La oposición a Laporta ya ha perdido las elecciones por timorata y cobarde

En lugar de aprovechar las primarias para que el mejor candidato salga reforzado, y con opciones de capitalizar el voto útil, siguen jugando a presentar sus ‘egos’, a dejarse derrotar por la ‘no renovación’ de Flick y con miedo a defender a Messi de Laporta

A pesar de sus colosales errores y mentiras, Joan Laporta lo tiene todo de cara para ganar las elecciones
A pesar de sus colosales errores y mentiras, Joan Laporta lo tiene todo de cara para ganar las elecciones.

Las elecciones que vienen parecen, en efecto, condicionadas poderosamente por la figura imperialista, dictatorial y populista de Joan Laporta. Los analistas creen que hoy sería elegido por aclamación, casi sin necesidad de pasar por las urnas, fiándose de esa sensación de que, con el primer equipo en cabeza de la  Liga y el Real Madrid sin jugadores pensantes que suplan la ausencia de un sistema eficiente, Laporta es absolutamente imbatible.

En esa percepción, que parece más o menos lógica y previsible, cuentan y mucho dos factores que nada tienen que ver con la aplastante superioridad de su relato y su metodología, básicamente reducida a negar la precariedad y la crítica situación económica y a procurar que su presencia y proyección mediática, con la servil complicidad de la prensa, enmascare sus enormes deficiencias de gestión y la pestilente impresión de que un mundo de corruptelas lo rodea todo hoy en el entorno de la directiva.

También ayuda la pasividad social, ese clima de anestesia y atontamiento colectivo, y la ausencia de un liderazgo y rupturismo en la oposición, hasta ahora formada por una cola cada vez más larga de personajes mediocres, aburridos, oportunistas o pasados de moda. Nada nuevo ni interesante bajo el sol laportista que pueda hacerle sombra al presidente, pues, aunque los estatutos prevén y regulan la sucesión de la junta directiva, en el Barça de hoy, porque Laporta se ha vuelto un megalómano incontrolable y fuera no hay quien le tosa, el desafío consiste en encontrar un peso pesado capaz de aguantarle al menos cinco o seis asaltos.

Para conformismo, el del propio Víctor Font que, como cabeza de la oposición, no sólo llega tarde a cualquier oportunidad y obligación de defender al barcelonismo de las fauces y canibalismo laportistas, sino que, desde hace semanas, intenta enfrentarlo con sus mismas armas, dejando a un lado sus análisis estructurales, sobre todo los económicos y financieros, bastante correctos, y tratando de igualarlo en verborrea y estrategia. El resultado es que se ha convertido en una mala copia de sí mismo.

Luego, erróneamente, el resto parece estar más preocupado en buscar excusas ante una derrota más que previsible, con unanimidad centrada en esa pérdida de tiempo y de esfuerzos sobre la necesidad de aunarlos en torno a una candidatura unificada.

Font abre esa puerta solamente de boquilla, ni le gusta ni le interesa a menos que los ‘otros’ se rindan y acepten ser parte de la tropa, no del puesto de mando. Marc Ciria ya ha negado la alianza con Font -nadie lo soporta- y juega a ser el llanero solitario del Barça de los tecnócratas y tanto Xavier Vilajoana como Joan Camprubí esperan la ocasión de subirse a un bote salvavidas. Muestras de que además del pánico a enfrentarse a Laporta le temen incluso a sus competidores preelectorales y sobre todo a una derrota salvaje en las urnas, pues está claro que no hay votos para salvar la dignidad de todos.

Joan Camprubí aparece especialmente desesperado tras el abrazo del oso que Flick le ha dado a Laporta como regalo de Navidad. No ha tardado nada en salir a proclamar, derrotado, que si no se acuerda una alianza única no hay partido.

No procesan, en cambio, que unas primarias duras, encarnizadas y llamativas entre ellos harían más fuerte al vencedor, que no sólo se llevaría el voto útil -el socio siempre acaba dentro de ese patrón-, sino que propulsaría su imagen y legitimaría su posición de fuerza contra Laporta. Eliminarse entre ellos, en lugar de darle mordiscos de hormiga a Laporta, parece más convincente que mostrar debilidad y victimismo colectivos.

Pero sobre todo, les convendría no dejarse cegar por lo que parece otro truco laportista, pues en el fondo esa actitud de Hansi Flick no le conviene a Laporta, que no ha atado, como pretendía y quería, la ampliación de contrato del técnico alemán. Al contrario, dándole la razón a quienes han apuntado que, si de él depende, se marcharía corriendo a final de esta temporada, dejar su futuro en el aire y a expensas de la continuidad de Laporta es la excusa perfecta para sus planes de no precipitarse firmando un contrato de más años que, por ahora, no le apetece.

A lo mejor es más efectivo salir como oposición a asegurarle que se cumplirá el contrato o, si es que no quiere seguir, empezar a jugar las cartas de Luis Enrique o de Arteta, por ejemplo.

Tampoco han salido en tromba, inexplicablemente, a defender a Messi de Laporta, de sus críticas y de su perversa utilización de su nombre. Con Leo les habría valido más ir de cara a favor de su barcelonismo, indudable e inequívoco, y no dejar ese vacío timorato de dudas, cobardía y se diría que de miedo a reivindicar que Laporta lo ha tratado y lo sigue tratando como un don nadie.

Que no se extrañen si luego no les votan ni los suyos. Tendrán que espabilar porque las elecciones ya hace días que las han perdido jugando infantilmente a las presentaciones de sus egos y no de sus verdaderas (buenas y acertadas, deberían serlo) intenciones barcelonistas.

(Visited 100 times, 2 visits today)

hoy destacamos

Deja un comentario

Noticias más leídas