El pasado mes de junio se constituyó la Fundación Contexto y Acción como resultado de la colaboración entre la revista Contexto (CTXT) y la asociación Acción contra el Odio. Entre sus objetivos está «la defensa de los derechos humanos y, en especial, el derecho a la información, a la igualdad de trato y no discriminación y la libertad de expresión» y «promover una esfera mediática más sana que proteja el derecho constitucional de la ciudadanía a recibir una información veraz y ayude a la sociedad a luchar contra los bulos y el pseudoperiodismo corrupto».
Es, no hace falta decirlo, una iniciativa imprescindible tal y como están las cosas hoy en el mundo de la política y la comunicación. Los poderosos del planeta, en Estados Unidos y en todas partes, quieren imponer sus intereses, que van en dirección contraria a los de la mayoría de la gente, a base de comprar medios de comunicación e inocular el odio en la sociedad. Cualquier argumento es bueno para dividir a la ciudadanía, enfrentarla y aprovecharlo para obtener el máximo beneficio en forma de poder y dinero. La mentira y el odio son sus caballos de Troya para vender su producto.
El ejemplo máximo de su éxito es el déspota, engreído y soberbio que han colocado en la presidencia de los Estados Unidos. En cada país tiene sus imitadores. En Cataluña y España también, claro. Vox y el Partido Popular y las ramas que tienen asociadas son nuestros trumpistas. Muchos de ellos salivean viendo las acciones de los energúmenos del ICE en Estados Unidos. Callan cuando uno de estos desalmados mata una mujer de tres disparos en la cabeza porque se quería alejar con su coche o arranca un niño de los brazos de su madre para llevársela porque no tiene el acento yanqui adecuado.
Vimos al alcalde de Badalona dejar tiradas a centenares de personas en la calle, a pesar de la lluvia y el frío, porque se habían instalado en un instituto abandonado. Este señor es del PP, el mismo partido que pacta donde haga falta con los ultraderechistas de Vox que siembran el odio allí donde ponen los pies y defienden la «remigración» de todos los que han venido a nuestro país huyendo de la pobreza, el hambre o la violencia.
PP y Vox financian medios de comunicación que difunden el odio a granel. Pagan las acciones de acoso, insultos y amenazas que practican personajes como Vito Quiles o Bertrand Ndongo, que hacen ver que son periodistas de dos pseudomedios: Estado de Alarma TV y Periodista Digital.
Quiles se abraza a Isabel Díaz Ayuso y lo reciben en los encuentros de las juventudes del PP con gritos de «Pedro Sánchez, hijo de puta». Su última acción ha sido acosar a la comunicadora Sara Santaolalla a la salida de una intervención suya en TVE, perseguirla en coche hasta su casa y molestarla en la puerta de su domicilio. Santaolalla lo ha denunciado.
¿Hay que dejarlo ahí? No. Hay que escuchar a Jorge Drexler y apuntarse a la guerrilla de la concordia que propone en la canción donde recuerda que «el odio es el lazarillo de los cobardes». Hay que apuntarse a esta guerrilla y a ayudar en lo que sea necesario y podamos a la Fundación Contexto y Acción.
No tenemos el dinero que ellos tienen, ni creemos en las respuestas violentas o de sumar odio al odio, pero no podemos poner la otra mejilla. Nos han declarado la guerra. La ganaremos con palabras, propuestas, tenacidad, esperanza y confianza en que el bien y la bondad predominarán sobre el mal, la cobardía y la injusticia.







