Laporta tampoco firma el divorcio con Florentino a pesar sus ataques

La postura crítica y desafiante del presidente del Madrid, enarbolando la bandera del caso Negreira contra el Barça, todavía es solamente un recurso para desviar el foco de su mal momento futbolístico

Joan Laporta - Foto: FC Barcelona

Que el Real Madrid -o sea, Florentino Pérez- recurra al caso Negreira para decorar y enmascarar los graves problemas de transición futbolística por los que su equipo atraviesa en la era post-Cross y Modric, tan evidentes, forma parte de la dinámica mediática y propagandística del circo. No faltan opinadores del Real Madrid, esos de la antigua secta de la caverna, recientemente elevados por Joan Laporta a la categoría de «madridismo sociológico», que le están recordando lo tibio, recatado e inmovilista de su reacción en los orígenes del caso Negreira.

Solo hay que echar mano de la hemeroteca o de los comentarios del presidente de LaLiga, Javier Tebas, sobre el brindis navideño Florentino de 2025, tan distinto al de años atrás. «Que no te construyan el relato, presidente. En un proceso judicial, la intervención no es a gusto del interesado, sino conforme al orden legal de personación en el procedimiento. El orden fue claro y rotundo: el fiscal, el abogado de Estrada Fernández, LaLiga (aunque actuamos antes en Fiscalía). Y finalmente, el Real Madrid, que fue el último en personarse. ¿No recuerdas por qué fuiste el último? La pasividad, entonces. Por cierto, el fiscal formuló 19 preguntas; el abogado de Estrada, dos, antes de la formulada por el abogado de Laliga. Y cabe recalcar que las cuestiones que el Real Madrid intentó plantear después ya habían sido respondidas por Luis Enrique y Valverde. Hablar de «pasividad» en este contexto no solo desprecia el procedimiento judicial, sino que falta al respeto a la inteligencia de cualquier persona que sepa cómo funciona un juzgado. Eso no es indignación: es teatro. LaLiga respeta los procesos, actúa cuando debe y no construye relatos. Otros, lamentablemente, sí», le ha recordado.

En el juego mediático y propagandístico alrededor de la actualidad priman el oportunismo y los intereses, incluso los privados, como cuando Laporta, en la puerta de la Ciutat de la Justícia tras testificar ante el juez en un caso de estafa vinculada a su pasado en el Reus, salió clamando, excitado y convulso, buscando los micrófonos y las cámaras: «¡Es una vergüenza que no pitaran penalti a Koundé!», de un partido disputado tres días atrás. La prensa, siempre servil y encantada de colaborar con un presidente que le da titulares y la manipula, comió de ese desvarío dos días más sin pegar un palo al agua y, por supuesto, rescatando una jugada de Getafe-Barça enero de este año, inicialmente sepultada por las críticas al equipo tras empatar en el Coliseum en una actuación más bien mediocre.

Lo que hizo Laporta fue desviar la atención porque en ese contexto puntual le convenía. Igual que desde hace un año y medio encuentra guapo y no detestable a Javier Tebas, de quien había echado pestes y al que había maldecido en voz alta al principio del mandato, pese a que le dejó jugar a las palancas con cierta frivolidad por su parte. Las rajadas de Laporta en su contra eran descarnadas y hoy se abrazan incluso cuando choca -permanentemente, por parte de la presidencia azulgrana- la normativa y rigor de LaLiga con el instinto tan laportista de burlarla y desacatarla.

También echó mano sistemáticamente del lloriqueo arbitral cuando el Barça debió afrontar el vacío dejado por la decisión de Laporta de echar a Messi y terminar la no menos inevitable etapa final de la generación más gloriosa de la historia del Barça. Es decir, la salida más o menos traumática de jugadores como Busquets, Piqué y Jordi Alba. Eran tiempos en los que el equipo fue dando tumbos y acabando dos temporadas seguidas eliminado en la Europe League.

En la hemeroteca se pueden encontrar, de esa época, interminables referencias excusadoras sobre los arbitrajes y el Real Madrid en boca del presidente del Barça. «Me gustaría hacer una referencia a un club que dice que se siente perjudicado que es el Real Madrid. Todos sabemos que ha sido favorecido históricamente y en la actualidad. Es el favorecido por los motivos que sean», dijo en una asamblea.

Otro día, en plena temporada, no dudó en levantar la voz: «Lo que pasó en el Bernabéu con el Almería fue una vergüenza. Podíamos recortar puntos y, por un rearbitraje del VAR, no se ha producido. Creo que el colectivo arbitral tiene que dar respuesta a una serie de presiones que se han producido durante toda la temporada a los árbitros, y si no la dan, nos dejan muy inquietos porque entiendo que hay un abandono de funciones».

«Si no hay una mano blanca en el arbitraje, se le parece mucho», dijo en otro momento, también porque coyunturalmente le era útil, igual que las decenas ocasiones en las que ha recordado que «El Real Madrid era considerado el equipo del régimen de turno por su proximidad al poder político, económico y deportivo. Durante varias décadas, los presidentes del CTA eran exsocios del Real Madrid, exjugadores o exdirectivos del Real Madrid. Durante 70 años, los que han designado quien tenía que impartir justicia han sido como he dicho exsocios, exjugadores, exdirectivos y, en algunas ocasiones, hasta todo a la vez. Que este club considere que se siente perjudicado en el mejor periodo de la historia del Barcelona me parece un ejercicio de cinismo sin precedentes».

Y cuando ha sido necesario, el que ha recibido ha sido Javier Tebas, a quien acusó de «tener fobia al Barça» y querer «dominarlo desde la distancia. Se ha quitado la careta», le dijo en alusión a su madridismo, y no dudó en fomentar otra teoría de la conspiración tras el comunicado de fair play financiero de La Liga sobre el Barça, que no podía inscribir a Dani Olmo y Pau Víctor: «Jugamos contra el Atlético esta noche y esta noticia salió de repente. Es un intento de desestabilizar al Barcelona. Lo que no pueden lograr en la cancha, lo están intentando lograr en las oficinas», declaró.

Una rueda que seguirá girando en función de las circunstancias y, sobre todo, de los resultados. En todo caso, más allá del contexto, lo que Laporta debe valorar no es tanto que saque Florentino Pérez enarbole hoy la bandera del caso Negreira para salir del apuro futbolístico. La cuestión de fondo es si le está avisando, o amenazándolo, de poner en marcha la maquinaria que Florentino es capaz de activar, si se lo propone, como en el caso Neymar, por cierto, en connivencia decisiva en aquella ocasión con el entorno de Laporta, en una jugada que acabó con Sandro Rosell dimitido y finalmente en la cárcel, preventivamente.

Laporta sigue dando a entender en sus mensajes que el Barça ya no juega a favor de la Superliga, lo insinúa al menos, y que busca la paz con la UEFA, algo tan sencillo como reingresar en la European Football Clubs (EFC, antes ECA) en una maniobra que sí reforzaría ese presunto divorcio de Florentino. Un paso que, sin embargo, no se atreve a dar. ¿Por qué? Todavía no ha llegado a ese punto de insensatez. Todavía.

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