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El delta del Ebro acelera decisiones urgentes para frenar el hundimiento climático

El presidente de la Junta de Gobierno de la Comunidad de Regantes de la Izquierda del Ebro, Javier Casanova, visitando una de las bombas instaladas en la balsa de la Estella, en el delta del Ebro (Jordi Marsal, ACN)

El presidente de la Junta de Gobierno de la Comunidad de Regantes de la Izquierda del Ebro, Javier Casanova, visitando una de las bombas instaladas en la balsa de la Estella, en el delta del Ebro (Jordi Marsal, ACN).

El Delta del Ebro afronta una situación crítica marcada por la aceleración del cambio climático, que ha transformado su imagen simbólica: de un fragmento emergido a una «bañera» que se hunde progresivamente. 25 años después de la amenaza del Plan Hidrológico Nacional (PHN) y del gran trasvase proyectado por el Gobierno de Españadel PP, todos los actores —administraciones, regantes, expertos y sociedad civil— coinciden en la necesidad urgente de actuar. El Gobierno catalán y las comunidades de regantes apuestan por «sellar» el Delta con medidas contra la regresión y una gestión más activa del agua mediante sistemas de bombeo, mientras los científicos advierten que sin sedimentos la preservación del territorio no será viable.

Este giro estratégico se articula a través de la Mesa de Consenso por el Delta del Ebro y del Plan Integral de Gestión del Agua Dulce en el Delta del Ebro (PIGADE), que prevé una inversión de 36,7 millones de euros para mejorar la monitorización y aumentar la capacidad de extracción de agua. El presidente de la Comunidad de Regantes de la Izquierda del Ebro, Javier Casanova, defiende que hay que dar respuesta tanto a los retos ambientales como a los productivos y advierte de que «estamos subiendo las paredes de protección y el nivel del mar sube: tenemos que tener más capacidad de extracción». Desde el Departamento de Territorio, Miquel Alonso subraya que el Delta se ha convertido en la «zona cero del cambio climático».

Los expertos alertan de que la situación es ya «el peor de los escenarios» previstos a principios de siglo. El director del Centro de Resiliencia Climática de Eurecat, Carles Ibáñez, recuerda el precedente del mar Menor y defiende combinar medidas de protección al estilo holandés con la recuperación progresiva de caudales y sedimentos. Los datos científicos son contundentes: el nivel del mar sube hasta cinco milímetros anuales, el clima se ha «tropicalizado» y episodios como el temporal Gloria evidencian la fragilidad del sistema. Ante este escenario, el consenso pasa por actuar de manera inmediata para mantener el Delta en un estado parecido al actual durante las próximas décadas.

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