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La NBA no esperará al Barça y le condena a seguir en la Euroliga para siempre

Imatge del Palau Blaugrana del futur difosa pel FC Barcelona el 2021

Las estrategias de Joan Laporta en el espinoso y aún pendiente asunto de la Superliga, o Unify según la terminología legal obligada del proyecto de Florentino Pérez, han confirmado y reforzado no solo que el presidente del Barça es otro iluminado sin una visión clara y acertada de futuro, tanto o peor que la de su colega y presidente del Real Madrid, figura de la que, a pesar de todo, sigue dependiendo y rindiendo el debido acatamiento. Laporta también se ha dedicado en las últimas semanas a hacer bandadas sobre el futuro del equipo de baloncesto en otra ceremonia de la confusión que apunta, parece inevitable, a una nueva catástrofe en el ámbito deportivo y económico.

La cuestión aparente, en este caso, implica escoger entre mantenerse en el formato actual de Euroliga o bien dejarse atraer por el cobarde e intrusivo proyecto de la futura NBA Europa que va dando pasos firmes hacia su inicio a partir de 2027. Si el Real Madrid, por ahora, se ha mantenido firme al dejar la competición continental y abrazar el modelo americano, Laporta se enfrenta a otra de esas coyunturas en las que a cada paso parece dudar del anterior y también del siguiente.

La última versión, del pasado domingo, la ha ofrecido la prensa tras la reunión mantenida por el FC Barcelona con el Comisionado de la NBA, Adam Silver, en Londres, donde, representado por Josep Cubells y su equipo, oyó su propuesta. Los medios sostienen que el Barça mantiene su adhesión a la Euroliga, con la que prevé renovar por diez años en una decisión pendiente de aprobación por la junta directiva el próximo día 22, al parecer porque, según Cubells, la nueva competición NBA todavía está indefinida, mientras que la Euroliga es la única opción segura para competir al máximo nivel europeo. Los medios también han avanzado que el Barça tiene encima de la mesa una propuesta para ligarse a la Euroliga por diez años con una penalización de 10 millones en caso de querer salirse de ella para pasarse al enemigo, la NBA, si las condiciones de la NBA mejoraran.

En cambio, no se habla ni se alude en el entorno azulgrana a la verdadera clave de vuelta que marca el futuro del baloncesto azulgrana a corto, medio y largo plazo: solo la Euroliga permitirá al Barça seguir jugando en el Palau, pabellón que ya no cumple, ni siquiera, los estándares de la propia Euroliga donde el Barça es aceptado por su prestigio, historia y potencial a pesar de incumplir la normativa desde hace más de una década con la excusa/promesa de que el nuevo Palacio está en marcha.

En el presente, ni siquiera la Euroliga se lo cree aceptando «pop como animal de compañía» y le haya demostrado su afecto y comprensión más allá de la cruda realidad que, en una competición verdaderamente seria, el Barça de baloncesto no sería admitido sin un pabellón en condiciones.

Las mismas fuentes cercanas a la directiva azulgrana han dejado una puerta abierta a la NBA en el futuro, aunque este no es en realidad un posicionamiento firme ni documentado, sino otra evasiva maldita por no reconocer que a la NBA le interesa una franquicia en Barcelona, no prioritariamente la inscripción del Barça, ya que su visión y modelo de negocio no pasa tanto por la personalidad del baloncesto azulgrana como por sus colecciones, magnitudes, disponibilidad e instalaciones. La NBA es plenamente consciente de que, por ejemplo, si el Joventut pudiera disputar ahora mismo la Euroliga tendría unas estadísticas de aforo, abonados, explotación comercial y consumos superiores a las del Barça de baloncesto.

El verdadero motivo para alejarse de la NBA, un distanciamiento que es mutuo por culpa de la pésima carta de presentación azulgrana en materia de instalaciones, radica en que ni puede disponer del Sant Jordi como alternativa ni es capaz, aún menos, de prometer y cumplir con un calendario fiable y de garantías sobre el nuevo Palau.

El nuevo Palau, más lejos que nunca

En este sentido, la junta de Laporta ha ido variando fechas y cifras: primero integró el nuevo Palau Blaugrana dentro del crédito global del Espai Barça con un coste estimado de unos 420 millones y finalización hacia 2026, pero después ha rebajado públicamente el coste a unos 200 millones y ha desplazado el horizonte de construcción hacia el final de la obra del Camp Nou, ya sin calendario cerrado y con nuevas fechas orientativas que apuntan más bien a 2028 en adelante.

Nada de lo que diga o prometa Laporta es fiable, ya que en octubre-diciembre de 2021, al presentar el nuevo Espai Barça, la junta de Laporta situaba el fin de las obras del Palau para el cuarto trimestre de 2026, dentro de un calendario global 2022-2027 (Camp Nou 2025, Palau 2026, Campus 2027).

En 2022-2023 se mantuvo el marco de que el Palau iría tras el Camp Nou, con la idea de abordarlo una vez encarrilada la reforma del estadio, pero sin concretar nuevas fechas detalladas más allá de este horizonte 2026-2027.

En 2025, Laporta introdujo un nuevo horizonte verbal: habló de tener el Palacio «terminado a inicios de 2028», ligando el inicio real del proyecto al segundo trimestre de 2026, cuando se presentaría el «anteproyecto».

En la presentación del crédito de 1.500 millones para el Espai Barça (aprobado por la Asamblea en octubre de 2021), se comunicó que 420 millones se destinaban al nuevo Palau Blaugrana, dentro de un total repartido en 900 millones para el Camp Nou, 420 para el Palau, 100 para urbanización y otros conceptos menores.

Finalmente, aunque el año pasado la directiva de Laporta prometió poner la primera piedra, el nuevo Palau nunca ha estado tan lejos como ahora de ver la luz algún día y todavía es rotundamente falsa la versión oficial de que, una vez acabado el estadio, el club afrontaría una «segunda fase» con el nuevo Palau, Petit Palau, pista de hielo, hotel y oficinas. El futuro Palacio continúa sin proyecto ejecutivo ni financiación específica cerrada más allá del marco general que ya habla de una eventual puesta en marcha de su construcción a partir de 2030.

Con la junta de Laporta al frente, el Barça deja una traza visible e inequívoca de ruina y de empobrecimiento aún más evidente en las secciones deportivas como el baloncesto, que pronto no tendrá ni dónde seguir jugando a este paso si no es por la condescendencia y el favor de la Euroliga. La NBA lo tiene muy claro, no esperará al Barça.

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