, acusando a Sandro Rosell y Bartomeu de fichar a Neymar, devolviendo de esta manera al Madrid el golpe bajo de Di Stéfano, así como en 2020 también la oposición laportista a Bartomeu consiguió elevar a presunto delito penal el envío de media docena de pifias en el caso Barçagate.
Son referencias que denotan el superpoder de Laporta en asuntos de tribunales, ámbito en el que las causas que le favorecen abren las telenovelas, mientras que apenas se habla en la prensa cuando le son contrarias como sus presuntas estafas a particulares, delictivas y estimadas en varios millones, por el hecho de que se han convertido en un tabú mediático de disciplinado y riguroso recado, omisión y deliberado arrinconamiento. Le pasa a la inversa de la criminalización pública y exagerada de la gestión de los presidentes como Josep Lluís Núñez, Rosell y Bartomeu, que sí han sufrido la oposición de Laporta y de su poderoso entorno político, económico, judicial, policial y mediático. Los tres han acabado con los huesos en la cárcel o pasando por el calabozo.
Si alguien tiene la capacidad de aplacar y reducir a nada una querella por maldiciones que, en apariencia, han sido tan visibles, descaradas, sospechosas y pudientes como las comisiones en Darren Dein o la palanca fantasma de Barça Vision, este es, sin duda, Laporta.
No parece que la débil réplica opositora a la actual junta, Víctor Font al frente, con ese séquito igual o incluso más prudente y temeroso que conforman Marc Ciria y Xavier Ribagorçanaa, haya alimentado el rebote de esta querella. Si lo han hecho no se atreven a dar la cara y, en todo caso, según algunas fuentes, como los responsables son conscientes de que no impactará en el escrutinio electoral inmediato, su pretensión es que, con el tiempo y la ayuda de la eficiencia procesal –también presunta– de la Audiencia Nacional, a Laporta se le puedan demostrar los delitos presentados en la querella, que son de una extrema gravedad.
En caso de que prospere la acusación y de una futura sentencia condenatoria es cierto que el Barça podría ahorrarse una acción de responsabilidad a partir de 2031 por las pérdidas del final de mandato, que deben darse por hechas, corregidas y aumentadas, si sale reelegido.
¿De qué se le acusa?
Según la querella, las operaciones investigadas habrían supuesto un perjuicio potencial para el club y beneficiado a los gestores implicados, mediante el uso de sociedades pantalla y ocultación de la identidad de los inversores. El primer delito concreto que se apunta es el de blanqueo de capitales, basado en la sospecha de lavado de dinero a través de sociedades interpuestas. Se señala la posible existencia de fondos obtenidos de forma opaca e introducidos en el circuito legal, recurriendo a paraísos fiscales y testaferros, lo que denota una sofisticada voluntad de ocultación. Además, se advierte que la falta de justificación comercial y la identidad oculta de los aportes reales podrían implicar sanciones administrativas para entidades financieras.
La denuncia también apunta delitos de administración desleal y societarios, al indicar que Laporta habría dispuesto fraudulentamente de bienes del club, comprometiendo activos futuros y vendiendo participaciones a entidades opacas, lo que dañó el patrimonio de la entidad. Asimismo, se señala la posible falsedad documental si se demuestra la ocultación de información relevante en las cuentas anuales y la incorrecta clasificación de ingresos.
El fraude a Hacienda se plantea por la presunta falta de tributación de comisiones y el posible lucro encubierto de Laporta, vinculado a facturas por servicios no prestados. Finalmente, se menciona el delito de organización criminal por la presunta actuación coordinada y estable de varias personas y sociedades. Será el juez instructor quien determine la existencia de estas infracciones penales.
En definitiva, se trata de esclarecer la relación de Laporta con Darren Dein y las misteriosas sociedades chipriotas (Vestigia y Hellgas) relacionadas con la venta de Barça Studios o con la más moderna y misteriosa New Era Visionary. Ningún escándalo que no sea de dominio público y de entusiasta aceptación por miles y miles de socios del FC Barcelona. De hecho, sólo un socio firma la querella. Sea un valiente, un bobo o un héroe, es cierto que en el universo laportista la verdad siempre va a contracorriente.

