El anuncio de la convocatoria de las elecciones en el Barça ya ha provocado, como se esperaba, una tormenta de informaciones sobre lo que vulgarmente se denominan trapos sucios en torno a la figura y actuación de Joan Laporta, que es sobre quien pivota absolutamente la enorme movida y trascendencia social de la apertura de las urnas en el poderoso club azulgrana. En el caso de Laporta, aunque la prensa laportista ya dedica las primeras reacciones a reprochar y denunciar este juego sucio, la cuestión es si del balance de la gestión -dejando a un lado el siempre aleatorio, desconcertante y e interpretable balance de los títulos, sobre todo el de su paternidad- a Laporta le queda algún trapo limpio de su lamentable y sistemático destrozo del club en el resto de la gestión.
En apenas 48 horas, por ejemplo, han aparecido nuevos documentos que apuntan, ya sin dudas ni especulaciones, a que Laporta participó directa y personalmente en ese presunto negocio chino del Reus, antes de desaparecer, que ha desencadenado una tormenta judicial con cuatro querellas en curso contra el presidente del Barça por estafa agravada. Por un lado, desde el cuartel general del caso Reus-LaportaGate, de la mano de Andreu Rauet, el periodista que ha llegado y desentramado la maquiavélica y perversa sombras sobre la verdadera liquidación del Reus, ha trascendido que el juez ya tiene en su poder un contrato del firmado por Joan Laporta en representación de CSSB Limited, la sociedad pantalla del presunto fraude.
Por otra parte, se han publicado documentos de la empresa hongkonesa CSSB Limited, actualmente bajo investigación judicial, que también vinculan directamente a Joan Laporta, aunque Laporta siga negando, como hizo ante el juez, su relación y participación en la gestión de las sociedades. Su firma, según El Confidencial, aparece en acuerdos y distribución de acciones junto a otros socios como son Rafa Yuste, Joan Oliver y Xavier Sala-i-Martín. La supuesta estafa involucra inversiones en proyectos deportivos, presentados por Core Store SL y CSSB Limited, que no devolvieron el dinero aportado. Laporta utilizó la dirección de su bufete para domiciliar la matriz española, generando confianza en los afectados.
Y como remate, el extenista Albert Ramos ha salido públicamente a acusar a Joan Laporta de haber participado en esta presunta estafa en la que, según él, desapareció dinero que Laporta y sus socios controlaban. En una entrevista concedida a El Periódico, explica que le convencieron para prestar 100.000 dólares a CSSB Limited usando la imagen y el nombre de Laporta, Yuste, Sala-i-Martín y Oliver como garantía de seriedad del negocio. Sostiene que Laporta y esos socios eran conscientes de que «han desaparecido mucho dinero que controlaban ellos», que se han escondido para no dar la cara, y afirma que todo fue un ardid para reunir dinero de inversores y destinarlo a proyectos como el club chino o el Reus sin tener en cuenta el perjuicio a quienes prestaron el capital. En conjunto, pruebas que deniegan la versión pública de Laporta, quien sostiene que solo actuó como testigo y nunca fue representante de CSSB Limited.
El horizonte electoral
No se descartan nuevas revelaciones ni la difusión de nuevas informaciones que, desde luego, alientan en la medida de lo posible desde las sedes electorales de Víctor Font, de Marc Ciria y de Xavier Vilajoana, conscientes de que el desgaste público de Laporta en este frente judicial concreto puede beneficiar sus intereses y restarle votos.
O no, este es el debate. O, más bien, la conclusión de los primeros sondeos e interacciones con los potenciales electores azulgrana, entre los que se ha detectado que el voto a Laporta está decidido, fanatizado y que además es capaz de movilizar a miles de socios. Que lo van a votar, aseguran, porque reconocen su excelencia en la gestión, su experiencia y, también destacan la personalidad requerida en la figura de un presidente del Barça.
En pocas palabras, les da igual que pueda haber hundido al Reus, arruinado por dos veces al Barça, imputado por estafar a no pocos inversores y por haber reducido el papel de sus socios y propietarios estricta y residualmente a que le voten. La sensación es que, al contrario, cuando más se sabe de sus fechorías y desmanes, personales y públicos, más se refuerza esa imagen suya indestructible y de absoluta confianza en su capacidad para la presidencia. Todo un fenómeno que sólo está en manos de los socios del FC Barcelona, aparentemente tan radicalizados a favor de Laporta en su mayoría, confirmarlo o desmentirlo el 15 de marzo.

