El primer cuarto del siglo XXI ha dejado un aumento de temperatura de entre 2,1 y 2,2 grados en el Alto Pirineo y Aran y en Poniente, según datos del Servicio Meteorológico de Cataluña (Meteocat), duplicando las previsiones iniciales. El experto en cambio climático de la Universidad de Lleida (UdL), Víctor Resco, alerta de que «veranos extremos y otoños más cortos han venido para quedarse«, confirmando una aceleración del proceso que ya se hace evidente con olas de calor más frecuentes e intensas. Si se mantiene el actual ritmo de consumo de combustibles fósiles, Resco apunta que el aumento podría llegar a los tres o cuatro grados en los próximos 25 años.
Este escenario obliga a sectores clave como el esquí a adaptarse. Las estaciones catalanas han apostado por tecnología avanzada en el pisado de pistas y la gestión de la nieve para asegurar la viabilidad de las temporadas. Según la Asociación Catalana de Estaciones de Montaña (ACEM), el uso de maquinaria de última generación y sistemas de medida del grosor de nieve permite conseguir hasta un 15% de ahorro en la producción de nieve artificial. Su presidente, Aureli Bisbe, destaca que la inteligencia artificial (IA) será clave para analizar datos meteorológicos y anticipar necesidades ante los cambios climáticos.
En Poniente, el aumento de temperatura ya tiene impactos directos en la actividad agraria y el territorio. La adaptación de las jornadas laborales al campo, la reducción de precipitaciones y el riesgo de desertificación marcan una nueva realidad, acompañada de un incremento de fenómenos extremos como granizadas y tormentas violentas. Solo entre abril y octubre se han registrado diecinueve episodios de este tipo, una cifra récord que evidencia cómo el cambio climático está redefiniendo el clima y los sectores económicos del país.













