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La candidatura Periscopio de Marc Ciria, lastrada por Marc Duch

Marc Ciria - Foto: 3Cat

La vida azulgrana y sus personajes dan vueltas inexplicables, algunos de manera histriónica y desconcertantemente sospechosa como es el caso de Marc Duch, que fue portavoz y galvanizador del voto de censura contra Josep Maria Bartomeu en 2020.

Duch jugó, explícitamente, el papel de comisionado de las fuerzas soberanistas del momento, bendecido por la plaza de Sant Jaume y en nombre y representación de la sólida y no menos organizada alianza tejida entre el poder político independentista electo, tanto dominante como entremés y controlador, junto con el apoyo de la ANC i de Òmnium, entidades sociales que pusieron al servicio de la causa, es decir, la de derrocar a Bartomeu y dejar el camino expedido a Víctor Font o Joan Laporta, su censo, arraigo social y la urgente determinación de instaurar un republicanismo que a la hora de la verdad resultó ser más fachada que otra cosa.

Era un «ahora o nunca» que, en la dimensión azulgrana, clamaba venganza por la negativa de Bartomeu a negarse a que el FC Barcelona liderara la revuelta del 1-O a favor de la independencia.

Más allá de que si el Barça se hubiera negado a jugar ese día contra Las Palmas, al día siguiente LaLiga, la RFEF y la UEFA habrían sancionado con el máximo rigor al club y los mejores futbolistas del mundo se habrían ido para siempre, Marc Duch fue el elegido para dirigir aquella maniobra fanatizada del voto de censura que derramaba venganza, odio y resentimiento.

El propio Gobierno de la Generalitat le asestó a Bartomeu el golpe definitivo obligando a celebrar la votación abierta y al Camp Nou en un domingo (1 de noviembre) en el que, expresamente y a causa de la Covid, la propia Generalitat había prohibido los desplazamientos entre municipios y los encuentros sociales de cualquier tipo, incluidos las familiares.

Portavoz al voto de censura a Bartomeu

Duch, aunque no fue el firmante del voto pues quien lo hizo fue el personaje infame e impresentable de Jordi Farrés, fue quien llevó la voz cantante con un discurso muy agresivo contra Bartomeu. Habló de «desgobierno» y afirmó que «el Barça es hoy el Corral de la Pacheca, no manda nadie y quien manda no sabe mandar. Bartomeu es el peor presidente de la historia. El cúmulo de errores de esta junta es brutal y descomunal. Hace cinco años que no aciertan ni una. Este voto es la guinda gigante, enorme, dramática de un ciclo terrorífico para el Barça. El hecho más grave de la etapa Bartomeu ha sido la condena por delito fiscal en el caso Neymar».

Duch repitió reiteradamente que el Barça se convirtió en la primera gran entidad deportiva condenada por delito fiscal en España y que la directiva trasladó la responsabilidad al club mediante un pacto con la Fiscalía.

En esos mismos términos dirigía mensajes directos al socio y pedía «no dudar» a la hora de firmar, recordando que no era «una simple firma», sino un paso para evitar «hipotecar al club» y poner límite a una dinámica que calificaba de muy perjudicial para el Barça.

El resultado fue de más de 20.000 firmas presentadas contra la continuidad de Bartomeu y una promesa pública: «Yo no estaré en ninguna candidatura». De manera mentira, Duch se incorporó en seguida a las filas de Víctor Font como futuro vicepresidente social sin que su figura aportara ningún plus de votos, del mismo modo que Jordi Farrés no fue capaz ni de reunir los avales de su familia para intentar ser candidato. ¿De dónde salieron los 20.000 avales del voto de censura? Es fácilmente deducible. En ningún caso de la tirada ni del carisma de Jordi Farrés o Marc Duch.

En las últimas semanas, Víctor Font se ha deshecho de este lastre en el que se ha convertido Marc Duch y lo ha endosado a Marc Ciria, que ya demostró su escasa pericia y capacidad de convocatoria fracasando estrepitosamente en la tentativa de reunir firmas para presentar una propuesta social a la última asamblea.

Ciria también se ha dejado la voz a lo largo del mandato en defensa de la figura de Laporta, a quien repetidamente ha descrito como el único capaz de sacar al Barça del pozo. Después se ha posicionado, aunque sin acritud, en el polo opuesto y, ahora que ya se ha demostrado que desde el punto de vista económico, patrimonial y financiero el Barça está mucho peor que en 2021, prefiere mirar hacia otro lado.

Él mismo y Marc Duch suscriben una candidatura, Movimiento 42, que, aseguran, «no busca culpables en el pasado, sino que mira hacia adelante para activar soluciones reales. No venimos a quejarnos, sino a proponer. No venimos a criticar, sino a dar respuesta. En el Movimiento 42 venimos a sumar para transformar. Siempre con honestidad, transparencia y responsabilidad». Increíble giro hacia un relato de sumisión y admiración laportistas.

Por méritos propios, Movimiento 42 ya es conocida como la candidatura Periscopio, finalmente encabezada por un Marc Ciria que ya se sabe derrotado, que confiesa erróneamente en que Marc Duch arrastre a unas masas que en realidad nunca atrajo él en el voto de censura y que sólo aspira a hacer que, llegado el momento, pueda garrapatear en algún proyecto con posibilidades.

Y si gana el continuismo, como ya les pasó a ambos después del 7 de marzo de 2021, Laporta los dejará igualmente tirados en la acera. No los necesita para nada ni a ellos ni a su submarino bautizado como Movimiento 42, símbolo de proyección, sin embargo, del inmovilismo y de la tolerancia de las atrocidades del laportismo.

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