El hecho de que la Supercopa de España se juegue en Arabia Saudí suscita críticas año tras año, debido al sportswashing que representa. Lo más grave de la situación es que blanquea una dictadura que no respeta los derechos humanos, pero, además, prioriza el dinero y aleja el fútbol de la afición, su base social. Todo ello es lo que ha puesto sobre la mesa este lunes el presentador de El Matí de Catalunya Ràdio, Ricard Ustrell, que ha recordado que son numerosas las personalidades del mundo del fútbol que blanquean regímenes autoritarios.
«El fútbol ha dejado de ser un juego para convertirse en la herramienta de blanqueo más sofisticada del planeta. Un espectáculo disputado en estadios lejanos utilizados por regímenes autoritarios para legitimarse moral y políticamente», ha criticado Ustrell, señalando: «Bajo el césped impoluto de los estadios de Arabia Saudí se esconden realidades muy oscuras y ningún trofeo ni ningún golazo de Raphinha las puede esconder del todo. Tampoco pueden hacerlo las campañas publicitarias para Abu Dabi protagonizadas por Pep Guardiola«.
Tras hacer este comentario, el programa ha dado paso a un corte de voz en el que el entrenador del Manchester City halaga la capital de los Emiratos Árabes Unidos y la publicita como destino turístico. «Sí, Guardiola también. Uno de los máximos portavoces de los valores en el mundo del deporte. Nuestro Guardiola. Pero también hay que decirlo, como toda clase de estrellas del mundo del fútbol», ha indicado Ustrell.
El comunicador ha destacado que «la Supercopa se juega en Arabia Saudí desde 2020 porque a sus gobernantes les interesa hacernos olvidar que para sus mujeres, inmigrantes o trabajadores, los derechos no existen», y lo ha definido como «un ejercicio de marketing» que «pone de manifiesto una cierta hipocresía social ante las realidades de nuestro mundo y, sobre todo, nos hace olvidar».
«Parece que cuando el balón rueda los principios se relajan. Y eso es una mala noticia. Se puede celebrar el resultado del Barça, pero no se puede ignorar que aceptando estas reglas del juego, aceptamos implícitamente que los derechos humanos son negociables si el espectáculo es puro espectáculo», ha concluido Ustrell.














