Los últimos datos del producto interior bruto (PIB) de China muestran una economía que se mantiene firme en un mundo convulso, y que ha conseguido en 2025 un crecimiento más resiliente del que muchos esperaban. Pero, a medida que China entra en el primer año de su XV Plan Quinquenal (2026-2030), su trayectoria económica está definida menos por la tasa de crecimiento global y más por un movimiento hacia una estabilidad y un equilibrio subyacentes más grandes.
Los responsables de las políticas económicas están afinando su enfoque, priorizando la expansión de la demanda interna, la inversión estratégica en capital humano y el fomento de la innovación con el fin de construir una estabilidad intrínseca para un desarrollo sostenido. La política económica de China es cada vez más calibrada, favoreciendo un apoyo focalizado que pueda sustentar la resiliencia a largo plazo, en lugar de medidas de estímulo generalizadas que podrían alimentar desequilibrios financieros o sectoriales.
“Evaluar el 2026 requiere una visión a medio y largo plazo del cambio estructural”, señala Wang Han, miembro de la compañía Industrial Securities. “El objetivo es mejorar la calidad económica, no solo perseguir una tasa de crecimiento”, añade Wang.
En el frente fiscal, el viceministro de Hacienda, Liao Min, ha afirmado que el gasto fiscal se expandirá todavía más este año. El funcionario ha enfatizado que se ha tomado plenamente en cuenta la sostenibilidad a medio y largo plazo de las finanzas públicas, con un enfoque de fortalecer el desarrollo futuro. Los esfuerzos se dirigirán a canalizar más recursos para impulsar el consumo, invertir en capital humano y fortalecer la protección del bienestar básico de la población.
La expansión de la demanda interna ha sido resaltada como una tarea principal para el 2026, según la Conferencia Central de Trabajo Económico celebrada en diciembre. Se espera que el consumo, particularmente en servicios, ejerza un papel más importante en la economía. Los analistas resaltan sectores como el cuidado de la gente mayor, la tecnología verde y el turismo cultural como áreas clave de expansión potencial.
El banco norteamericano Goldman Sachs señala que el crecimiento a largo plazo del país dependerá más de la productividad total de los factores, porque se espera que tecnologías como la inteligencia artificial impulsen el crecimiento. Moody’s también pronostica que la tecnología impulsará a industrias que van desde la fabricación avanzada hasta los electrodomésticos inteligentes, impulsando la eficiencia y apoyando los ingresos.
Invertir en las personas
En la evolución de la formulación de políticas de China resulta particularmente notable una idea sencilla pero poderosa: “Invertir en las personas”. Este enfoque trata el capital humano no meramente como una consideración social, sino como un factor fundamental para un crecimiento sostenible e impulsado por la innovación.
El énfasis en “combinar la inversión en activos físicos y en capital humano”, como se reitera en documentos clave de política como las recomendaciones para la formulación del XV Plan Quinquenal, refleja la comprensión que la competitividad a largo plazo requiere nutrir el talento junto con la construcción de infraestructura.
“‘Invertir en las personas’ resulta crucial para abordar desafíos sistémicos amplios”, explica Zhang Jun, de la compañía China Galaxy Securities. Esta idea representa, en su opinión, una estrategia para mejorar simultáneamente el bienestar público y el dinamismo económico. Este principio está empezando a orientar políticas específicas. La consultora Deloitte señala en un informe de análisis que se ha identificado el aumento de los ingresos familiares como la palanca más efectiva para impulsar el consumo, un cambio respecto a enfoques anteriores diseñados para subsidiar compras.
Zhou Chen, funcionario de la CNDR, apunta que las autoridades están formulando planes para estabilizar y expandir el empleo, al mismo tiempo que se mejora la calidad del trabajo, así como una iniciativa para aumentar los ingresos de los residentes urbanos y rurales.
Después de señalar que “la inversión sirve tanto de demanda inmediata como de oferta futura”, Zhou indica que el país trabajará para mejorar los retornos de la inversión, lo cual también puede traducirse directamente en ingresos más altos para los trabajadores.
El perfil demográfico de la nación también se está reinterpretando como un activo. Con el mayor aumento de la incorporación anual de graduados en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas a nivel mundial, este gran reservorio de talento se ve cada vez más como la fuerza impulsora detrás del crecimiento de alta calidad y guiado por la innovación. “La ventaja de China es que está evolucionando de un ‘dividendo demográfico’ a un ‘dividendo de talento’”, asegura Su Jian, director del Centro de Investigación Económica de la Universidad de Pekín.
A medida que China navega por las complejidades del 2026, su enfoque en la estabilidad intrínseca a través del reequilibrio puede ser la característica definitoria de la próxima fase de desarrollo del país, y una respuesta mesurada a los complejos desafíos que se acercan.












