El escandaloso episodio del patrocinio acordado entre el Barça de Joan Laporta y Zero-Knowledge Proof (ZKP), que es una empresa establecida en Samoa, un paraíso fiscal señalado por los órganos reguladores de la administración financiera europea y, además, relacionada con la inteligencia artificial como marca global y vínculo con el club, en principio hasta 2028, sigue generando literatura de fondo que alerta sobre los verdaderos motivos, oscuros e inexplicables, tanto de su voluntad inicial de caminar juntos.
No obstante, Barça y ZKP rompieron el contrato un mes y medio después de hacerlo público. Ahora ha trascendido que la causa real, versión fidedigna de la administración laportista, fue el impago de ZKP en los plazos acordados y en ningún caso la mala imagen y el deterioro corporativo de firmar con una sociedad que da cobertura y alas a delincuentes conocidos, como Andrew Tate, y tolera prácticas libertinas, irregulares y tóxicas en el mundo cripto, más que susceptibles de embrutecer institucional e internacionalmente al Barça.
El caso es que desde la propia directiva azulgrana se han ofrecido versiones diferentes y desconcertantes, ninguna de ellas oficial, sobre el curioso y precipitado divorcio. Mientras que ZKP también ha acabado desmarcándose de la causa principal del controvertido patrocinio, la figura asociada de Andrew Tate, un exluchador de kickboxing investigado en el Reino Unido por delitos de violación, tráfico de personas, agresión y control de la prostitución.
Precisamente, fue el Barça quien, pocos días después del anuncio con la sospechosa sociedad de Samoa, tuvo que aclarar que la iniciativa del dudoso personaje Andrew Tate de lanzar un token bajo la aparente cobertura y garantía del FC Barcelona no formaba parte del marco de colaboración con ZKP, circunstancia detonante de los siguientes pasos de Laporta en la dirección contraria, es decir, hacia una rápida y aparentemente indolora revocación del contrato, que según La Vanguardia finalizó el 30 de diciembre pasado.
El relato de dos medios tan fiables como son el Financial Times y La Vanguardia sostuvo que el acuerdo y su posterior crisis se enmarcaban sobre todo en clave de desesperación financiera del club, remarcado el elevado endeudamiento del Barça y la búsqueda urgente de ingresos, atribuyendo la ruptura a la polémica y a los riesgos reputacionales y para los aficionados.
Empresa registrada en Samoa
Se subrayó el perfil de ZKP como startup poco conocida, registrada en Samoa y con poco historial, vaguedad sobre sus socios y su estructura y vinculada a una oferta de tokens que podría exponer a los aficionados a riesgos financieros, lo que configura una narrativa de mala elección de socio más que de incumplimiento económico del patrocinador.
«La rápida reacción del departamento jurídico permitió resolver la situación tras descubrir que el principal rostro visible de la empresa, Andrew Tate, es un exluchador británico con numerosos cargos judiciales graves como violación, tráfico de personas y control de la prostitución en el Reino Unido. El club asumió el acuerdo como un error interno, solucionado con celeridad» , tal y como publicó La Vanguardia.
En estos términos, o parecidos, el resto de la prensa catalana destacó el mérito del hábil regate del área legal del club y de la no menos asombrosa y necesaria marcha atrás de la junta.
En cambio, en un burofax del FC Barcelona enviado a este medio en el que exige una rectificación por haber ofrecido una versión similar y ajustada al resto de medios, el club niega que la resolución tenga relación con una «denuncia» o revelación del Financial Times, afirmando que «los motivos de la misma no tienen nada que ver con la existencia de una supuesta denuncia en ningún medio de comunicación» desmarcándose, así, de la versión mediática que presenta el FT como detonante. Y precisa el mismo documento que el incumplimiento de ZKP se produjo a pesar del requerimiento previo efectuado por el FC Barcelona.
El burofax, además, defiende por encima de cualquier otro argumento e interpretación que la actuación del Compliance Officer del club resultó, como en el caso del convenio con New Era Visionary Group, impecable, satisfactoria y sujeta a los principios de su función y naturaleza, conforme a los procedimientos, con análisis reputacional previo y apoyo de terceros expertos.
New Era Visionary Group
En el caso de New Era Visionary Group, la directiva destaca que » el FC Barcelona quiere manifestar que su Compliance Officer no puede ser acusado de dejadez en la revisión de la vinculación entre New Era y el FC Barcelona, que siguió los procedimientos de diligencia debida establecidos por el Compliance del FC Barcelona y que, como es conocido, con New Era existen dos operaciones públicas que no son otras que la colaboración en el lanzamiento de Barça Mobile y la adquisición de asientos VIP. Finalmente, hay que reiterar que el reconocimiento de New Era como líder mundial en conectividad e integración de infraestructuras digitales proviene de una comunicación pública de Orange».
Resulta, sin embargo, que el FC Barcelona nunca hizo pública esta información a los socios. Al contrario, pues va considerar reservada y confidencial la venta del 70% de la explotación de los asientos VIP a esta empresa que, como fue difundido por los medios y tampoco desmentido desde el club, nació con un capital infinitamente ridículo en relación con los compromisos de pago adquiridos de 70 millones, tan evidentes y sospechosos como su propia (in)actividad e inexperiencia en ambos ámbitos, la gestión de zonas VIP de grandes espectáculos y las telecomunicaciones. Además, la presentación de «New Era como líder mundial en conectividad e integración de infraestructuras digitales» la realizó el FC Barcelona en su web al dar a conocer la concesión de la cobertura de internet por el Espai Barça.
Bastante motivos para colegir que, en ambos casos, ZKP y New Era, los intereses y las urgencias por la necesidad presidencial y estructural de ingresos provocaron que los controles del Compliance Officer, como en el desgarrador escenario de impagos y atrocidades financieras de la operación de Barça Studios, no pudieran realizarse con suficiente antelación y seguridad.
Sin garantías de cobro
De hecho, que el patrocinio de ZKP fuera anunciado e incorporado al panel comercial oficial del FC Barcelona sin las garantías de cobro, o más aún, sin haber formalizado los ingresos pertinentes dando pie legal a la causa de incumplimiento sin penalización en apenas mes y medio no es precisamente una razón para aplaudir el trabajo del Compliance Officer.
Por el contrario, invita a calificar su actuación más próxima a la dejadez, por el daño causado a la imagen del FC Barcelona, y a presumir que este conjunto de contrariedades tampoco justifican el reciente otorgamiento por parte de AENOR e ISO de certificados que «acreditan su sistema de gestión de compliance ético y preventivo».
Finalmente, y como conclusión, cuesta discernir si para la reputación institucional del FC Barcelona proyecta una sombra peor de negligencia que la causa del fugaz y controvertido patrocinio con otra sociedad fantasmal como ZKP, escondida en un paraíso fiscal y auspiciada por un malfactor como Andrew Tate, deba atribuirse a un impago tan precoz y evitable, si de verdad se ha certificado su solvencia previamente, o a un resbalón histórico e igual de impresentable del área de marketing y del Compliance Officer para arrastrar al club a un escenario público de vergüenza y ridículo.










