Junts per Catalunya (JxCat) no dará ni agua a sus enemigos: ERC y el Gobierno español. La cumbre de Pedro Sánchez con Oriol Junqueras de este 8 de enero actuó como una bomba de relojería en la sede de los juntaires, que ya tenían la orden de boicotear el acuerdo de financiación de todas las maneras posibles. «Ya sabíamos de antemano lo que diría Junts, fuera cual fuera el resultado de la reunión. Junts está instalada en la lógica del no a todo», aseguran a EL TRIANGLE fuentes de ERC.
Así, lo que debería haber sido un frente catalán soberanista ante las ofertas del Gobierno socialista se ha convertido en una nueva trinchera partidista que engrandece la brecha y la división del independentismo. La formación que lidera Carles Puigdemont tiene solo una misión política a corto plazo: desvirtuar y dinamitar el acuerdo, desnaturalizándolo.
El portavoz del partido, Josep Rius, aseguró tras el encuentro que «no estamos ante un cambio de modelo de financiación, sino que se perpetúa el modelo actual que no resuelve el déficit fiscal que sufre Cataluña». En un vídeo, Junts pregunta: «¿Dónde está el concierto económico que se pactó para investir a Salvador Illa?».
Desde ERC acusan a Junts de mentir. En el acuerdo firmado entre ERC y PSC para la investidura de Illa no figuraba ninguna mención al concierto económico del que hablan los juntaires. Sí se recogía, en cambio, «impulsar un sistema de financiación singular que avance hacia la plena soberanía fiscal, basado en la relación bilateral con el Estado y la recaudación, gestión y liquidación de todos los impuestos, con el objetivo de dotar a las instituciones catalanas de los recursos necesarios para hacer frente a las necesidades de la Cataluña de los 8 millones de habitantes».
El documento habla de una financiación «basada en una relación bilateral con el Estado y un incremento sustancial de la capacidad normativa y de la capacidad de gestión que garantice la suficiencia financiera y la soberanía fiscal de la Generalitat». Reclama la recaudación de todos los impuestos en Cataluña y una «aportación catalana a las finanzas del Estado» que integra «la aportación por el coste de los servicios que el Estado presta a Cataluña y la aportación a la solidaridad». Es decir, «sin nombrarlo, se alude a la ‘cuota catalana’, el alter ego de la ‘cuota vasca'», dicen los posconvergentes.
En otras palabras, para Junts, esta oferta es la del concierto económico. Para los republicanos, es una financiación singular, diferente del resto de las comunidades. Para los críticos, incluso de ERC, es papel mojado. «Para una financiación tal y como se describe habrá que aprobar una nueva LOFCA (Ley orgánica de financiación de las comunidades autónomas), pero para ello se necesita una mayoría cualificada, por el hecho de ser una ley orgánica. Pero esa mayoría calificada no se da en las instituciones, y por eso no habrá reforma», advierten desde las filas de Junts.
Desde el partido posconvergente se critica la cumbre Sánchez-Junqueras diciendo que fue «una escenificación, un teatro». Y recuerdan que, más allá del pacto formal, Marta Rovira defendió la luz verde a Illa «a cambio de haber dicho sí a la Hacienda catalana, a recaudar el 100% de los impuestos, a empezar a recaudar el IRPF, a desplegar la Hacienda durante 2025 y a recaudar el primer ejercicio del IRPF en 2026».
El vicepresidente de Junts Antoni Castellà , en una alocución cargada de trampas dialécticas, advierte, en este sentido, que «Cataluña no tendrá ninguna singularidad específica. Cataluña se mantiene en el régimen común, se mantiene en el café para todos. He preguntado si, como mínimo, habrá algún diferencial con el coste de la vida. El coste de la vida en Cataluña es más elevado. La respuesta es: ‘Lo hemos intentado, pero no habrá diferencial del coste de la vida’. He preguntado seguidamente si en este incremento, muy prudente, de un 5% del IRPF y de un 5% del IVA, al menos en este 5% tendremos la capacidad normativa. La respuesta es: ‘Lo estamos intentando, pero de momento, no’. Y de la ordinalidad, que dicen que está garantizada, la ministra Montero dijo que depende de cada comunidad. Finalmente, la pregunta explícita al Gobierno fue: ¿Tenemos garantizada, de alguna manera, la ordinalidad para los próximos años? ¿Saldrá al texto de la ley?’. La respuesta es ‘no'».
Antoni Castellà juega con cuestiones diferentes, mezclando conscientemente conceptos para incluir los que podrían ser positivos en el saco de los agravios y de los negativos: «Definitivamente, tenemos calculado si en este modelo reducimos, aunque sea mínimamente, el déficit fiscal, es decir, recuperan mínimamente ese dinero que los catalanes pagamos y que no devuelven? » No. Solo tenemos la parte proporcional de lo que pone más el Estado’. Eso es inaceptable. No hicimos un 9-N, no hicimos un Primero de Octubre para llegar aquí. Es el momento histórico del concierto económico. Desde Junts, lo defenderemos».
