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Goldman Sachs también desmiente que tuviera peso en la elección de Limak

El nou Spotify Camp Nou (FC Barcelona)

Costará erradicar del entorno azulgrana la sensación, consolidada y demostrable, de que la elección de la constructora Limak para las obras de la reforma del Estadio Spotify Camp Nou fue muy personal, polémica y directamente inspirada en la figura totalitaria del presidente, Joan Laporta.

El proceso de licitación, controvertido, ha dejado para la historia dos flecos sospechosos como que se cambiaron las bases para que, específicamente, Limak pudiera pasar el primer corte y, segundo, que fruto de una revelación periodística reciente, el mismo informe de los técnicos del club la descalificó por su insolvencia general para asumir el proyecto.

Como el desarrollo de la construcción ha dejado un rastro de ñandúes, retrasos y deficiencias graves en las obras, así como escándalos por esclavismo laboral y, anecdóticamente, la brecha de seguridad por la que Messi marcó a Laporta el gol del año y candidato al premio Puskas, no han faltado maniobras evasivas, incluso por parte de la propia directiva, para quitarse de encima la responsabilidad directa de la elección.

Así, en una entrevista publicada por ElPeriódico en octubre de 2025, Ferran Oliveras manifestó sobre la paternidad de Limak que «la tomó el club con Goldman, pero quien tomó la decisión, al final, fue Goldman». Una manera de salir del paso, excusarse y desmarcarse después de que la SER destapase que, antes de la junta decisiva donde Limak fue la elegida, su puntuación técnica era la peor respecto a UTEs españolas como Ferrovial-Acciona o FCC-Vinci.

El notorio efecto de esta entrevista, que sigue siendo citada en varios artículos y redes sociales para ilustrar el peso que Goldman Sachs mantiene en la gobernanza y en decisiones estratégicas vinculadas al Espai Barça, ha sido desmentido ahora por Jorge Alcover, director general de banca global y mercados de Goldman Sachs por la península Ibérica, en una entrevista exclusiva concedida la semana pasada al programa Tot Costa de Catalunya Ràdio, en la que abordó cuestiones relacionadas con el Espai Barça e hizo menciones directas a Limak.

Durante la conversación, Alcover negó que Goldman Sachs ostente capacidad deciseria operativa sobre el FC Barcelona, citando como ejemplo a la selección de Limak: «Una elección escogida exclusivamente por el Barça».

Asimismo, Alcover trasladó un mensaje de confianza en relación al modelo de propiedad, asegurando que «es imposible que Goldman Sachs acabe gestionando el Barça», aunque existan garantías contractuales como la retención de ingresos futuros del Camp Nou (lonjas VIP, museo) en caso de incumplimiento, pero sin que el estadio se considere un activo colateral. Finalmente, Alcover subrayó el alto grado de satisfacción de los inversores ante unos ingresos del club superiores a las expectativas y destacó la relevancia del regreso al Camp Nou en noviembre como elemento clave.

Garantías

Formalmente, sin embargo, este prudente y amable análisis es un intento de no excitar un contexto de cierta inquietud por los retrasos de Limak y el calendario de pago de la mitad anual de los intereses a Goldman Sachs (44,5 millones de euros) después de que haya trascendido que, como garantía, los inversores habían activado la opción de congelar los ingresos de explotación hasta comprobar que, efectivamente, se van cumpliendo las ratios previstos en el Fondo de Titulización del Espai Barça capitaneado por Goldman Sachs.

Goldman Sachs, como es prudente, no quiere aparecer como una espada de Dámocles sobre la economía del Barça —aunque lo acabe siendo en la práctica— debido a su rol tan especial como principal acreedor del FC Barcelona, liderando el crédito de 1.450 millones de euros destinado al proyecto Espai Barça, además de cubrir también otra línea de financiación adicional de aproximadamente 500 millones aprobada en 2021, situando la exposición total con la entidad en torno a 1.950 millones de euros. Calculando los intereses acordados actuales, el endeudamiento supera los 4.000 millones.

Además de prestador, Goldman Sachs también actúa como asesor financiero, facilitando la captación de nuevos inversores y participando en la estructuración de refinanciaciones parciales del proyecto, lo que refuerza su posición de influencia en las decisiones económicas del club y una presencia y control inevitables a la hora de supervisar rigurosamente procesos y operaciones como la licitación de las obras del Camp Nou, evaluando cláusulas contractuales, condiciones técnicas, solvencia financiera y capacidad operativa de las empresas participantes, incluyendo calificaciones de riesgo y consideraciones de la Dirección Facultativa.

Atribuciones que no condicionaron en ningún momento la elección del club, de Laporta, en este caso prefiriendo la constructora Limak sobre las demás, pero que sí se reflejaron en el cobro de una prima de riesgo a fondo perdido y en el evidente endurecimiento de las tarifas financieras, intereses y covenants iniciales y, más tarde, en la refinanciación del primer tramo. Goldman Sachs reaccionó con un refuerzo de las garantías al apreciar un riesgo más elevado en la fiabilidad de Limak a la hora de cumplir los plazos previstos.

Esta es la razón por la que Goldman Sachs se ha visto obligada a puntualizar que, en ningún momento, eligió Limak, ya que esta era una facultad de la directiva. Y, sin duda, los inversores y la propia financiera, Goldman Sachs, pueden respirar tranquilos porque de una manera u otra ya impusieron en su momento unas cláusulas, entre ellas la intervención parcial de la tesorería del FC Barcelona sobre el uso y distribución de los ingresos procedentes de la explotación del Spotify Camp Nou, que garantizan la devolución del préstamo.

Si el tesorero Ferran Oliveras decidió mentir al respecto a los socios en octubre pasado fue porque, de cara a la asamblea, donde Laporta tuneó el balance otra vez con trampas, necesitaba diluir el efecto de saber que el propio Barça, sus expertos, habían descalificado a Limak antes del sorprendente giro que hizo el concurso para la adjudicación de las obras.

De nuevo, otra maniobra laportista para ocultar la realidad en la que, de alguna manera, Goldman Sachs también ha colaborado esperando tres meses a desmentir el engaño del tesorero, enviado por Laporta a dar la cara y engalipar a los socios a través de la prensa. Goldman Sachs, tienen que saberlo los socios del Barça, tampoco es de fiar del todo.

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