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Infelices fiestas

Rosa Cañadell

Professora jubilada, llicenciada en Psicologia i activista per l'educació pública.
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Ya se acabaron las Fiestas de Navidad. Ya felicitamos amigos, conocidos y familiares por un Mejor Año Nuevo. Ya comimos, bebimos y compramos por encima nuestras posibilidades y los que estamos, todavía, en una posición razonablemente bienestante,  intentamos olvidar por unos días lo que pasa en el mundo, para el que los deseos de FELICES FIESTAS se pudieran cumplir.

Susana Alonso

Pero, cada año es más difícil intentar ser feliz con el bombardeo de malas y terribles noticias que nos envían. Y me alegro de que sea así, pues, como mínimo, quiere decir que no hemos perdido la capacidad de indignación ante tanta barbarie.

En el fondo de nuestros pensamientos estaba siempre PALESTINA, con sus niños y niñas sin casa, sin comida, sin luz, con lluvia y frío, con padres muertos, con brazos o piernas cortadas, sin escuela ni hospital… y después de un terrible genocidio a la vista de todo el mundo, sin que nadie hiciera nada. Era, además, el preludio de lo que ha ido pasando después: cuando se pueden hacer las barbaridades que hizo Israel, con la ayuda impagable de EEUU y no pasa nada, eso abre la puerta a repetirlo las veces que haga falta y donde decidan los que se creen los amos del mundo. En UCRANIA continuaba la guerra, con miles de jóvenes de un bando y del otro muriendo gratuitamente en una guerra que parece que nadie quiera acabar, y que desde Europa continuamos alimentando. En ÁFRICA, continúan los enfrentamientos de las grandes potencias y multinacionales para apoderarse de sus riquezas, mientras sus niños y niñas trabajan en las minas en condiciones inhumanas. Trump está matando a pescadores en el mar Caribe acusados de narcotraficantes sin ningún tipo de prueba, y amenaza con atacar Venezuela (ahora ya lo ha hecho) para «recuperar la democracia» (¡¡del Petróleo ahora se le llama democracia!!)… Y así una larga lista que no se acaba.

Pero no se trataba sólo de lo que pasaba en el mundo, es que aquí, junto a nosotros, expulsaban a 400 personas que vivían en una nave en BADALONA y las dejaban, literalmente hablando, TIRADAS EN LA CALLE. También nos llegaba el aumento de personas sin techo en Barcelona: Según la Fundación ARRELS unas 2.000 personas duermen en la calle en Barcelona, un 43% más que en 2023. Nos decían que más de un millón de catalanes/as caían en la extrema pobreza después de pagar el alquiler de su vivienda y nos avisaban de cómo aumentaban las desigualdades entre ciudades y dentro de las ciudades, y cómo todo ello afectaba a la educación de los más jóvenes, a la salud y a la esperanza de vida. Sabíamos que la ola ultra avanzaba en toda Europa y que la Unión Europea decidía seguir dedicando dinero a re-armarse en lugar de que los países pudieran dedicarlos a salud, educación y vivienda. Y así otra larga lista…

Todo eso nos llegaba mientras comíamos turrones y brindábamos con cava. Pero ya se han acabado las FELICES FIESTAS navideñas, y aunque algunas lucecitas se han quedado en las calles, la realidad, pura, dura y terrible la tenemos aquí.

¿¿¿Y qué haremos??? ¿Seguiremos haciendo ver que no pasa nada, que siempre ha habido guerras, desigualdad, injusticias y dictadores fascistas? ¿O entraremos en la angustia y la tristeza ante la impotencia que sentimos?

Pues no. Esta no es la salida, ni para nosotros, pero sobre todo para nuestros hijos e hijas, nietos y nietas, que se merecen que les dejemos un mundo mínimamente habitable y no el horror de mundo que se está construyendo. Es necesario que abramos los ojos y empecemos a trabajar para revertir esta carrera hacia el precipicio.

Y, de hecho, ya vemos cómo se está empezando. En EEUU están saliendo a la calle en miles de ciudades ante las barbaridades de Trump, tanto en su casa como en casas ajenas. También en Europa y en nuestro país empiezan a proliferar protestas contra el ataque en Venezuela, sin olvidar nunca Palestina. También se han movilizado voluntarios y organizaciones para apoyar a las personas que el Sr. Albiol, dueño de Badalona, dejó bajo el puente. Pero hacen falta más. Hace falta información veraz de lo que está pasando y porque pasa, hace falta información sobre los verdaderos motivos de EEUU para atacar a Venezuela, Irán o ayudar a Israel en su genocidio de palestinos, que no es más que el afán de apropiación de riquezas ajenas.

Hay que presionar a nuestros gobernantes, municipales, autonómicos y centrales para que dejen de seguir el camino del armamento, la desigualdad y la privatización de los servicios fundamentales y hagan políticas sociales que aseguren una vida digna para todas las personas. Hay que denunciar y luchar para parar las agresiones imperialistas, estén donde estén, y salvaguardar la soberanía de los estados y el cumplimiento de los derechos humanos.

Hay que concienciar, organizar y movilizar. La historia nos ha enseñado que la fuerza de la gente es el único camino para cambiar el afán depredador y la cobardía de aquellos que más tienen y más quieren. Tenemos mucho trabajo que hacer este «¡¡Feliz Año Nuevo!!».

¡¡Y que la suerte y nuestro empeño nos acompañen!!

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