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¿Por qué Laporta no quiere presidir la próxima asamblea extraordinaria?

Joan Laporta - Foto: FC Barcelona

Joan Laporta parece haber llegado a un punto de control y seguridad sobre el entorno barcelonista que hasta sorprende el riesgo que supone, llegado el momento, que sea Rafael Yuste, que será el presidente a partir del lunes próximo, quien convoque una asamblea extraordinaria antes del 30 de junio. La exclusiva finalidad de la asamblea es aprobar los patrocinios de Spotify y de la ciudad del Barça en Emiratos Árabes, país de fortuna para Laporta donde tuvo la suerte de encontrar quien le comprara el 70% de los asientos VIP hace poco más de un año.

Gesta que no le ha permitido, sin embargo, ni inscribir legalmente a Dani Olmo, recuperar el 1:1 para fichar, ni evitar un segundo curso consecutivo de pérdidas, exceso que los estatutos pre-Laporta, cuando el Barça era un club democrático, penalizaban con el cese automático de la junta.

Ya poco importan las leyes ni la normativa, el Barça de Laporta vive desde hace años al margen del ordenamiento jurídico. El gesto de permitir, generosamente, que Yuste presida y dirija una asamblea en solitario forma parte de este estatus de intocabilidad, impunidad e inmunidad que espera reforzar y ampliar tras el resultado de las urnas el próximo día 15 de marzo.

Cabe preguntarse, ante esta sospechosa posibilidad, si no hay gato encerrado detrás de lo que, en apariencia, parece un paso atrás, o a un lado, en el ejercicio del cargo de presidente del FC Barcelona. Y, sobre todo, una cesión de ese protagonismo y autoridad que, en el fondo, a Laporta le alimenta aún más que sus célebres comilonas en el Botafumeiro.

Y, previamente, falta saber la verdadera razón por la que no aprovechó la asamblea de octubre para someter a ese trámite la ampliación del acuerdo con Spotify -ya anunciado entonces- y por qué no ha convocado antes que las elecciones una asamblea extraordinaria para arropar aún más su rol de favorito.

La explicación de evitarla ahora encaja perfectamente con la voluntad inequívoca de Laporta y de su junta de no dar detalles ni información de ambos acuerdos, ahora que ya ha conseguido normalizar que los socios deben aprobar a ciegas y como un acto de fe este tipo contratos, como el de Nike que iba a devolver al Barça a la regla 1:1 hace dos años.

O todo es broma o todo es otra media mentira, ya que, de hecho, aunque sí se anunció la ampliación con Spotify -sin cifras concretas- a pocos días de la asamblea de octubre, en realidad el contrato entra en vigor a partir de este 2026. Siempre la indefinición y el misterio. Sobre el negocio de los Emiratos Árabes (se habla de Dubai como la nueva capital del Barça en Oriente Medio), directamente el FC Barcelona todavía no lo ha hecho oficial ni lo ha incorporado a su canal de comunicados ni a una asamblea aprobatoria. Solo los medios, coordinadamente, han avanzado que «el Barça ha llegado a un acuerdo millonario con inversores de Emiratos Árabes Unidos para ceder su marca a un complejo residencial de lujo en Dubái, una especie de mini‑ciudadBarça con viviendas y zonas comunitarias tematizadas. Se habla de ingresos anuales superiores a 10–12 millones de pagos por adelantado ya cobrados por el club. El paquete incluiría visibilidad en la parte trasera de la camiseta a partir de julio de 2026″.

Esta cuestión, más allá de que con toda seguridad LaLiga y el auditor requieren el precepto asambleario para registrar ese ingreso -si existe-, sí que podría explicar esta evasiva de Laporta a dar la cara para justificar delante de los socios que, después de cargarse a Unicef y a Acnur -además de a Messi-, se ha echado de nuevo en brazos del dinero árabe que él tanto había criticado en el pasado.

Eso y que, en algún momento, cuando se amplíe el aforo del Spotify, no habrá otro remedio que dejar fuera a miles de socios para apagar la sed de Goldman Sachs y atraer a turistas y visitantes que pagan y consumen más que los socios. Ese marrón, para Rafael Yuste, igualmente imputado por estafa, como Laporta.

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