En definitiva, la trampa política es situar a Junts ahora como los únicos partidarios de un concierto económico al estilo del vasco, sabiendo que es imposible, porque la legislación no lo permite. Es oponer cuestiones áulicas a los logros materiales conseguidos por ERC. Que, sea dicho de paso, es una figura recurrente en la política tanto española como catalana.
El portavoz parlamentario de Junts, Salvador Vergés, ha cargado contra la consejera de Economía, Alicia Romero, porque esta «critica a Junts por ‘pedir la luna’ con la nueva financiación. Pues lo que pedimos y por lo que luchamos es por la independencia; mientras tanto, para acercarnos a él, reclamamos el concierto económico (la luna de los vascos), el dinero que es nuestro, para poder tener los servicios y las infraestructuras que nos merecemos. Así tendrá claro ya nuestro calendario lunar». Es el claro ejemplo de que Vergés no conoce las normas legales que rigen el marco político, pero sí conoce a la perfección las consignas de su partido.
Alejado de estas consideraciones, Oriol Junqueras, tras la reunión en La Moncloa, puso el acento en que se han establecido las primeras bases de una nueva financiación, con el principio de ordinalidad aprobado, lo que contradice las afirmaciones de Antoni Castellà. Esto implica que Cataluña recibirá el próximo ejercicio unos 4.700 millones de euros más. Este es el mito que Junts querría dinamitar: «Ha pasado en otras ocasiones, los socialistas prometen mucho, pero cumplen poco. Una cosa es lo que se promete y otra lo que se cumple. Y esos 4.700 millones de euros todavía no han llegado a Cataluña. Se trata de otra trampa de Pedro Sánchez para mantener el apoyo de sus socios», acusa un destacado dirigente de JxCat.
Desde las filas de ERC se admite que hay cosas difíciles de sostener. «Junqueras ha tenido la decencia de admitir que el tema de la recaudación no está cerrado. La verdad es que sin recaudación no hay nada. Si consigue que Cataluña reciba 4.700 millones más, ya es un éxito, pero habrá que ver si se cumple con eso, porque en los anteriores compromisos nunca se había cumplido lo que se había prometido en materia de financiación».
Subrayan estas fuentes que, sin embargo, «ERC ha desbloqueado un tema enquistado desde los tiempos de Mariano Rajoy. La financiación debería haberse revisado en 2013, pero hubo un cierre en banda del Gobierno central y así seguimos, incumpliendo la Constitución, cuando debería haberse revisado la ley hace más de una década. Lo mínimo que podría hacer Junts es admitir que los republicanos hemos desbloqueado un tapón histórico», reprochan desde Esquerra.
Esta picardía tiene una razón de ser: los resultados de la cumbre de la Moncloa, aunque sean mínimos, han encendido todas las alarmas en Waterloo. «Puigdemont está muy nervioso. Desde que rompió con el PSOE, Junts es cada día más irrelevante y le preocupan mucho los éxitos que pueda tener ERC, porque eso se traducirá en votos en las próximas elecciones», dicen los republicanos. Curiosamente, la cumbre que ha herido de muerte a Puigdemont se produjo dos días antes del décimo aniversario de su elección como presidente de la Generalitat, tras el descarrilamiento de Artur Mas como presidenciable. Un cumpleaños con sabor agridulce.
La ofensiva de Junts se traduce en un ataque global contra las pretensiones de Esquerra: su próximo paso es tomar la iniciativa en todas las proposiciones, arrogarse ser la representación de Cataluña (aunque las últimas encuestas sitúan ya al partido de Puigdemont como cuarta fuerza política) e intentar socavar la credibilidad de ERC.
En el Congreso de los Diputados, Míriam Nogueras tiene la orden de plantear abiertamente la reclamación de un concierto económico para poner a los republicanos en la disyuntiva. Pero no han calibrado que su ‘no’ al pacto significa que privan a los catalanes de recibir 4.700 millones de euros. Quien tiene la patata caliente en la mano es Puigdemont, no Junqueras, que saca pecho delante de los suyos con el añadido de que liga de pies y manos Junts.» La oposición de Junts debe entenderse en clave electoral. Puigdemont está en caída libre y necesita un golpe de efecto para remontar en las encuestas, porque el factor Aliança Catalana le está pasando factura. Pero se equivoca en su estrategia. Ha sido demasiado arrogante, siempre ha querido atornillar a ERC y ahora es él quien tiene problemas de liderazgo, mientras que Junqueras ha consolidado su presidencia al frente de Esquerra. Además, sus propuestas de frente común y de concierto económico no es que no sean creíbles, es que son humo», le recriminan los republicanos.
*Puedes leer el artículo entero en el número 1649 de la edición en papel de EL TRIANGLE.













