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Laporta agrava el problema Ter Stegen con sus trampas con el ‘fair play’

L’alta de Ter Stegen complica encara més el ‘fair play’ del Barça.

L’alta de Ter Stegen complica encara més el ‘fair play’ del Barça.

Al margen del lógico, inevitable y comprensible ruido provocado en el entorno del RCD Espanyol por el regreso de Joan Garcia a su estadio y al club de origen y formación, la sensación más extendida es que para el Barça ha sido un fichaje oportuno y más que necesario, de presente y de futuro. Eso sí, con la dosis habitual de precipitación, prisas y la improvisada y comprometida realidad de encontrarse que, una vez pagada la cláusula, Laporta no sabía cómo inscribirlo por culpa del exceso de fair play y las magnitudes de la operación. Fue, como bien se admitió en su momento, una ‘oportunidad’ de mercado que, como en los últimos cuatro años, invariablemente, puso de manifiesto el verdadero estado de precariedad de las cuentas azulgrana, peor que el año pasado, que el anterior y que el otro, por más que la directiva de Laporta pretenda convertir ‘recuperación económica’ en el lema del año electoral.

Por tanto, al igual que desde la junta, y en general desde el barcelonismo oficialista, se celebró sin disimular y abiertamente la lesión de Ter Stegen en la pretemporada, justo a tiempo de poder gastar una proporción sustancial del dinero de su ficha para que LaLiga pudiera tramitar la licencia de Joan Garcia, ahora que el portero alemán ha obtenido el alta médica, el problema no solo ha reaparecido. También ha aumentado, porque el gasto de mantener a tres porteros ‘titulares’ como Joan Garcia, Wojciech Szczęsny y Ter Stegen sigue siendo inasumible para una masa salarial que, tras la última evaluación de LaLiga, presenta un exceso de 118 millones.

Sea como fuere, Laporta necesita desprenderse de Ter Stegen para aliviar la carga salarial de un portero con quien ni cuenta ahora ni quiere contar en el futuro. Además, Laporta sueña con un traspaso que dejara beneficios si pudiera venderlo en este mercado de invierno. El problema es que, con Ter Stegen, fue el propio presidente quien se puso la soga al cuello cuando, por dos veces, en octubre de 2020, amplió su contrato hasta el 30 de junio de 2025, elevando la cláusula a 500 millones, y más adelante, en agosto de 2023, le prorrogó hasta el 30 de junio de 2028, también con cláusula de 500 millones, realizando, además, ajustes salariales para ayudar en el 2020. fair play financiero, es decir, cargando en los años finales de contrato el grueso de la ficha ya que LaLiga, para sus cálculos, hace una estimación de dos años a la hora de calcular los límites de cada club. Cuando Ter Stegen acabe contrato con el FC Barcelona habrá cumplido los 36 años.

No sería un problema si, como el polaco Szczęsny, que los cumplirá en abril, su ficha fuera coherente con la edad y el estatus de suplente. A Ter Stegen, por culpa de estas urgencias de Laporta con el fair play, recurrentes y salvadas en el último minuto con el truco de proponer ampliaciones de contrato a futuro —acompañadas de mejoras, evidentemente— le queda por cobrar dos años y medio de ficha a los que, en ningún caso, renunciará. Como mucho, por el interés de llegar rodado al Mundial, podrá aceptar una cesión por lo que queda de temporada, alternativa que, por lo que se ve, tampoco le quita el sueño.

En Laporta sí. Por esta razón, sus diarios y medios afines no han dejado de publicar presuntas ofertas y el interés de varios equipos que, ciertos o especulativos, chocan siempre con este muro contractual, la importante ficha (dos años y medio) firmada por Laporta a la que Ter Stegen difícilmente piensa renunciar. Lo mismo pasará más adelante con Frenkie de Jong, Koundé y otros renovados recientemente con la misma idea de fondo, que la carga principal de sus salarios no afecte tanto al fair play de la temporada.

El propio Joan Garcia, para evitar el bis del caso Olmo del año pasado en Navidad, aceptó una recompensa extra, después de haber firmado su primer contrato por cinco temporadas, hasta 2030, para extenderlo a seis (hasta 2031) con la finalidad exclusiva de optimizar el fair play financiero y distribuir el salario. Si es el caso, puede aventurarse que no causará un trastorno deportivo por edad y rendimiento, pero sí aportará, a efectos de masa salarial, una complicación que Laporta resolverá mediante el mismo procedimiento de prolongarlo retrasando el peso de su ficha en los años 2032, 2033 o 2034 cuando él ya no sea presidente, el mismo que ya ha hecho con la devolución del principal del crédito de la reforma del estadio, a la que habrá que añadir, en su momento, el coste del Espai Barça, pendiente y no contemplado en el préstamo actual de los 1.500 millones.

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