A Puigdemont le mueven la silla como líder de Junts

Crece el malestar en Junts con la actitud errática del expresidente, a quien ya ven como un político amortizado, y se empiezan a producir movimientos internos para buscarle un recambio como próximo candidato a la Generalitat.

Bluesky

¿Está amortizado Carles Puigdemont? No es una pregunta retórica. Es la incógnita que se está despejando entre algunos círculos de Junts per Catalunya (JxCat), que ven a su líder desgastado y falto de ánimos para continuar al frente de la formación. El partido está en caída libre, con una camarilla cercana al presidente que mueve los hilos como quiere, que ha barrido la oposición interna y que rinde culto al líder supremo, evitando que nadie pueda ponerlo en cuestión.

La última encuesta del Centro de Estudios de Opinión (CEO) ha sido el golpe más duro de la era Puigdemont. El partido que en otros tiempos era mayoritario en Cataluña, que gobernó durante décadas de la mano de Jordi Pujol y que dejó huella en la historia, es ahora un juguete roto que puede pasar a la cuarta posición del ranking de partidos catalanes. Además, puede ser superado por una fuerza nueva, de solo dos años de vida, como es Aliança Catalana (AC), el partido de Sílvia Orriols.

No hay duda de que con los 20 escaños escasos que les dan las encuestas, Junts ha vivido días mejores y que Carles Puigdemont se encuentra en el peor momento, políticamente hablando, de su trayectoria. «Es evidente que ha sufrido más desgaste que los restantes líderes políticos debido a sus circunstancias personales. Además, tener que ejercer de jefe de la oposición desde Bélgica, sin poder tomar la palabra en los plenos, es un hándicap que a cualquier otro lo habría hundido hace años. Si Puigdemont hubiera podido hablar en el Parlament, su imagen sería mucho más positiva y Sílvia Orriols no estaría tan lanzada como está», le disculpa un cargo de JxCat.

Esta excusa es la que usan los círculos más cercanos al líder de Junts para amortiguar su culpa de la situación. En determinados sectores del independentismo, la estancia en Bélgica es, precisamente, la razón de ser de su estrategia. «Ha querido jugar la basa del victimismo y se le ha escapado de las manos. Ahora no puede recuperar terreno ni es creíble», razona un crítico, antiguo puigdemontista, que ahora busca la sombra de un árbol mejor.

Y asegura, además, que «a Puigdemont lo quiere y lo necesita solo una parte de Junts. Ni siquiera todo Junts está con él, porque preferirían otro líder. Desde fuera de su ámbito, da la sensación de que es un líder amortizado y que debe dar un paso al lado o girar hoja y optar por otra estrategia que no anteponga sus deseos personales a los del país».

Los diferentes sectores de Junts empiezan a mirarse de reojo ante lo que parece el declive imparable de su líder. El sector municipalista mira con desconfianza al círculo más cercano al presidente del partido, y viceversa. De hecho, Puigdemont ha estado lanzando mensajes en clave al sector municipalista desde hace meses, porque tiene miedo de que su sustituto sea consensuado desde dentro del partido en los círculos más influyentes de los alcaldes.

Por este motivo, según afirman fuentes internas del partido, exalcaldes de referencia han recibido llamadas de Waterloo para sondear el ambiente dentro de los círculos municipalistas. Y, especialmente, Puigdemont se ha mostrado interesado en los pasos de un alcalde de una población importante de la demarcación de Barcelona, a quien desde su entorno se señala como el posible líder de este sector más pragmático que podría intentar un golpe de mano interno y cambiar la cúpula de Junts.

Nogueras, al alza

Este sector, no obstante, podría transigir con un cambio que no implique necesariamente sustituir a Puigdemont por uno de los suyos. Los ojos se han puesto en la portavocía del partido en el Congreso de los Diputados, Míriam Nogueras, como el recambio lógico para encabezar la lista de JxCat en las próximas elecciones autonómicas de 2028. «El papel que está haciendo Míriam Nogueras en Madrid es excelente. Gusta más que el papel que hace el propio Puigdemont, y cada día se está revalorizando más. De hecho, hay sectores que apoyarían su candidatura antes que volver a repetir con Puigdemont», admiten fuentes internas de la formación.

La escenificación de la ruptura con el PSOE ya recayó sobre sus hombros, y cumplió con creces con las expectativas que se esperaban de ella. Además, no genera rechazo entre los sectores moderados del partido. Incluso dicen de ella que sabe modelar su discurso. «Es joven, es mujer, tiene experiencia y sabe moverse en la dialéctica política. Podría ser una buena candidata de consenso que unifique los segmentos más radicales de Junts con los más moderados que provienen de Convergència», glosan en el partido.

