La situación económica del Barça de Joan Laporta no para de proporcionar indicios evidentes de su precariedad y angustiada realidad, así como de la necesidad, cada vez más urgente, de obtener ingresos por cualquier vía.
La desesperación explica la intención de la actual junta, dos años después de haber sacado a Unicef de la camiseta y de los proyectos de la Fundación Barça, de prescindir muy pronto de ACNUR, otra agencia de la ONU, en este caso especializada en la atención a los refugiados, que también tiene los días contados para una Fundación Barça que merma en la misma proporción inversa a la tragedia económica del club.
Para seguir sufragando los misteriosos viajes de su directora general a misiones en el extranjero no menos recónditas, le va bien dejar de colaborar con Acnur, cuyo compromiso de ayuda (400.000 euros) acaba este verano y liberará a la Fundación Barça de un gasto importante.
El diario cada día más cercano al régimen Mundo Deportivo ha avanzado, en exclusiva, que el área comercial ya ensucia dinero con el aprovechamiento del dorso de la camiseta, allí donde estuvo Unicef y ahora ACNUR, y tan pronto como quede libre este espacio, habrá que ver si a tiempo de producir la camiseta 2026-27 con el nuevo patrocinador o recurrir a vender las que se puedan estampándolas manualmente en las tiendas del Barça de proximidad.
Abandono de la vía solidaria
Retrocediendo en el tiempo, el abandono de esta vía solidaria única en el mundo y abierta por el Barça en 2006 con el patrocinio inverso de Unicef, es decir, el Barça pagaba por lucir su logotipo en el espacio reservado a la publicidad principal de la camiseta sin ingresar ni un solo euro, lo protagonizó Laporta tan pronto como volvió a la presidencia en marzo de 2021 en otra demostración de su falta de sensibilidad. y de verdadera identidad con los valores del Barça. Dejó morir el contrato y, sólo por las formas, redujo aquel gesto solidario a un tercio de la inversión en Unicef a favor de ACNUR.
El cambio obedeció, sencillamente, a que la Fundación heredó un acuerdo de ayuda a Unicef de 1,5 millones y a la directora de la Fundación Barça desde 2021, la primogénita del presidente Laporta, Marta Segú, tampoco le cuadraban los números si quería mantener el elevado incremento de los salarios de alta dirección que ella misma había doblado tan pronto como volvió a la Fundación.
El detonante final para cerrar esta larga etapa de marcado simbolismo y liderazgo del Barça en el ámbito de la responsabilidad social corporativa, así como en el crédito y reputación internacional conseguidos con el apoyo incondicional y solidario a Unicef y ACNUR, hay que buscarlo en la extrema urgencia de convencer a Goldman Sachs, el auditor, LaLiga y la UEFA de que el Barça es capaz de asumir los compromisos de explotación del Fondo de Titulización del Espai Barça.
Pero al no ser así, al no ser capaz por ahora de afrontar esta temporada el pago acordado de los 100 millones de intereses, los inversores han amenazado con congelar el resto de los ingresos de explotación del matchday como garantía ante el riesgo evidente de incumplimiento.
Sacudida a las estructuras
La emergencia obliga a Laporta a otra sacudida de arriba abajo de las estructuras azulgrana en busca de nuevos horizontes y de un incremento de ingresos. Sin duda, no era la intención del Barça a principios de temporada cortar este vínculo con ACNUR, ya que le reportaba esta imagen diferencial con el resto de entidades deportivas del mundo, no sólo el universo del fútbol.
La directiva de Laporta, por ejemplo, se había felicitado porque la alianza entre la Fundación Barça y ACNUR había sido reconocida como uno de los 20 proyectos más influyentes del mundo por el Project Management Institute (PMI). Este reconocimiento destaca iniciativas que contribuyen a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y valora el impacto del deporte en el cambio social y la visibilización de la causa de las personas refugiadas.
También por la exposición Barça, más que un club, Montjuïc, un estadio refugio, organizada por la Fundación Barça y UNHCR-ACNUR, con el apoyo de la revista Panenka en el castillo de Montjuïc, donde se celebró la última reunión del patronato de la temporada anterior.
Precisamente a favor de los recursos de esta alianza tan especial se destinó el beneficio de las colecciones creadas —tanto de la camiseta de juego como del merchandising— para el Clásico de la temporada anterior dedicado a Coldplay con el patrocinio de Spotify.
Señales, actuaciones y proyectos de un valor incalculable e identitario que en el lema Somos más que un Club es capaz de aportar vínculos como el de ACNUR. Otra demostración de que la vulgaridad y la previsibilidad del laportismo se impone contra el peso de la historia.










