A Laporta se le cae el patrocinio de Dubai el primer día de campaña electoral

El acuerdo millonario para levantar una ciudad del Barça en los Emiratos se detiene de golpe debido a los típicos siervos que Darren Dein sí ha sido capaz de solucionar anteriormente en las negociaciones con Spotify y Nike

Joan Laporta y Florentino Pérez
Joan Laporta y Florentino Pérez.

La figura de Joan Laporta, tanto en su vertiente electoralista como en el presidencialista —si es que existe esta diversidad—, resulta igualmente previsible a la hora de afirmar que el cien por cien de sus promesas y de su discurso es falso, vicioso, oportunista y mentiroso.

Lo cual no supone, en ningún caso, que la prensa, el infinito reino digital laportista y la mitad de los socios que votan se crean sistemáticamente todas sus mentiras.

En las últimas horas, por ejemplo, el acuerdo millonario y tan ruidosamente anunciado con un patrocinador de los Emiratos Árabes Unidos para el dorso de la camiseta ha caído sin que este amplio entorno mediático lo haya recogido, ni tratado como lo que es: otro de esos trucos sucios para mantener entre el barcelonismo la sensación de que el Barça es una máquina indestructible de generar ingresos.

Lo es, ciertamente, porque su grandeza sí está todavía por encima de personajes tan negligentes como Laporta, pero también se ha convertido bajo su presidencia en un club que sigue gastando prácticamente el triple de lo que factura, dejando un rastro pudiente de operaciones que subterráneamente envenenan los cimientos del club, que lo empobrecen y lo condenan a una precariedad de otro medio siglo, como ya pasó después de la construcción del Camp Nou en 1957.

La cuestión concreta del patrocinador de los Emiratos consistía en la cesión de la marca Barça para bautizar y personalizar un complejo residencial en Dubai promovido por Aspin Holdings. «El pacto, aprobado internamente por el club, genera unos 10 millones de euros anuales y aún espera ratificación en Asamblea de Compromisarios», publicaron los medios habituales elegidos por este tipo de exclusivas que provocaron, como era de esperar, un amplio efecto propagador entre el resto de la prensa, agencias nacionales e internacionales incluidas.

Ratificación en asamblea

Parecía un patrocinio algo menos degradante y pudiente que el del Congo (ropa de entrenamiento) que, por aparecer en la camiseta de juego, requería su ratificación en una asamblea extraordinaria antes del 30 de junio para poder sumar a las débiles cuentas azulgrana los diez millones anuales del trato, parte de los cuales ya se habían cobrado según se ha publicado. Como siempre, sin que Laporta ni nadie, tampoco la web oficial del Barça, haya hecho ninguna alusión.

Ahora que el negocio parece que ha caído, dicen que por culpa de algunos de esos siervos que sin la participación de Darren Dein no se acaban de solucionar. Los medios no lo explicarán, dejando para el recuerdo y la memoria más bien escasa de los socios que Laporta ha vuelto a conseguir otra inyección millonaria de ingresos con la que «ha salvado el Barça».

Darren Dein, en cambio, había desbloqueado, con su buena y generosamente remunerada habilidad para negociar, los obstáculos, los siervos, de los contratos con Spotify y Nike.

Nada que no cambia la dinámica habitual de la maquinaria propagandística del laportismo a copia de acaparar portadas, titulares y contenidos con anuncios, propuestas y noticias que repican sonoramente en todos los campanarios mediáticos con un demostrado y eficiente poder de hipnotizar y anestesiar a las masas. Eso sí, sin que la verdad y la realidad jueguen un papel destacado, más bien residual y despreciable.

Desvinculación de la Superliga

Algo parecido al efecto del breve comunicado, en la previa del pistoletazo de salida electoral, referido a la Superliga en la que el FC Barcelona informaba haber «notificado formalmente a la EUROPEAN SUPER LEAGUE COMPANY y a los Clubes que han formado parte de ella su desvinculación del proyecto de la Superliga europea».

