Un presidente valiente

Bluesky

Elon Musk, considerado el hombre más rico del planeta, ha montado en cólera contra el presidente del Gobierno español, el socialista Pedro Sánchez. La confrontación entre uno y otro es un paradigma del mundo en el cual vivimos y nos interpela en la necesidad de tomar partido en la causa suprema del destino de la humanidad. Uno quiere huir a Marte, el otro tiene los pies en el suelo.

La decisión de Pedro Sánchez de regularizar a 500.000 de los inmigrantes indocumentados que viven en España es diametralmente opuesta a la política de expulsiones masivas que ha puesto en práctica Donald Trump en los Estados Unidos, a través de los esbirros del ICE. Y esto ha sacado de quicio a Elon Musk y a toda la tropa de fanáticos seguidores de sus teorías supremacistas que tiene en España.

Además, Pedro Sánchez ha alertado del peligro que tienen las redes sociales en la formación de los niños y ha propuesto que se prohíba su uso a los menores de 16 años. Es una medida preventiva que ya se ha adoptado en Australia y que otros países europeos, como Portugal y Francia, también valoran implementar.

Los amos de estas plataformas –como Elon Musk, propietario de X– aseguran que esto es un «ataque a la libertad de expresión». Pero está demostrado que, con un uso perverso de los algoritmos, las redes sociales son unos instrumentos de manipulación masiva de la población y, además, las han convertido en adictivas. Esto es altamente nocivo para nuestros niños y hay que parar los pies a estos tecnofascistas.

El compromiso de Pedro Sánchez con el derecho del pueblo palestino a su supervivencia y a poder tener un Estado propio con fronteras seguras también le enfrenta al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y al poderoso lobby sionista internacional, que lo han puesto en la diana. El Mossad, a buen seguro, ya tiene al presidente español en la lista de sus prioridades para hacerlo desestabilizar y caer.

En esta operación participa, activamente, el presidente norteamericano Donald Trump, síntesis y brazo ejecutor de los intereses hegemónicos globales que impulsan, conjuntamente, el sionismo y el tecnofascismo. En este sentido, Pedro Sánchez tiene un problema: ha concitado la animadversión de enemigos poderosísimos, que no tienen -como se ha demostrado con sus implicaciones con el caso Epstein- ningún principio moral, quedisponen de una nutrida tropa de quintacolumnistas -políticos y periodistas- en España y en la Unión Europea y que usarán todos los medios a su alcance, que son muchos, para precipitar el fin del presidente socialista.

Pedro Sánchez también se opone a la peligrosa escalada belicista que se ha apoderado del planeta y que tiene, como consecuencia, el drenaje de miles de millones de los presupuestos de todos los países en artefactos militares, cada vez más caros y destructivos, en detrimento de las prioridades sociales de la población: salud, educación, vivienda, pensiones, infraestructuras… Enterrar el dinero en armamento y, peor todavía, en bombas atómicas -como propone el presidente francés Emmanuel Macron– es un derroche de recursos públicos que ofende a la dignidad y a la decencia humana.

De los 195 países que hay en el Mundo, solo hay tres que mantienen una actitud agresiva, con uso de la fuerza militar y de la amenaza bélica, hacia los otros: Estados Unidos, Rusia e Israel. El presidente Pedro Sánchez, a pesar de que España forma parte de la OTAN -herencia de Felipe González-, defiende la vigencia y el prestigio de las Naciones Unidas como gran punto de encuentro para resolver los conflictos por la vía pacífica.

De los líderes mundiales, Pedro Sánchez forma parte del pequeño grupo -junto con Lula da Silva, Claudia Sheinbaum, Mark Carney o Anthony Albanese– que representa una alternativa sensata y progresista a los desvaríos militares expansionistas que encarnan Donald Trump, Vladímir Putin y Benjamin Netanyahu. Por eso, el presidente español es tan reconocido y admirado por la gente sencilla, fuera de nuestras fronteras.

Pedro Sánchez, que además es presidente de la Internacional Socialista, estorba al «trío de la muerte» y a los milmillonarios tecnofascistas que incentivan y se aprovechan del negocio de la guerra, intoxicando las sociedades con el veneno del odio para promover la división y la confrontación en beneficio de sus intereses autoritarios. Es el único referente europeo que las canta claras y no se arruga.

No nos equivoquemos. Y que no se equivoquen Sumar, Podemos, ERC, Bildu, Junts, PNV, BNG… Pedro Sánchez es el último dique de contención contra la embestida de la extrema derecha de Vox, activada y alimentada desde la Casa Blanca, para imponer la agenda del «nuevo orden mundial» de Donald Trump, que en Argentina y en Venezuela ya han empezado a sufrir. El calvario parlamentario que los supuestos aliados le hacen pasar, con PP-Vox a la esquina, es una irresponsabilidad histórica que pagaremos muy caro.

En España estamos viviendo un golpe de Estado a cámara lenta, con un guión preciso y pautado, escrito desde Washington y Tel Aviv y azuzado por las bajas pasiones de las fake news y del odio. Los partidos que apoyaron la investidura de Pedro Sánchez tendrían que ser conscientes de la gravedad del momento, ser coherentes con la decisión que tomaron en 2023 y, de entrada, negociar y aprobar los presupuestos. Esto va de democracia o de tecnofascismo, de humanismo o de barbarie, de paz social o de guerracivilismo.

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