Cada vez que un hombre o una mujer del PP, de Vox o de cualquier partido de derechas habla de acoso sexual, de prostitución o de burdeles mientras imparte lecciones de moral, asistimos a un espectáculo de hipocresía y cinismo en estado puro.
El discurso moralista se hunde cuando convive con el silencio cómplice ante las vergüenzas internas de las propias filas. Se construye un relato aparentemente ejemplar a la vez que se tapan prácticas, silencios y complicidades que forman parte de un sistema que dicen combatir. El problema no es sólo lo que se dice, sino sobre todo lo que se esconde.
Las denuncias por agresiones sexuales, abusos o violencias machistas son absolutamente necesarias. Deben ser públicas y en voz alta, no sólo confidencias privadas. Sin denuncias no hay posibilidad real de cambio social. Deben ser valientes, coherentes y transversales: deben afectar a todos los ámbitos políticos e ideológicos, sin privilegios ni excepciones. El machismo no tiene carné ni etiqueta; es estructural y atraviesa partidos políticos, instituciones y espacios de poder sin distinción.
Cuando sólo se señala a un bando, se crea una ficción peligrosa: la idea de que el machismo y la violencia contra las mujeres son patrimonio exclusivo de un solo lado político, mientras el otro queda impoluto y fuera de sospecha. ¿De verdad debemos creer que no hay machistas ni puteros en el PP o en Vox, un partido que niega el concepto específico de violencia de género?
Este relato es profundamente injusto y peligroso. El machismo sólo se combate con transparencia, asunción de responsabilidades y una voluntad real de afrontarlo allí donde aparezca, sin miramientos partidistas. Callar, minimizar o proteger a los propios mientras se señala al otro no es feminismo ni defensa de las mujeres: es puro cinismo.
El «ya basta» debe resonar para limpiarlo todo, no sólo lo que conviene según intereses políticos.
Este es un llamamiento a las mujeres del PP, de Vox y de otras formaciones de derechas:hay que romper los silencios y, cuando sea necesario, presentar denuncias. Necesitamos que haya respuestas firmes ante cualquier agresor, en todos los ámbitos. Sólo así podremos avanzar hacia un entorno libre de violencias machistas y de hipocresía institucional.











