Era previsible que la acumulación de despropósitos e improvisación acabara generando otro de aquellos envoltorios tan habituales del laportismo. La posibilidad de que la Grada de Animación pudiera resucitar en un partido tan importante y trascendental como la vuelta de las semifinales de Copa contra el Atlético de Madrid en el Spotify Camp Nou empieza a desvanecerse, si hacemos caso a las noticias de los medios bien informados y cercanos tanto a la directiva azulgrana como a las instancias municipales.
Los obstáculos aparecidos son dos, básicamente. El primero y principal, que tanto el Gol Nord como el espacio reservado al Gol Sur para la Grada de Animación no recibirán a tiempo la licencia de primera ocupación para este partido del 3 de marzo, horizonte que ya provocó un mensaje agrio de Joan Laporta antes de dimitir, recordándole al alcalde Jaume Collboni que le habían prometido poder ampliar el aforo a finales de enero.
El segundo es tan sencillo y a la vez tan complicado como definir qué modelo de Grada de Animación quiere Laporta y quién lo ocupará cuando la licencia lo permita. Este es un asunto que admite apuestas y que se ha terminado de descontrolar ahora mismo debido al cruce de intereses electoralistas y de la estridente derrota del jueves pasado en el Metropolitano (4-0).
La predisposición de Laporta a considerar la readmisión de Almogàvers, Nostra Ensenya, Front 532 y Supporters Barça, sin duda forzada por la amplia empatía acreditada de miles de socios hacia ellos y la inminente apertura de las urnas, habría desembocado en el final feliz perfecto de esta reconciliación si se pudiera dar la oportunidad de su regreso y estreno en el Spotify Camp Nou para la vuelta de las semifinales de la Copa.
Por el contrario, si finalmente esta coincidencia no fuera posible y se produce una eliminación del Barça, que es un escenario que no es descartable sin una remontada épica, no faltará quien recuerde al presidente del Barça que, por culpa de su soberbia, caciquismo y miedo a que los socios puedan expresar libre y legítimamente sus opiniones, el equipo de Hansi Flick cayó en casa sin ese apoyo clave de su afición, del sector que hace años que lidera el ambiente en el estadio, juegue donde juegue el Barça.
Deseo de volver
Mientras algunos de los grupos ya han expresado su deseo de volver en este partido que ya se visualiza como una noche histórica, es decir, dejando el balón a punto para que la directiva remate, desde el alto mando laportista lo que se transmite es un pesimismo sobre la licencia de primera ocupación, especialmente con respecto a este sector, en principio denominado Gol 1957, habilitado para 1.247 plazas, la más pequeña de los estadios de LaLiga, paradójicamente en el estadio de mayor aforo. En un partido de Champions, por ejemplo, la zona reservada al equipo visitante triplicará en número a la afición azulgrana.
Como la directiva ni tampoco Limak habían hecho los deberes, aparcando expresamente la puesta en marcha a copia de dilatar la fijación de su propio criterio, dudando si imponer un límite de edad y buscando la manera de evitar que los anteriores socios de la Grada de Animación pudieran colarse en la nueva, a Laporta le ha vuelto a coger el toro.
La delirante sucesión de acontecimientos comenzó, por parte de la presidencia, con la amenaza de cerrar la de Montjuïc, finalmente cumplida, si los cuatro grupos que la integraban no pagaban una supuesta multa por gritos y proclamas sancionables.
En realidad, Laporta los quería echar fuera, y así lo confirmó después la vicepresidenta Elena Fort, porque criticaron a la directiva en un momento dado y prefería sustituir la Grada de Animación por un espacio dócil, controlado, menor y, por encima de todo, sin la independencia de la que siempre habían disfrutado Almogàvers, Nostra Ensenya, Front 532 y Supporters Barça con las juntas anteriores.
En rigor, Laporta habría prescindido de la Grada de Animación para siempre si no fuera porque LaLiga obliga a los clubes a organizar y controlar un foco que promueva el ambiente y dé color a la grada. De ahí su reducción a la mínima expresión en el Gol Sur, que ya se prevé como otro error grave estratégico de gestión de Laporta.
Recientemente, como ha trascendido, ante la convocatoria de un acto de reivindicación de la Grada de Animación en torno a un manifiesto firmado por más de 10.000 barcelonistas, de los que más de la mitad socios y votantes, a Laporta le entró el pánico y envió a un negociador a firmar la pipa de la paz deprisa y corrientes.
Los grupos rechazaron sentarse a hablar, lógicamente, con Elena Fort, que es la cara visible del proyecto Gol 1957 y flagelo de la Grada de Animación que hace dos años que los criminaliza y les ha insultado ante la opinión pública.
Almogàvers, Nostra Ensenya, Front 532 y Supporters Barça han pasado de golpe a tener ventaja en la negociación y quieren aprovechar la brecha abierta por la coyuntura electoral para asegurar su retorno futuro en forma de acuerdo firmado y sellado con garantías de obligado cumplimiento.
Algunas fuentes sostienen que una parte acepta al nuevo interlocutor, Alejandro Echevarría, el cuñado franquista de Laporta, y otra recela, ambas por el mismo motivo, porque no ostenta ningún cargo, aunque admitió que manda cien veces más que Elena Fort.
Por encima de esta complejidad, los obstáculos técnicos y logísticos que han surgido ahora que se necesita la grada con urgencia, por el hecho de que la directiva le interesaba dejar para el último la Grada de Animación, parecen insalvables de cara al partido del día 3 de marzo.
Hará falta un milagro y que Laporta entregue un cheque en blanco a los grupos para que la grada vuelva a tiempo de dar al equipo lo que más necesita ese día.
Difícil, pero no del todo imposible si no fuera porque también Limak y la negligente administración laportista tienen que hacer el resto, poner a punto la infraestructura específica de la instalación —está todo por hacer— y generar nuevos procesos de filiación y selección igualmente pendientes.
Todo hace pensar que al final Laporta le dará la culpa al Ayuntamiento, como siempre.









