El tiempo y las finanzas desbocadas de Joan Laporta han demostrado, sin margen de error ni de cálculo, que Leo Messi nunca fue un problema económico ni la decisión de hacerlo fuera de un día para otro respondía a esta última versión de poner al club por delante y por encima de las personas y de cualquier futbolista, relato que el presidente ha desenterrado ahora para justificar que si Leo sigue enfadado con él es porque no es tan barcelonista como dice.
El Barça casi nunca había dispuesto de una plantilla del primer equipo más cara ni más corta que en la temporada actual 2025-26, con un coste medio salarial de 17 millones por cabeza. Así lo refleja la memoria oficial del Barça de Laporta, con un coste por jugador, de salario bruto, no muy diferente al del equipo del ejercicio 2018-19 en el que Messi ya figuraba con una ficha de unos 100 millones anuales. La media por jugador de aquel curso fue de 17,6 millones en una plantilla formada, además de Leo, por nombres como Ter Stegen, Sergio Busquets, Gerard Piqué, Jordi Alba, Luis Suárez, Ousmane Dembélé o Philippe Coutinho, tan relacionados con fichas estratosféricas, desproporcionadas e inagotables. Los sueldos del primer equipo, hoy, representan solo 600.000 euros más por dorsal que entonces.
Ahora bien, si se aplica a esta masa salarial la rebaja de los 100 millones que ya cobraba Messi, el sueldo medio resultante quedaría establecido en 13,5 millones, es decir, 3,5 millones menos que en el vestuario de Lamine Yamal y compañía.
El dato revela hasta qué punto el relato heroico de Laporta sobre la rebaja de la masa salarial, a pesar de ser objetivamente cierto en cifras globales y porque LaLiga aplica un control estricto y límites al fair play, no lo es tanto cuando se rasca más allá de la superficie, de la propaganda, también de la manipulación, y se ajustan los cálculos.
Lo que el socio no ve y lo que tampoco se detalla a menudo son las cantidades reales y precisas de la masa salarial, que para esta temporada es de 565 millones, incluyendo sueldos y amortizaciones de todos los equipos profesionales. En 2018-19, esta partida ascendió a 671 millones, récord aún no superado. Sin embargo, el primer equipo de fútbol reflejaba hace seis años un gasto de 427,6 millones en fichas y 140,8 millones en amortizaciones, frente a los 391,8 millones en fichas y 66,5 millones en amortizaciones de la plantilla actual de Hansi Flick. En cuanto a los salarios, el contraste no es tan grande si se tiene en consideración que el ‘mantenimiento’ de Leo se contabilizaba íntegramente en la columna de salarios al proceder de la Masía y, por tanto, sin coste de fichaje pendiente de amortizar.
A Laporta, básicamente, el descenso en el gasto del primer equipo le viene por una sola razón: porque LaLiga le sujeta todo lo que puede a la hora de fichar y, en directa proporción, la columna de amortizaciones se va reduciendo.
No obstante, todo el mundo sabe también que este volumen de sueldos tampoco es del todo real, ya que toda la plantilla ha firmado ampliaciones de contrato a cuatro, cinco y seis años vista con cantidades crecientes y cargando todo el peso en el tramo final de su carrera para aligerar hoy el fair play tanto como sea posible. Y aun así, a falta de la revisión tras el mercado de invierno, el fair play azulgrana figura excedido en 118 millones ni más ni menos.
Por lo tanto, es imposible reforzarse sin salidas, cuya traducción al margen salarial está muy lejos del 1:1. Solo la mitad de las nóminas y amortizaciones liberadas eventualmente podrían afectar en positivo, es decir, restar, a este saldo crónico en números rojos desde hace años.
Los ingresos anuales con Messi habrían mejorado en 200 millones
Otra muestra inequívoca de que, tras la pandemia, eliminar a Messi de la ecuación no fue una solución estructural -más bien todo lo contrario- la reconocen los propios expertos laportistas que ahora cuantifican su posible retorno en un beneficio neto de 200 millones anuales. Si Messi estaba atado por 60 millones de ficha para la 2021-22 y hubiera aceptado incluso menos, resulta fácil deducir que darle la patada fue una operación ruinosa. Si se añade el estallido comercial que habría supuesto para el Barça el Mundial de Leo y la posibilidad de alinear juntos a Messi y Yamal, ya es para echarse a llorar.











