Las guerras de Trump

Bluesky

Todavía no hace un año que Donald Trump vuelve a estar en la Casa Blanca, a pesar de no haber puesto fin a la guerra de Ucrania como había prometido, ni tampoco a las de Israel con los vecinos, afirma que él ha acabado con ocho guerras mientras ataca militarmente a su nuevo enemigo, Venezuela. Dice que ha puesto fin a las guerras de India con Pakistán, la de Armenia y Azerbaiyán, la de la República Democrática del Congo y Ruanda, la de Camboya con Tailandia, la de Serbia y Kosovo, el conflicto de Egipto y Etiopía, el de Isarel con Irán, y los de Israel con Gaza y el Líbano. Y hace unos días volvía a decir que estaba a punto de cerrar la de Ucrania.

Más allá de que en algunos de estos conflictos sólo ha conseguido firmar un nuevo alto al fuego, la mayoría continúan abiertos. Y está claro que el de Ucrania no acabará hasta que Putin, que tiene todo el tiempo del mundo y más capacidad militar y humana que Zelenski, consiga los territorios que aspira en la Gran Rusia. A diferencia de su primer mandato en el que iban dimitiendo o siendo cesados los colaboradores de Trump, ahora el presidente enviando aquí y allá a su amigo, el empresario Steve Witfkoff, su yerno Jared Kushner y el Secretario de Estado, Marco Rubio, está diseñando una caótica diplomacia mundial en la que se mezclan negocios privados, humillación de los adversarios, y promesas millonarias de reconstrucción y castigos con aranceles y hacer que se compren más armas en Estados Unidos

Trump gobierna rotulador en mano firmando órdenes ejecutivas, algunas de las cuales, como las de los aranceles luego modifica o le son cuestionadas por los tribunales como las relativas a deportaciones o al despliegue de la Guardia Nacional. Su egolatría es tal, no sólo para exigir el Premio Nobel de la Paz o hacerse conceder la medalla de la paz de la FIFA, sino que aunque la situación en Palestina no mejora, con bombardeos diarios en Gaza y el Líbano y ataques indiscriminados en Cisjordania, es capaz de atribuirse haber conseguido por primera vez en tres mil años la paz en Oriente Próximo. Unos conflictos que lamentablemente continúan abiertos en todos sus frentes. Recibe a Volodomir Zelenski en Mar-a-Lago el pasado domingo, que ha cedido en algunos de los puntos exigidos por Putin, y ve como el acuerdo de paz sigue lejos ya que se quiere su capitulación. Y al día siguiente Trump recibió a Benjamin Netanyahu a quien tácitamente dio permiso para volver a bombardear Irán. Un Netanyahu que ocupa con sus tropas parte de Siria, continúa bombardeando cada día el Líbano, se apropia de más y más tierras palestinas y casas en Cisjordania y Jerusalén, mientras continúa ocupando militarmente la mitad de Gaza con sus soldados que han matado desde el inicio del alto al fuego a más de 400 palestinos.

El segundo estadio del plan de paz para Gaza, que debería haber comenzado con la creación de una administración internacional con participación palestina para administrar la franja, está totalmente pospuesto con excusas de que Hamás incumple el alto el fuego al no haber conseguido recuperar el cadáver que falta de un rehén y no haberse desarmado. Y Netanyahu, que necesita victorias y el apoyo de Washington para afrontar las elecciones que habrá de aquí a un año, esta semana ha recibido de nuevo todas las alabanzas de Trump. No sólo al no ser censurado con respecto a Cisjordania, sino que enciende aún más la región y se pone en contra también a sus aliados de las monarquías árabes en contra al ser el primer país del mundo que reconoce diplomáticamente el territorio de Somalilandia independizado unilateralmente de Somalia. El sueño de muchos independentistas catalanes que creían ingenuamente que Israel reconocería unilateralmente la independencia de Cataluña, Netanyahu sí lo ha hecho con este territorio del cuerno de África.

Tan triste como que Trump se atribuya haber acabado con las guerras de Oriente Próximo es la sumisión que muestran hacia él muchos líderes europeos empezando por Mark Rutte, secretario general de una OTAN, que ve como su miembro más potente se ha aliado con Putin para desguazar el sistema de seguridad compartida creado después de la Segunda Guerra Mundial. Así la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, aprobada por Trump, sitúa a Rusia ya no como una amenaza, sino como un aliado, a la vez que muestra una absoluta desconfianza hacia los hasta ahora aliados europeos. Y como muestra de esta prepotencia niega visado a Thierry Breton, ex comisario europeo de Mercado Interior, en represalia por haber impulsado la regulación digital en Europa frente a la deriva nada inocente de los algoritmos de redes sociales como X de Elon Musk.

Y mientras Trump humilla a Europa y alaba a Putin, quizá provocará que el verdadero ganador de estas guerras y estos cambios sea China, que no sufre el ahogo que significa la guerra y las sanciones para Rusia, ni tampoco del incremento armamentístico y las amenazas de Rusia para la Unión Europea. China se moderniza mientras expande mercados por todas partes y su influencia sobre todo en África.

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