Al pésimo negocio con Nike hay que restarle 4 millones en ropa fantasma

Es el coste, igual de sospechoso que la comisión de 50 millones a favor de Darren Dein, de fabricar un volumen desmesurado de uniformes sin el logotipo de Nike en una más que cuestionable decisión de Laporta, siendo consciente de que nunca podrían ser usados ni regalados.

Votación del contrato con Nike en la Asamblea del Barça (FC Barcelona)

Anunciada y fijada la fecha del inicio de las elecciones, han empezado a aparecer noticias sobre la gestión de Joan Laporta que podrían formar parte del catálogo habitual del juego sucio, básicamente orientadas a concentrar, en este periodo hasta el 15 de marzo próximo, informes y hallazgos periodísticos de sesgo crítico y con una lectura que, pretendidamente, busca restar votos a la candidatura continuista.

Una de estas informaciones, que ya se había comentado en su momento, hace referencia a que, en plena negociación contractural con Nike, la directiva de Laporta encargó uniformes para los equipos profesionales sin el logotipo de Nike. Había que prepararse para una ruptura con el proveedor y el escenario de emergencia era recurrir a ropa neutra, propia, sin el patrocinado.

Curiosamente, el diario El País, que hace años que no da ni un solo paso adelante en el terreno de la polémica en torno a Laporta, es decir, sin hacerle ni un agarre, todo lo contrario de su agresivo posicionamiento contra Joan Rosell y Josep Maria Bartomeu, ha revelado ahora detalles tan alarmantes como que la ocurrencia costó a la tesorería azulgrana 4 millones en ropa deportiva . que, desde entonces, hace ya tres años, permanece almacenada en algún lugar de Cataluña con todos los números para que el paso del tiempo la degrade y se vuelva aún más inútil.

El club ni la puede utilizar ni tampoco regalar porque se trata de un material completamente ilegal, ya que usa exactamente los colores y la estética oficiales del FC Barcelona, aunque sin el logotipo de Nike, que paga 1.700 millones de euros para que ni una sola camiseta azulgrana, ni ninguna pieza del Barça, circule sin su marca en todo el mundo desde 2024 hasta 2038.

La noticia, sin embargo, dentro de un cierto tono cáustico por la desviación innecesaria de 4 millones en el contexto de la crítica situación de la tesorería laportista y por la precipitada y superficial decisión de fabricar equipaciones propias con tal volumen y coste, acaba convirtiéndose en un relato que, de alguna manera, la justifica por la previsión de poder continuar la actividad deportiva en una supuesta interrupción del suministro y por la carta estratégica de presionar a Nike en negociación.

Aquella larrga y dura negociación que aún debe revelar misterios tan inextricables como la comisión galáctica para Darren Dein y la verdadera razón de este encargo, además de las razones intuidas de la posterior dimisión de Juli Guiu como vicepresidente de marketing en su última y patética actuación como tapadera de las manganesas del presidente.

La verdad es que de esta película hay que poner en cuarentena el guión mediático de principio a fin e incluso la existencia de la misma ropa, conociendo la proverbial inclinación de Laporta al cuento y a la mentira.

Marca propia

La razón principal radica en que, en el momento que desde la directiva se filtra a los medios la posibilidad de promover una marca propia, noticia envuelta en el fervor del revés judicial causado al Barça por una demanda de Nike de medidas cautelares, Laporta ya es plenamente consciente de que no puede negociar, ni siquiera en secreto, con otro proveedor porque así lo establece el contrato y que, de todas formas, también recoge el contrato que en un supuesto escenario de ruptura, por cualquier motivo, ésta no sería efectiva por razones de producción hasta de aquí a dos temporadas.

Es decir, que si Laporta hubiera dispuesto de suficiente dinero para pagar la inagotable penalización de una rescisión contractual, igualmente Nike todavía sería el proveedor técnico de la camiseta dos años más, otro blindaje de la marca añadido a que los tribunales dieron a Laporta una paliza en toda regla cuando, frívolamente, se puso a jugar con Nike a finales de 2023.

Si existen estos uniformes, más allá del rastro de una factura y de un pago a no se sabe qué fabricante que también habría cometido delito para producirlos sin licencia ni permiso, ya empieza a ser una de esas leyendas negras del laportismo.

Nuevo contrato

El desenlace fue el de la firma de un nuevo contrato aprobado en asamblea urgente y casi clandestina el 21 de diciembre de 2024 para validar un estado de sumisión y de dependencia de Nike hasta 2038, es decir, para los catorce años siguientes en unas condiciones que, por confidencialidad, no han sido hechas públicas específicamente.

Laporta aseguró que gracias a la mejora del contrato y al Signing Bonus de 120 o 140 millones según algunas fuentes, el éxito de la negociación daba para una recompensa de 50 millones a un amigo suyo, Darren Dein, por los valiosos servicios prestados, por encubrir y compensar el deterioro de Barça Visión, para recuperar la regla 1:1 y para poder inscribir a Dani Olmo y así evitar la necesidad de ventas traumáticas.

Como ninguna de estas perspectivas se han cumplido, sólo el pago de los 50 millones que, mintiendo a la asamblea, Laporta dijo que se afrontaba en colaboración con Nike, hay que poner en duda que el acuerdo haya sido el mejor de la historia del fútbol.

No lo es. Esa misma temporada, la 2024-25, se cerró con más de 100 millones de pérdidas, de los que cuatro millones se dedicaron a la compra de ropa fantasma que, si fuera cierta, tampoco es posible verificar ni aprovechar ni donar. La difusión de nuevos datos, lejos de aclarar las sospechas, parece confirmar la opacidad y la orden injustificada de fabricar miles de piezas azulgrana inútilmente. Al mal negocio con Nike hay que restar cuatro millones de menos.

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