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El peluche Cat reaparece sospechosamente de contrabando en Wallapop, a más del doble de su precio

El peluche Cat se vende de contrabando en Wallapop

El peluche Cat se vende de contrabando en Wallapop.

Del Barça de Laporta, sobre todo en asuntos de negocios, actividad comercial y patrocinios hay que sospechar que siempre hay gato encerrado. Con más motivo y fundamento, del complicado e inexplicable desarrollo del peluche Cat, que ya se ha convertido en otro motivo de decepción para los aficionados barcelonistas, en concreto para los miles de niños que estas Navidades no podrán disfrutar del suyo porque la factoría Laporta-Paloma Mikadze ha capitalizado otro de esos asuntos turbios y desconcertantes y han hecho desaparecer del mercado, con su magia negra, una cantidad incontable de Cat’s que no se saben a dónde han ido a parar. O sí, porque el Cat agotado desde hace días en el store oficial del FC Barcelona a 34,99 euros, sí puede adquirirse en Wallapop a precios que oscilan entre los 85 y los 120 euros. Todos los que se quieran. Y no en ningún otro portal.

La secuencia de la vida de Cat y de su viaje al mundo del estraperlo y el contrabando invita a pensar en que, desde el principio, nació como una estrella para lo bueno y para lo malo. Aunque fue presentado como la mascota del 125º Aniversari del FC Barcelona, la verdad es que su identificación con esta efeméride duró tan poco o nada como el propio 125º Aniversari, que ha sido  declarado desierto en la historia del club por su intrascendencia, falta de arraigo social y agenda, limitada al acto del arranque en el Liceu, donde el protagonismo se lo llevó Laporta, borrando maliciosamente del guión cualquier rasgo institucional e histórico o de reconocimiento al barcelonismo, y la imposibilidad de celebrarlo, como se había prometido reiterada y embusteramente a los socios en la reapertura del Spotify, finalmente retrasada a un año más tarde.

Como ha acabado siendo la comercialización del peluche del Cat, el 125º Aniversari fue otra burla del laportismo. El caso es que, a falta de eventos, el Cat fue paseado por todos los pequeños y grandes actos, celebraciones y partidos a lo largo de una temporada que, al amparo y rebufo de la explosión de Lamine Yamal, convirtió a Cat en el símbolo y reflejo felicísimo de los éxitos del Barça de Flick. El baile inolvidable de Lamine Yamal con Cat en la celebración de la Liga causó un efecto desbordante de ilusión y alegría, además duradero en este caso entre la población infantil especialmente y entre los aficionados en general gracias a que alguien decidió evitar la insufrible sesión de parlamentos de los jugadores.

Cat ya era famoso, y no hace falta ser un genio para intentar aprovechar un filón como el de una mascota adoptada universal y espontáneamente por todos los niños del Barça del mundo, entre el área de Marketing, Comercial, BLM, Barça Identity y Barça Media 360 -unas cincuenta personas como poco- alguien puso sobre la mesa la idea de lanzar el peluche de Cat para Navidad, el regalo perfecto para las familias azulgrana.

Al frente de la operación fue puesta la inefable Paloma Mikadze, hija de Manana, la jefa de gabinete del presidente y paradigma del nepotismo reinante en el Barça de Laporta, y medalla de oro en chapuzas, como la plataforma de streaming que iba a retransmitir la pretemporada del Barça el verano pasado o el patinazo de lanzar un anuncio, con Laporta haciendo de Timbaler del Bruc, fijando el Gamper para el 10 de agosto en el Spotify.

Paloma Mikadze, un seguro infalible de desaguisado, ya advirtió unos meses antes, cuando desde el propio club se filtró y lanzó la noticia de que para Navidad el regalo estrella sería el Cat en forma de tierno y adorable peluche, que convertirlo en un muñeco de tres dimensiones era “muy complicado y muy difícil”, que ya llevaban muchos meses “trabajando”.

Y acertó, pues el Cat miniaturizado no llegó hasta el 5 de diciembre y, tras agotarse, sólo ha salido a la venta una segunda remesa de 5.000 unidades -al menos así lo informó el FC Barcelona- que también se vendió íntegramente en la Botiga y on line en pocas horas.

Por orden cronológico, tres cuestiones sorprendentes. La primera, la presunta complicación de fabricar el peluche de Cat con la actual tecnología, inexplicable. La segunda, en cualquier caso, sólo poner a la venta un cupo realmente bajo y ridículo. Suspenso catedralicio en estrategia y cálculo de mercado, bajo sospecha de premeditación. Y la tercera, vergonzosa o capciosa a parte iguales, la sentencia de Paloma Mikadze en 3Cat confirmando que los Reyes Magos no podrán repartir Cats, pero que si lo encargan es posible que finalmente les llegue a los niños, eso sí, más tarde del 6 de enero.

Surgen tantas preguntas y recelos que, más allá del despropósito comercial del asunto, la respuesta está en Wallapop, único portal donde encontrar, antes de Reyes, un Cat por un precio por más del doble de su precio de salida.

¿Será por eso, porque el final de cada uno de sus proyectos deja insatisfechos a millones de barcelonistas y a unos cuantos, muy pocos, rentas millonarias, que Paloma Mikadze es la ejecutiva favorita de Laporta?

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