Desde la directiva, ni tampoco desde fuentes cercanas al staff técnico del primer equipo, han dejado caer la verdadera causa de la baja de Lamine Yamal en el primer entrenamiento del año del día 1 de enero por la tarde, a dos días de partido, precisamente programado para que los jugadores celebren el Año Nuevo con la debida moderación y prudencia profesional.
Sin embargo, los medios más cercanos no han podido impedir la detección de malestar y disgusto por el hecho de que Lamine Yamal no estuviera en condiciones de entrenar con el resto del equipo este jueves, ni que fuera por causa de una de esas gastroenteritis que, oportunamente, cubren un amplio espectro de circunstancias, sean del todo clínicas o no.
El caso es que no hubo ningún parte médico ni, por parte del área de comunicación, ninguna filtración sobre el (mal) estado de la estrella azulgrana, sólo la afirmación de que su participación en el derbi del sábado no corría peligro. Descartada, por tanto, la gastroenteritis y la pubalgia recurrente, la explicación de su ausencia queda abierta a la especulación y a la más resacosa de las explicaciones.
En la nueva casa de Lamine Yamal d’Esplugues hubo fiesta y presencia de sus amigos, de eso pueden dar fe sus vecinos, uno de los cuales sufrió, por cierto, una muestra de incivismo y mala convivencia desde el otro lado de la pared de separación. Inmediatamente después de las campanadas, este vecino de Lamine Yamal, que había preparado y disfrutado con sus amigos y familiares de la pirotecnia habitual por esta medianoche tan señalada, sufrió una especie de ‘ataque’ desde el otro lado a base de lanzamiento de huevos que impactaron en su jardín interior, alguno a punto de impactar en algún invitado.
No hay que calificar el hecho como nada más que una pequeña gamberrada que tampoco mereció, por parte del afectado, mucha más atención ni tampoco plantearse denunciarlo. Pero sí resulta, a efectos de la imagen del joven crack azulgrana, representativo del tipo de entorno y de compañía que frecuenta su domicilio.
Cuesta entender esta respuesta tan absurda y de mal colegial, incluso para las bromas, de lanzar huevos al patio del vecino, y menos aún que los petardos de medianoche hubieran perturbado el sueño y el descanso de Lamine Yamal y que, precisamente, esta fuera la causa de su indisposición para entrenar al día siguiente.
La anécdota, que no es más que eso, es reprobable como actitud y comportamiento vecinal, fuera él mismo o sus toiss quienes dirigieran el lanzamiento de huevos.











