El despido fulminante, plenamente justificado, del concejo officer del FC Barcelona, Sergi Atienza, debería haber acompañado la noticia adelantada por La Vanguardia el pasado día 30 de diciembre bajo el titular: ‘El Barça cancela su polémico patrocinio con ZKP un mes y medio después’, refiriéndose al vergoñoso contrato de patrocinio anunciado por el club pomposamente que, poco después de hacerse público y oficial por parte de la directiva de Laporta, el 14 de noviembre, fue denunciado por el Financial Times en un artículo del 28 de noviembre donde subrayaba el carácter desconocido de esta start-up cripto registrada en Samoa.
Descrita ZKP como una empresa cripto poco transparente, registrada en Samoa, jurisdicción señalada como paraíso fiscal por la UE, apuntaba que el acuerdo reflejaba la necesidad urgente de ingresos del Barça y el riesgo de exponer a los aficionados a un producto especulativo que podría acabar siendo inútil. El informe destacaba el perfil de su cara más visible, Andrew Tate, y sus riesgos reputacionales, ya que, tras anunciarse el patrocinio, Andrew Tate difundió un vídeo defendiendo sistemas zero-knowledge proof para ocultar la cripto a las autoridades fiscales, vídeo que acabó asociado al logotipo de ZKP en su canal de Telegram. El Financial Times relacionaba la operación azulgrana con este entorno opaco con la elevada deuda del club (469millones netos y más de 900 millones por el estadio) y cuestionaba la solidez de la due diligence previa al acuerdo.
En efecto, la reacción de la junta de felicitarse porque el compliance officer ha actuado con la debida diligencia tras detectar el resbalón -intencionado o no- de acordar un patrocinio ligado a un gángster identificado como tal en el Reino Unido, además acusado de delitos relacionados en el ámbito de la prostitución y de violación, pone de relieve, precisamente, la falta de profesionalidad y la torpeza del departamento cuya misión y funcionalidad única es evitar un ridículo de esta magnitud internacional que, además, pone en apreta y bajo sospecha el resto de los negocios y operaciones validados por este sospechoso habitual, Sergi Atienza, personaje que nunca ha defraudado, al contrario, de su presunta condición de servir al presidente, es decir, a sus intereses privados, con prioridad sobre los del FC Barcelona.
La información de La Vanguardia aportaba un dato tan desgarrador como acusado de la madeja y negligencia descuidada de Sergi Atienza en este caso concreto de ZKP: «Una de las circunstancias que más llamaban la atención de la controvertida start-up es que, antes del acuerdo, no había publicado nunca en la red social X, y sólo seguía tres perfiles: al club azulgrana, al perfil debit coin, la criptomoneda más conocida, así como a Andrew Tate, su polémico impulsor. Desde el día del acuerdo, el perfil de la empresa pasó de tener 32 seguidores a 1.665. Ahora solo tiene 891″.
Más que suficiente para sospechar y acusar al compliance officer de su dejadez, a menos que se limitara a complacer a su presidente como cuando, hace un año y medio, permitió que New Era Visionary Group fuera presentada como una reconocida firma internacional en el negocio de las telecomunicaciones tras adjudicarle el supercontrato de BarçaMobile y la cobertura de internet del nuevo Spotify. El caso es que, como es notorio, New Era Visionary Group era una compañía acabada de crear con un capital de 3.000 euros y situada en un coworking de Barcelona, por descontado sin actividad conocida ni acreditación de su competencia ni experiencia ni facturación ni nada de nada.
Por razones más que suficientes, también se debe poner en cuarentena y sospechar que también es falso o más que dudoso este final feliz que, según han asegurado fuentes de la directiva a La Vanguardia, «la rescisión del contrato se ha producido sin penalización económica, tras constatarse incumplimientos contractuales por parte de ZKP». El desenlace, si es que de verdad se ha producido con la rendición legal y sin coste del no menos sospechoso Andrew Tate, no es oficial por parte del club, que sí lo ha retirado de la lista oficial de patrocinadores, de momento sin ningún comunicado ni referencia oficial. La Vanguardia sólo apunta que «desde el club se asume esta contratación como un error interno, enmendado gracias a una reacción rápida que ha permitido resolver el contrato sin costes asociados«.
Es decir, que todavía habrá que felicitar a alguien del club por haber leído la contundente denuncia del Financial Times. El súmmum de los despropósitos como respuesta a un episodio que, en cualquier empresa u organización mínimamente seria, provocaría que rodaran cabezas.
Otro ridículo espantoso para las dos agencias responsables de otorgar al FC Barcelona dos certificados relacionados con cumplimiento normativo: la norma UNE 19601 y la ISO 37301, otorgados por AENOR en julio de 2025, que acreditan su sistema de gestión de compliance ético y preventivo (!), reconocimientos que, por definición, destacan su excelencia en prevención de riesgos y cumplimiento normativo, «posicionándolo como la primera organización deportiva en conseguirlos».
La UNE 19601 es una norma española para sistemas de gestión de compliance penal, enfocada a prevenir delitos. El ISO 37301 es un estándar internacional de compliance management systems, que promueve cultura ética y gestión de riesgos. Ambas acreditan, sin duda desacertadamente, que el club tiene un sistema de compliance diseñado, implantado y auditado con procedimientos para análisis de riesgos, due diligence y controles sobre terceros.
En términos de control ex ante exige que la eficiencia y madurez del sistema de compliance debería notarse antes de firmar, no sólo al resolver el problema después. En concreto, donde falla la cadena en ZKP es en la due diligence reputacional y de modelo de negocio, claramente insuficiente si, pocos días después del anuncio, saltan las alarmas para tener su sede en paraíso fiscal, opacidad de los socios y vinculación pública con Andrew Tate.
El hecho de que el compliance tenga que intervenir de nuevo tras el anuncio y acabe resolviendo el contrato (presuntamente sin pérdidas) sugiere que se priorizó cerrar el acuerdo y se infravaloraron los riesgos que ya eran detectables en fuentes abiertas, poniendo de relieve una brecha entre el estándar formal (certificado) y el estándar material que habría que exigir a una entidad con este nivel de reconocimiento, especialmente en patrocinios de alto riesgo reputacional como cripto y personas controvertidas. No ha pasado ni pasará nada, en cambio, porque para eso está el compliance de Laporta, para que los triunfos del presidente salgan adelante. Quizás, AENOR e ISO promocionan el paquete de los tres: Barça, Sergi Atienza Y Joan Laporta como Cliente del Año 2025. Se lo han ganado a pulso.

