El falso amigo americano

Bluesky

Confieso que me cansa un poco tener que explicar a esa gente que se ha creído que Donald Trump era el salvador de los valores democráticos que todo era mentira. Se alegraron de la detención de Nicolás Maduro porque también pensaban que llegaba la democracia así, de golpe, con un golpe de Estado que a ellos les daba igual. Al fin y al cabo, ¿de qué sirve el orden internacional si no logra acabar con las dictaduras? Un bombazo por aquí, una matanza de civiles por allá, unos cuantos chantajes y amenazas y todo resuelto.

Lo que ha pasado en Venezuela no es más que la constatación de décadas de trabajo del fascismo americano que ha logrado dominar las altas instancias del Estado. Yo diría que, sin tener un conocimiento exhaustivo de geopolítica, la OTAN fue el principio del gran engaño al que fue sometida una Europa incapaz de pensar por sí misma. Era más que una evidencia, teniendo en cuenta la diversidad y las idiosincrasias particulares de cada país. Lograron, logramos, eso sí, tener una moneda propia, pero lo del ejército se lo dejamos a los norteamericanos, que de eso saben un rato; ya lo vimos en Vietnam, en Irak y en Afganistán.

El amigo americano, aquel que nos ayudó a echar al nazismo de Europa, se ha convertido, por la gracia de Dios Trump, en un ente fascista con grandes apoyos en Europa. Qué mejor que destruirla desde dentro, con acólitos y cobardes que aplauden los gestos bravucones contra estados pequeños o grandes, contra nuestros propios países que, como digo, quedaron huérfanos de toda posibilidad de reacción.

Trump no está loco. Conoce perfectamente las debilidades de cada país. Ahí está Venezuela, que ha agachado la cabeza y todo lo demás. Un servilismo tan claro que da miedo, miedo a la destrucción total. Por eso renuncian a todo, a la democracia misma. Y si no lo remedian los que pueden, muchos más harán lo mismo. México ya ha pedido hablar con la administración Trump; Dinamarca ha hecho lo mismo ante las amenazas de anexión, también por la fuerza, de Groenlandia. Mucho me temo que esas peticiones no son para plantar cara. ¿Cómo podrían hacerlo? Más me imagino un pacto, una entente que evite males mayores, lo que supone abrir la puerta para que saqueen el país sin derramamiento de sangre. De todas formas, aunque se opongan, van a estar más solos que la una. Mientras tanto, una Europa tímidamente beligerante es incapaz de ir más allá de un comunicado que cae a los cinco minutos de ser leído con semblante de preocupación.

Los ciudadanos de a pie, deberíamos estar muy preocupados con esta ruptura del orden internacional nacido después de la Segunda Guerra Mundial precisamente para evitar una tercera. El matonismo ha existido siempre. Muchos de nosotros lo vivimos en silencio en los colegios donde individuos de cuyo nombre no quiero acordarme nos obligaban a hacerles los deberes, bajo pena de una buena paliza. Entonces no se llevaban los bulos ni existían las fotos por WhatsApp. Te robaban el reloj, te rajaban el pantalón o te pegaban un puñetazo. Por miedo o por vergüenza acababas mintiendo en casa, diciendo, entre sollozos, que se te había perdido, que te habías enganchado con una papelera o que te habías caído. Ahora se miente y no pasa nada.

Durante estos últimos días, voces autorizadas, políticos y periodistas están analizando los últimos movimientos de la administración Trump. No pinta nada bien la cosa. Este fascista va a la suya y dice ya sin vergüenza que, por si no lo sabíamos, el orden que más o menos existía ha caído del todo. Él se va a regir por sus propios valores, por sus ideas, por lo que le salga de los cojones. Así de claro.

Estoy asustado viendo que estamos noqueados. Echo de menos que aquellos que tanto abrazaron a EEUU no digan nada. Ni Felipe González, que nos metió en la OTAN, ni José María Aznar, que nos metió en una guerra, han salido a defender la democracia y los valores europeos. O están acojonados, o son cómplices del desmantelamiento de esta frágil Europa. Quizás la historia nos lo contará algún día. Eso si lo vemos. Los más pesimistas ya hablan sin tapujos de la tercera guerra mundial. Los más optimistas sueñan con el derrocamiento de Trump en su propio país. Entonces sí que creeré en el amigo americano.

Mientras tanto, tenemos razones para estar acojonados.

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