El caso es que la European Super League Company SL es hoy una sociedad que aparece como inactiva en el registro mercantil, sin cuentas anuales depositadas recientes ni actividad significativa.

Es decir, que Laporta escenifica salir de un organismo muerto hace un puñado de días, en el que realmente no constaba su filiación y donde ya no quedaba nadie allí dentro, de manera que difícilmente su aviso de salida haya tenido ningún efecto ni trascendencia.

En cambio, el Barça sigue manteniendo un compromiso de pago y mantenimiento de A22 Sports Management, promotora actual de la Superliga, que mantiene litigios contra UEFA y FIFA por abuso de posición dominante, resueltos parcialmente a su favor en 2024, aunque el proyecto original ha mutado.

No queda aclarada cuál es su verdadera relación con A22 Sports Management. Laporta lleva gastados cinco millones de euros en mantenerla viva, a medias con el Real Madrid, y firmó en su momento una aportación de 50 millones para la constitución del fondo-préstamo de más de 3.000 millones con los que se tenía que arrancar la Superliga. Laporta ha mostrado su adhesión a este proyecto desde 2021, pese al abandono del resto de clubes promotores excepto Madrid y Barça.

No ha sido hasta hace unos meses, tras la multa de la UEFA y el peso mediático del caso Negreira que ha radicalizado Florentino Pérez, cuando Laporta ha dado un giro, hasta ahora solo de palabra, con su visita a la ECA y la promesa de volver a la pleta de la UEFA que le mantiene una amenaza de sanción de 45 millones de euros por su sistemático desacato a las normas del fair play.

Por esta vía, haciéndole el balón a Alexander Ceferin y a LaLiga de Javier Tebas, busca retrasar, burlar y esconder el verdadero estado de trastorno financiero y económico del Barça.

Una versión sostiene que salir de la Superliga ahora y no hace meses implica una penalización millonaria que finalmente se llevaría el Madrid vía A22, mientras que otros, de fuentes laportistas, descartan que este paso al lado tenga que causar ningún impacto económico. En cualquier caso, el comunicado sobre el abandono de la European Super League Company SL es un brindis al sol, puro postureo con la finalidad útil y electoralista de aparentar que Laporta deja solo al Madrid en esta burbuja de la Superliga por más que, formalmente y hasta el sábado pasado el Barça ha apoyado con todas sus consecuencias.

Todas las cartas

Sí hay que reconocer que la desvinculación era un acto necesario y coherente. También es necesaria la crítica y el malestar hacia Laporta por haber seguido cinco años bailando al son del presidente del Real Madrid.

Eso sí, dando por hecho que, realmente, Laporta se ha alejado completamente de Florentino Pérez, ya que de momento sigue sin volver a la European Football Clubs bajo el mando de Nasser Al-Khelaifi, el presidente del PSG y símbolo de aquella alianza de los clubes-estado a la que el pesidente del Barça no se cansa de acusar y de señalar como el ‘enemigo’ contra «el que luchamos».

Dro es el último caso demostrativo de esta superioridad financiera del PSG al presidente y dueño del que Laporta abraza tanto efusivamente como los caleños de Qatar.

Laporta, queda claro, juega todas las cartas posibles, aunque sean contradictorias, en función y conveniencia de su relato y no de los intereses del Barça, sobre todo para que la prensa, haga lo que haga, le aplaude incondicionalmente.

Si se leen los comentarios de los popes de la prensa que ahora aplauden su ‘bomba’ por el patrocinio de Dubai y por traicionar a Florentino Pérez resulta que son los mismos que antes lo encumbraban por su intolerancia al dinero de los países árabes —alergia de la que se ha curado rápidamente en este segundo mandato— y su estratégica, acertada y triunfadora alianza con el presidente del Real Madrid en apoyo de la Superliga que debía dejar caer una lluvia de millones sobre el Camp Nou y en contra de LaLiga, de la UEFA y de la ECA.

Todo previsible.

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