La hipocresía mediática con el B9 de Badalona

Bluesky

Así para cerrar el año no está de más hacerlo con fuerza y autocrítica, en especial si conozco el terreno que pisaremos. Es bastante probable que sea el periodista que más camina día tras día la ciudad de Barcelona, sobre todo sus periferias, pues tengo bien claro como lo periférico es invisible para el poder y los medios.

Patearme los márgenes es el método que empleo para poder hablar sin hacer el ridículo de los problemas de la inmensa mayoría de los habitantes de la capital catalana, temas que, curiosamente, se abordan más bien poco por aquello de privilegiar las siglas de BCN y continuar con el espíritu de fachada por encima de todas las cosas, vender la postalita y jamás pensar en términos de ciudadanía y menos de pluralidad.

La semana pasada estalló el asunto del instituto B9 de Badalona y el desalojo de muchos inmigrantes por parte del alcalde García Albiol, pionero a la hora de emprender políticas racistas sin velos ni máscaras. De repente, los periódicos y televisiones parecen haber descubierto América mientras hablan de la nula piedad hacia los damnificados, migrantes acusados sin mucha base de llevar a cabo actividades propias de delincuentes, además de verse obligados a dormir, literalmente, bajo un puente.

La reacción del mundo periodístico es elogiable, pero al andar tanto puedo decir que me resulta más bien hipócrita, entre otros motivos porque un grueso harto notorio de la profesión jamás ha refutado las consignas de los que mandan en torno a no hablar de lo poco frecuentado, se llame extrarradio o marginalidad, cuando, de hecho, parte de nuestra función debería ser la de informar de estas cuestiones, menos al alcance del lector común en su cotidianidad de casa al trabajo y del trabajo a casa.

En Barcelona existe una verdadera epidemia de barraquismo, con distintos formatos desde antes de la Pandemia. Cuando esta brotó en todo su esplendor, amparado por el brazalete de trabajador esencial, pude comprobar in situ como, aún entonces, Pere IV era la cara B del Fórum de les Cultures y los puentes, como ahora en Badalona, son estructuras en las que es fácil montar campamientos y resguardarte con ciertas garantías.

También deduje, sin muchas complicaciones, como el Ayuntamiento tolera la presencia de barracopolis de todo tipo, algunas con dimensiones de pequeños pueblos, mientras las infinitas obras no avancen hasta la ubicación donde se hallan. Otro rasgo conectado con esto es la sospecha de acciones vecinales más bien delictivas, como algunos incendios al lado de asentamientos, a simple vista provocados por la ira de unos pocos.

Otro punto es que los residentes en estas barracas suelen ser visibles para el resto de la población, con los que comparten la precariedad de vivienda, pero de un modo más grave porque son recién llegados y no disponen de nuestro proceso de alquiler, propiedad o herencia.

Los chatarreros tienen almacenes donde dejar su mercancía junto a flamantes edificios del 22@. Cuando termina su jornada van hacia sus nada escondidos rincones, otra paradoja. Es suficiente con darse un garbeo para dar con estas bolsas de miseria, a veces con matices individuales, con pobres que, para poder disponer de cuatro mal llamadas paredes, han adquirido una tienda de campaña, ubicándola bajo arcos o pórticos.

Estos últimos son afortunados. Los más desgraciados tienen cartones o piden sin tener nada más en el centro de Barcelona. Todos estos temas, como los campamentos en el parc de la Ciutadella, se olvidan de forma deliberada y es lamentable, como si los responsables de criticar aceptaran un orden de cosas nefasto, que de seguir así nos hundirá a todos sin ver el alba de protestas masivas, como si las problemáticas de los migrantes no fueran las nuestras, como si el Capitalismo hubiera devorado todos nuestros cerebros, propios de consumidores que no recuerdan el significado de la palabra colectivo. Feliz año nuevo.

(Visited 66 times, 1 visits today)

HOY DESTACAMOS

Deja un comentario