Hace poco nos dejó una gran persona. El pasado 17 de enero murió en Seattle, Washington, James Petras, un intelectual de izquierdas, académico y activista que hasta sus últimos días desafió el poder, el imperialismo y la desigualdad.
Hijo de padres griegos, de familia humilde, nació en 1937 en Lynn, Massachusetts. Estudió en Boston y en Berkeley donde obtuvo su Doctorado. En 1972 entró como Profesor de Sociología en la Universidad de Binghamton donde dio clases hasta que se jubiló. Escribió una veintena de libros, traducidos a 29 idiomas y publicó centenares de artículos.
Pero lo mejor de su obra es la defensa continua de la justicia social en América Latina, Europa y Oriente medio. Huyó del dinero y del prestigio y defendió siempre las luchas de los trabajadores/as y de los movimientos sociales. Gran amigo del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil (MST), de los luchadores contra las dictaduras latinoamericana, sobre todo en Chile, interactuó con Evo Morales, Lula, Fidel Castro, Salvador Allende, Andreas Papandreou o Hugo Chávez. Entre 1973 y 1976, fue miembro del Tribunal Bertrand Russell sobre la Represión en América Latina.
Viajero incansable, siempre lo encontrabas junto a los movimientos en lucha, donde era convocado y donde agradecían sus palabras y análisis sobre el neoliberalismo y sus consecuencias para las clases populares, lo que le valió ser uno de los intelectuales más incómodos para el poder político y económico en su país, en América Latina y también en nuestro país.
Estaba convencido de que la práctica académica debía estar ligada a las luchas por la justicia y por eso fue muy influyente tanto en su docencia como en sus intervenciones publicas. Muy pronto advirtió del papel de las ONGs subvencionadas por las potencias occidentales y de los peligros del imperialismo, tanto europeo como norteamericano.
Sus escritos han dejado una huella a nivel internacional. En nuestro país se le recuerda sobre todo por el Informe Petras: dos generaciones de trabajadores españoles (1995). Un estudio que realizó por encargo del CSIC sobre los impactos de las políticas laborales en tiempos de democracia. Por eso pasó seis meses en Barcelona donde interactuó con jóvenes trabajadores y trabajadoras, sindicalistas y partidos de izquierdas. El resultado del estudio no dejaba en buen lugar las políticas laborales implementadas por el PSOE durante los gobiernos de Felipe González. La conclusión fue que la generación de trabajadores del felipismo afrontó unas condiciones laborales peores que las de sus padres, no pudiendo alcanzar su nivel de seguridad e ingresos. El informe fue ocultado por el PSOE y rescatado y publicado un año más tarde por la revista cultural Ajoblanco.
Las personas que lo conocimos recordaremos siempre su sencillez y su incansable denuncia de las desigualdades del capitalismo global y de la violencia del poder. El silencio en torno a su muerte dice mucho sobre el lugar reservado para las voces disidentes en la vida pública contemporánea.
Siempre lo recordaremos.
