Que 2026 no sea como lo que parece que nos viene encima

Bluesky

Parece que desear un «feliz año nuevo» a la gente con la que intercambiamos saludos estos días es pedir lo imposible. Nada hace pensar que 2026 sea un año feliz. De hecho, en un mundo repleto de injusticias y desigualdad los años que vamos consumiendo nos ponen ante la evidencia de que los que gobiernan la Humanidad no lo hacen bien. Pero desde siempre hemos vivido con la ilusión de que un año nuevo sería un poco menos malo que el que dejábamos atrás. Esta vez ya me diréis en qué debemos basar esta ilusión.

2025 se ha evaporado empeorando día a día. Hemos vivido el genocidio de Gaza ante la apatía o, incluso, la colaboración de buena parte de la comunidad internacional incapaz de hacer un gesto tan sencillo como prohibir la participación de Israel en el Festival de Eurovisión. Putin sigue con su aventura militar en Ucrania y sus drones campan por doquier y atacan cómo y cuándo quieren y, de vez en cuando, nos envía algunos a Europa para amenazarnos. Sudán está sufriendo una crisis humanitaria terrible con el mundo mirando hacia otro lado.

Seguimos. La extrema derecha va ocupando espacios de poder político y mediático cada vez mayores. El espacio económico ha estado en sus manos desde que el mundo es mundo. Estados Unidos tiene el peor presidente de su historia, capaz de hacer un vídeo donde tira mierda desde un avión a los manifestantes que protestan contra él o insultar, tras su asesinato, a un director de cine que le criticaba.Trump ha aprobado una Estrategia de Seguridad Nacional que anuncia el apoyo a todos los partidos y grupos que socaven la sociedad del bienestar y democracia que representa la Unión Europea. Con el apoyo del dinero y las amenazas de Trump, partidos ultras ganan terreno en Europa y América Latina.

José Antonio Kast, que apoyó la dictadura de Pinochet, es el nuevo presidente de Chile. Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal corrieron a felicitarlo. Esta parejita baila junta y, a veces, hacen ver que se pelean pero a la hora de la verdad siempre se abrazan. El golpe de estado judicial contra el Fiscal General del Estado se ha ejercido a la vista de todos. Cinco jueces no han tenido ninguna vergüenza en condenar a un inocente simplemente porque son unos ultras y su ideología predomina por encima de su profesión.

Los medios de comunicación y las redes sociales están controlados de forma abrumadora por millonarios que no tienen ningún interés en que el poder pase a manos de gente progresista. En España tenemos una Fachoesfera en expansión, mal del que sufre la inmensa mayoría de países. Ser periodista en este sector de poderosos ultraconservadores significa enfrentarse a la precariedad y arriesgarse a las querellas multimillonarias si se denuncia las maniobras corruptas de un cabecilla poderoso. Queda la opción de ponerse a sueldo de un medio de derechas o de extrema derecha. Dignidad o salario, esta es la cuestión.

La resistencia existe. Hay periodistas que impulsan medios económicamente modestos pero moralmente inmensos que salen adelante con poco dinero y las aportaciones de los ciudadanos. EL TRIANGLE ha llegado a los 35 años así. Y no estamos solos en un combate desigual pero al que nunca renunciaremos.

Me gusta aquella frase que dice que «si no vivimos para servir, ¿de qué sirve vivir?».

Prepárate 2026 porque seguiremos viviendo para servir las causas justas con espíritu fraternal.

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