Laporta vuelve a burlarse de los socios con la promesa de un nuevo Palau en 2030

Tras las sucesivas fechas anunciadas por Josep Cubells, la directiva maniobra electoralmente filtrando a la prensa nuevas imágenes de un futuro pabellón cuya financiación ya se sabe que ni se prevé ni será posible.

Joan Laporta - Foto: FC Barcelona

La reacción indignada de los tres precandidatos, Víctor Font, Xavier Ribagorçanaa y Marc Ciria, a las filtraciones de la directiva de Joan Laporta sobre las fechas, características y costes del Nou Palau Blaugrana parece justificada.

La forma y el fondo de esta repentina pasión y urgencia hacia un proyecto por el que hasta ahora habían demostrado una desidia irritante son, innegablemente, un insulto a la inteligencia de los socios del FC Barcelona, a los que, de manera sistemática, en cuanto a la construcción del Palau, se les ha esquilmado, ocultado y engañado desde el referéndum de 2021 sobre el Espai Barça.

En teoría, Laporta pidió autorización a los socios para endeudarse hasta 1.500 millones de euros para financiar la totalidad de los elementos arquitectónicos, estructurales, equipamientos, servicios y urbanización del Espai Barça, es decir, la reforma del Spotify Camp Nou, la construcción de un nuevo Palau, un Palauet auxiliar, una nueva Pista de Hielo, un hotel, Museo, oficinas y las actuaciones necesarias para la remodelación y acabados, urbanísticos y viarios, de la integración de las instalaciones y de su entorno en el barrio de Les Corts, además de la construcción del estadio Johan Cruyff tras la demolición del Miniestadi.

En la práctica, sin embargo, la previsión, tal y como consta en el Fondo de Titulización suscrito con Goldman Sachs en 2022, los 1.450 millones concedidos llegarán, con suerte, para la reforma del Camp Nou. La tomadura de pelo del entonces vicepresidente económico Eduard Romeu, sobre que el coste del Palau, afirmando que sí estaba incluido en el apartado de contingencias del presupuesto presentado con motivo de la firma del superpréstamo, ya forma parte de la galería de los horrores de las mentiras históricas del laportismo.

Quedó claro, porque el mismo contrato (Fondo de Titulización) recoge que, como mucho en la fase final de las obras del Camp Nou, se podría plantear un estudio posterior de financiación del Palau —en ningún caso previsto en la inversión de los 1.450 millones aprobados—, al igual que para el resto del Espai Barça, tampoco previsto ni contabilizado.

La directiva, patéticamente, ha ido mintiendo a los socios durante años sin la menor vergüenza, sobre todo por boca del directivo Josep Cubells, responsable del baloncesto, la sección estrella del Palau, quien tiempo atrás prometió que la primera piedra quedaría puesta en septiembre de 2025 y sería inaugurado a finales de 2027.

Suena de broma que ahora, de repente, la directiva haya hecho un movimiento oportunista y electoralista convocando a la prensa en un off the record para entregar un dossier y fotos sobre cómo será el nuevo Palacio, así como detalles de sus características y un plan de obra con un diseño actualizado y la promesa de su aprobación interna antes del verano de 2026 para iniciar las obras en 2027 (primera piedra) y una estimación. de finalización prevista para 2030 o quizás un poco más.

Retraso de dos años

En cualquier caso, un arranque con más de dos años de retraso sobre la última promesa de Cubells y unas expectativas que nadie se cree porque, además, nadie y explicó a los medios de comunicación cómo podría afrontar el FC Barcelona un coste nunca inferior a los 400 millones de euros que, con los intereses especiales de la obra, en un momento en que, a partir de 2032, empieza la devolución del préstamo del principal del Spotify, parece completamente inalcanzable.

A diferencia del nuevo estadio, que es capaz de generar importantes ingresos de explotación con el fútbol, el Palau no resiste un plan de negocio parecido por el hecho de que su uso múltiple para el baloncesto, el balonmano, el fútbol sala y el hockey patines impide, o cuando menos limita, la posibilidad de alquilar la instalación o de celebrar eventos de otro tipo susceptibles de engordar la tesorería.

La inequívoca finalidad era dar a conocer atractivos gráficos e imágenes del futuro pabellón en determinados medios, exclusivamente para regenerar la falsa sensación —puntual y propagandística— que a Laporta sí le preocupa el futuro de las secciones y que el nuevo Palacio es su prioridad en el siguiente mandato.

Lo parece evidente después de años de exhibir y presumir, por parte de la junta, de un menfotismo y de una indiferencia insultantes hacia esa inmensa minoría que siempre ha demostrado ser el poblado barcelonista del Palau.

Sin embargo, es probable que aquellos que no forman parte de ella, los miles de socios que nunca han pisado el Palau, se crean esta nueva fantasmada de Laporta.

De hecho, esta maniobra electoralista, una nueva trampa mediática, pretende que sean estos los que se lo crean, se empapan el anzuelo y también voten a Laporta pensando que el buen presidente, en su infinita generosidad, no se olvida de nadie, ni siquiera de sus siempre enfadados y aislados callejeros del Palau.

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