¿Por qué la prensa no tiene interés en las estafas de Laporta?

Bluesky
Joan Laporta - Foto: FC Barcelona

La prensa laportista, y barcelonista en general, ha optado por ignorar descaradamente, y también de manera sospechosa, el sentido y la trascendencia de que el presidente del FC Barcelona, Joan Laporta, tenga abiertas actualmente cuatro causas por estafa agravada.

Todas ellas son derivadas de su papel clave no sólo en una operación de captación de inversores tan dudosa que la Fiscalía y los jueces han encontrado indicios de delito. También están apareciendo nuevos y relevantes documentos sobre su participación directa y responsabilidad en la desaparición del Reus.

Laporta había mentido durante años sobre esta cuestión. «No tengo, ni he tenido nada que ver con el Reus», repetía en las elecciones de 2021 cuando se le preguntaba por su vinculación y culpabilidad en una catástrofe en la que, de manera pudiente, figuraban oficialmente. Joan Oliver, su exdirector general en el Barça en los dos últimos años de su primer mandato (2008-09 y 2009-10), Pere Lluís Mellado, actual cabeza visible del área legal del FC Barcelona, Joan Sentelles, jefe del Espai Barça a todos los efectos y única correa de transmisión entre Laporta y Limak, así como Bryan Bachner, hoy ejecutivo del Barça a cargo de la oficina comercial de Nueva York y responsable de Barça Vision, siguiendo esta estela de enterrador que, a la sombra de Laporta, ha liderado desde su paso por el Reus. No sospechar que Laporta estaba metido en el asunto era infantil e ingenuo en extremo.

Bryan Bachner era, por cierto, el ejecutivo al mando de convertir un club chino de baja categoría en Asia del Barça y una sociedad (CSSB Limited) integrada accionarialmente por Joan Laporta, Rafael Yuste, Xavier Sala Martin y Joan Oliver era la que aparecía como aval y garantía del prestigio, conocimientos y experiencia acumulados en el FC Barcelona para captar la confianza de los incautos y también ambiciosos inversores que les prestaron dinero a cambio de un elevado interés mensual y la devolución del capital en un tres y nada.

Mentiras. Todo era, según argumentan las víctimas que van apareciendo, una especie de estafa, el tocomocho versión laportista, organizado, además, matuseramente, sobre falsedades y promesas financieras ilusorias e imposibles de cumplir.

La cuestión, más allá del contenido y consecuencias de la declaración de ayer en la Ciudad de la Justicia por primera vez de la banda de Reus conjuntamente, radica en la enorme y casi infalible credibilidad y convencimiento de que el personaje Laporta es capaz de proyectar al mundo entero, pero especialmente al barcelonista, sin haber acreditado en años ni certeza, ni fiabilidad ni evidencias de decir la verdad. Ni siquiera equivocándose.

Miente y se burla de la prensa y de los socios cuando afirma, más o menos cada mes desde hace cuatro años, que el Barça está, o estará, en la regla 1:1 del fair play y miente cuando muestra la cuenta de resultados con pérdidas acumuladas de 230 millones y asegura que hay beneficios.

Todo por no hacer referencia a decenas de engaños de gran calado sobre la renovación o retorno de Messi, la trapichería ilegal de los avales, la financiación manipulada del Espai Barça, los fichajes de estrellas, la licitación a favor de Limak o las fechas de la reapertura del Spotify, reconocidas y directamente inventadas, tanto como los méritos contraídos por Darren Dein para llevarse 70 millones en comisiones, parte de los cuales restados presupuestariamente del gasto en los servicios a los socios —se ahorra no haciendo asambleas presenciales, dice— y recortando la inversión en la Masía y el fútbol base.

Lo que sorprende, por puro contraste, es que por ejemplo, a Sandro Rosell y a Josep Maria Bartomeu la misma prensa que hoy tapa las querellas en Laporta por estafa les dedicara horas y horas y miles de páginas a los procesos judiciales en su contra para fichar a Neymar, enviar tuidos o, en el caso concreto de Rosell, abombando a lo largo de su encarcelamiento de dos años unas acusaciones que los medios de comunicación sabían perfectamente que eran pura ficción judicial.

¿No es lo suficientemente grave que un presidente del Barça con no pocos antecedentes de manipular las cuentas y las auditorías del club, de protagonizar engaños sistemáticos en grandes operaciones (palancas fantasma) y de falsear la realidad a los socios en prácticamente todos los frentes se encuentre además querellado en cuatro casos de estafa por negocios vinculados a la gestión deportiva del Reus y del Barça?

Parece que, objetivamente, debería atraer el interés, la cobertura y la sensibilidad de los medios y de la comunicación en general sobre si el Barça está en las mejores manos, salvo que, por las razones que sea, inexplicables por la deontología profesional, este amplio espectro mediático comulgue con las prácticas laportistas habituales del fraude y la falsedad en la gestión y en la comunicación.

Dos ámbitos, hay que reconocer, controlados del todo por el aparato laportista desde hace años, eso sí, con un final idéntico para el Reus y para el Barça: el de su ruina económica y patrimonial absoluta, sea o no una estafa.

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