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El Delta de l’Ebre, en estado crítico por las tormentas

El mar ha engullido la barra del Trabucador.

El fantasma de la gran tormenta Gloria, que provocó gravísimos estragos en el Delta de l’Ebre en enero de 2020, ha vuelto a hacer acto de presencia este invierno. La sucesión de tormentas y golpes de viento que afectan a Cataluña desde el pasado mes de diciembre ha tenido un impacto durísimo en la integridad de este delicado ecosistema, que está reconocido como reserva de la biosfera por la Unesco.

La tormenta Harry, que castigó al Delta de l’Ebre los días 20 y 21 de enero, se cargó la barra del Trabucador, que protege la bahía de los Alfacs. El embate ha sido de consideración: las ondas han invadido una buena parte de la barrera, que ha quedado sumergida un metro bajo el agua.

La empresa salinera Infosa, que hay en la zona de La Banya, ha quedado aislada, y los trabajadores tienen que llegar en barco. El paso de camiones para poder trasladar la sal está cortado.

Pero si Harry ha dejado su huella de destrucción en el Delta de l’Ebre, la tormenta Oriana, que ha provocado grandes ráfagas este fin de semana pasado, también será recordada por la gente de las comarcas meridionales de Catalunya.

En el Delta de l’Ebre, la ventada ha provocado una nueva entrada de agua salada hasta un kilómetro tierra adentro en la zona de la bahía de El Fangar y a más longitud todavía, a poco más de 2,5 kilómetros desde la línea de costa, en la zona sur del Canal Vell por la rotura de la laguna.

Según los primeros cálculos de la Comunitat de Regants de l’Esquerra de l’Ebre, unas 400 hectáreas próximas al Fangar están afectadas. Las pérdidas superan el millón de euros, con consecuencias superiores al temporal Gloria, motivo por el que la entidad pedirá la declaración de zona catastrófica.

El presidente de la Comunitat de Regants, Javier Casanova, ha explicado que ha habido «cinco o seis roturas» que han provocado la entrada de agua salada en los arrozales. Su principal objetivo ahora es detener este trasvase de agua marina y pedir a la Generalitat que declare la zona como catastrófica.

En este sentido, el alcalde de Deltebre, Lluís Soler, ha reiterado que «esta situación de inundación, sin precedentes, no es solo consecuencia de un temporal puntual, sino también el resultado de la negligencia de muchos años de inacción y de falta de actuaciones estructurales para proteger el Delta. La muestra más evidente es que el tramo donde existe el camino de circunvalación de la bahía no ha sufrido esta situación, y hace años que éste debería haberse prolongado por protección».

Soler ha sido contundente cuando ha afirmado que «la historia juzgará a aquellos que, ante la evidencia científica, las experiencias internacionales y la realidad que vivimos sobre el terreno, han decidido mirar hacia otro lado y hacer de la inacción una decisión de abandono». Según el alcalde, cada nuevo temporal pone de manifiesto la fragilidad del Delta y la necesidad de actuar con urgencia.

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