El boicot como estrategia para ser sostenibles

Bluesky

El consumo privado representa aproximadamente el 60 % del PIB mundial. Esto significa tanto una oportunidad para ser sostenibles como una advertencia. Es una oportunidad, porque una proporción tan grande de la actividad económica depende de nosotros, los que consumimos y por tanto podemos modificarla si gastamos de otra manera y además nos permite aplicar el boicot. Es también una advertencia, ya que la mitad de ese gasto está controlada por el 10 % más rico. Pero incluso mientras el gran capital no deja de buscar rentas y los monopolios exprimen nuestros presupuestos, nosotros siendo responsables de una porción importantísima del gasto mundial. Mientras el capital (con el permiso de los gobiernos) dan la espalda al bien común y aceleran el colapso ecológico, los ciudadanos de a pie podemos usar nuestro poder adquisitivo para desmantelar la maquinaria del colonialismo, la explotación, la acumulación de riqueza en cada vez menos manos y la destrucción ambiental.

Susana Alonso

Con frecuencia, quienes critican el capitalismo suelen conducir su vehículo privado en ciudades con buen transporte público, compran en supermercados monopolísticos, utilizan bancos involucrados en escándalos de lavado de dinero y consumen grandes cantidades de combustibles fósiles y carne de granjas industriales. La excusa es conocida: «La acción individual no puede solucionar los problemas sistémicos». Pero esta excusa se desmorona si recordamos tres verdades: i) Los boicots funcionan. Contribuyeron a abolir la trata de esclavos, a desmantelar el apartheid en Sudáfrica y a forzar rescates financieros durante la pandemia que transformaron industrias enteras. ii) El colonialismo, las violaciones de derechos humanos y el colapso ecológico no son «problemas» aislados; son síntomas del mismo problema generado por la excesiva acumulación de riqueza a nivel privado. Si ignoramos a los demás y sólo nos centramos en nuestro interés individual, el problema no se arreglará. iii) La presión y el efecto del boicot se multiplica cuando miles de personas actúan de forma decidida, organizada y constante.

Podemos empezar por un cambio discreto a nivel privado: vender el coche o comprar uno más pequeño, dejar de usar moda rápida, abandonar los productos de usar y tirar o cancelar nuestra participación en redes que estimulan el consumo permanente. Otra actuación es crear alternativas colectivas: cooperativas de viajes compartidos, agricultura comunitaria, talleres de reparación vecinales. La mejor manera de ejercer presión social no es controlando cada acción, sino estableciendo mejores alternativas y visibilizando el verdadero coste de lo que hacemos o dejamos de hacer. No se trata de adoptar posiciones radicales o absolutas: siempre vegano, reutilizar todo o siempre sin coche. Esas actitudes, pueden volverse injustas si no reconocen la variación del deseo ni la variabilidad de las satisfacciones personales que son totalmente legítimas. En cambio, intentemos abordar el 20 % de los comportamientos que generan el 80 % del daño, pero siempre reconociendo los matices que las comunidades deben negociar.

Los principios para un boicot eficaz y eficiente se encuentran en las principales categorías de gasto: movilidad, alimentación y consumo doméstico. Por tanto, es básico en primer lugar, centrarse en el consumo de energía, electrónica, servicios digitales, banca y seguros.

Sin embargo, no debemos olvidar que el boicot no es la solución definitiva. Los partidos anticapitalistas, las organizaciones de la sociedad civil y el lobby legal y mediático pueden ayudarnos a crear y garantizar el acceso a alternativas de vivienda, salud y educación que no beneficien a grandes fondos de inversión ni a instituciones corrompidas por actuaciones contra los seres humanos o la naturaleza. El boicot puede ayudarnos a construir algo mejor, por ejemplo: redes alimentarias regenerativas que beneficien a los trabajadores, el suelo y la biodiversidad; redes energéticas de propiedad ciudadana, basadas en la suficiencia y la descentralización; viviendas dignas y asequibles, diseñadas para la comunidad y la privacidad, no para el lucro de los grandes grupos; movilidad pública y de bajo consumo energético que limpie el aire y nos libere nuestro tiempo.

Boicoteemos ahora, boicoteemos a menudo, boicoteemos hasta la victoria.

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