No es el único nombre que suena. Algunos pequeños sectores van dejando caer nombres para sondear su acogida. En las comarcas de Girona, por ejemplo, se pone encima de la mesa el nombre de Salvador Vergés, el pico de oro de Junts d’estas comarcas y flamante nuevo portavoz parlamentario, como un buen candidato.

Desde algunos ámbitos del partido se asegura que Vergés tiene pocas posibilidades de encabezar la lista, aunque reconocen que ha ganado puntos por su cintura política y su discurso belicoso. Pero no tiene apoyos de las estructuras del partido ni de las bases, por lo que su salto al frente de lista es una quimera. «Es cierto que algunos excéntricos han hablado un poco de eso, pero de momento cualquier movimiento que haga está destinado al fracaso. No tiene entidad, perfil ni apoyos para sustituir a Puigdemont».

Ocurre lo mismo con otras figuras de peso, como Jordi Turull. «Su papel ha estado demasiado unido al de Puigdemont para poder sustituirlo. De momento, Turull es un buen secretario general, pero no se ve como sustituto de Puigdemont». Además, está, de momento, inhabilitado para ocupar un cargo público tras su sentencia, ya que los tribunales le han aplicado la amnistía, pero no le han anulado la inhabilitación de 12 años, que finaliza en 2030.

En el partido pocos se atreven a apuntar la pata por debajo de la puerta porque temen que se les lamine, como ha hecho Puigdemont con toda la oposición interna estos años. Pero también es cierto que empiezan a cuestionar al líder con la boca pequeña y en petit comité.

«Junts no está haciendo su tarea como el partido de oposición que es. Ha habido una inacción parlamentaria preocupante. Por un tacticismo mal entendido, se ha girado la espalda al Govern que preside Salvador Illa cuando se habría podido llegar a acuerdos importantes y a marcar el ritmo de la política desde la oposición. Pero no se ha hecho nada. Y eso es culpa de Puigdemont y de la gente que él ha puesto al frente del grupo parlamentario. No puede ser que un partido pequeño nos pase la mano por la cara cada día y que los nuestros no reaccionen», critica un veterano militante de Junts.

Y hay otro dato muy preocupante: «Normalmente, el primer partido de la oposición va ganando apoyo popular e intención de voto a medida pasa el tiempo. Con Junts ha pasado justamente lo contrario: cada día que pasa, perdemos un montón de votos. Esto es porque no se ha hecho el trabajo que la gente esperaba de nosotros. Algo ha fallado, y es culpa nuestra. No podemos mirar hacia otro lado y no hacer autocrítica», subrayan desde los sectores críticos a Puigdemont.

Hay otro detalle que provoca recelos: la estrategia seguida por Carles Puigdemont y sus acuerdos con el PSOE. «Da la sensación de que se guía por motivos personalistas, al margen de lo que es conveniente para el partido o para el país», dicen los críticos. Es una acusación que también le hacen desde otras formaciones y que ha provocado divisiones en el seno del independentismo. Los vaivenes en los pactos entre Junts y PSOE fueron el detonante de la diáspora política de muchos puigdemontistas convencidos de que ahora se identifican más con los postulados de Aliança Catalana.

Sus flirteos con Pedro Sánchez y la relación de amor/odio entre ambos han creado una atmósfera rara en la política española: el socialista ha modelado su estrategia de gobierno a las peticiones de Junts, y Junts le prestaba, mientras tanto, sus votos. La escenificación final de una ruptura anunciada por incumplimiento de contrato solo se produjo cuando Junts tenía sondeos internos que le anunciaban su caída en picado y la ascensión imparable de Sílvia Orriols.» Fue un último cartucho para dar un golpe de efecto ante la opinión pública, entablar los sondeos oficiales del CEO y volver a poner en primer plano a Junts como la fuerza combativa del independentismo catalán», dice uno de sus críticos. La caída en las encuestas era un secreto que sabía todo el mundo dentro del partido. Todo el mundo sabía que o se hacía un golpe volando en la estrategia o JxCat se estrellaría en la primera curva. Lo que medita ahora el líder de Waterloo es cómo saltar del coche mientras este marcha a toda velocidad.

*Puedes leer el artículo entero en el número 1647  de la edición en papel de EL TRIANGLE.

(Visited 104 times, 1 visits today)

Te puede interesar

Deja un comentario