Aunque no hay una fecha concreta para la apertura de la Fase 1 C del Spotify, al presidente Joan Laporta se le ha escapado en alguna ocasión que “esperamos estar en disposición de completarla para final de año”. Nuevamente, va a ser que no. Al menos la directiva no ha dejado entrever un solo indicio sobre la posibilidad de que para el Barcelona-Oviedo de la jornada 21ª de Liga -prevista para el 24 o 25 de enero- sea algo más que una mera expectativa. De hecho, se venden entradas con la distribución actual.
Menos aún que los socios puedan beneficiarse de esta eventual ampliación -cuando llegue, si llega- hasta final de curso si la directiva no contempla un cupo de altas proporcional a la disponibilidad de más asientos. De momento, hasta ahora, la directiva no ha anunciado ni ha valorado públicamente pases de temporada para media temporada específicamente para este futuro escenario.
La totalidad de los pases de temporada 2025/26 se vendieron para el resto de la temporada completa, con prioridad a abonados previos en Montjuïc. Las expectativas se reducen teniendo en cuenta que en el siguiente partido de Liga, contra el Espanyol, el Barça habrá completado el meridiano de la competición por lo que respecta a la Liga. Otra cosa son la Champions League y la Copa del Rey que han de aún han de añadir a la temporada las mejores y más emocionantes experiencias.
La apertura de la Fase 1 C, en teoría el Gol Nord completo, supondrá un salto cuantitativo sustancial con relación a la Fase 1ª circunscrita al ámbito de Gol Sud y Tribuna que abrió con un aforo aproximado de 26.000 plazas. Tras el acondicionamiento sede la Fase 1 B, se incorporó el Lateral del estadio, manteniendo Gol Nord aún cerrado con un límite de unos 44.000 asientos, considerado por el club como el umbral mínimo para que fuera económicamente viable abandonar Montjuïc.
Precisamente, esa prioridad consolida la política de castigo a los socios, pues a cada paso en la vuelta a la normalidad se amplía la admisión de turistas y se reduce el porcentaje de barcelonistas con el pase de temporada, por ahora limitado a quienes, en algún momento, excepto a los expulsados de la Grada d’Animació, adquirieron el pase de temporada (el abono, en definitiva) durante el exilio. De esta forma, el FC Barcelona cuenta actualmente con 24.800 socios con pase de temporada 2025/26 (21.186 de ex-abonados de Montjuïc (2023/24 y 2024/25) y 3.614 de ex-abonados del Spotify Camp Nou vía sorteo entre los 10.302 inscritos) a los quese asigna una localidad de forma aleatoria cada partido, eso sí, previa solicitud en un proceso que no es ni mucho menos satisfactorio para ese colectivo, agravado porque desde el primer día en Montjuïc se les entrega la entrada (telemática o digitalmente) cada vez más tarde y en ubicaciones siempre distintas y normalmente de peor calidad que a los turistas o público ocasional. Y en el partido frente al Alavés, ni eso, pues miles de afectados no pudieron ni acceder al estadio porque falló el sistema informático (sospechosamente con indicios de overbooking) y los que finalmente lo consiguieron tuvieron que buscarse la vida para sentarse donde hubiera un hueco o en las escleras.
En consecuencia, de suponer el 95% de cuerpo social sobre el aforo, en al Fase 1 B, la reducción llevó esta cifra al 56%, todavía con cierta inferioridad respecto al espectador ocasional. Cuando reabra el Gol Nord con 60.000 asientos, el porcentaje ya se quedará en 41,3%, algo menos incluso que en Montjuïc. Por eso también cuesta creer que esa directiva, en el momento de la verdad, se avenga a cumplir lo prometido, recuperar a los 85.000 abonados con los que sedespidió el Camp Nou (85% en la práctica) y además permita crecer, vía lista de espera, esa masa social con abono a 90.000 socios sobre un aforo de 105.000 almas. O lo que es lo mismo, mantener el 85% con una cuota económica. Frente a la necesidad urgente, opresiva y legal de generar ingreso es muy posible que GoldmanSachs, el propio Laporta, tras las elecciones, impongan tarifas realmente disuasorias para tantas familias barcelonistas. Solo es cuestión de tiempo porque el modelo de financiación Laporta, que ha abocado a una deuda impagable, no se sostiene.











