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El AMB trabaja en un nuevo modelo de tratamiento de residuos con horizonte 2035

Los contenedores inteligentes se están extendiendo por los municipios metropolitanos.

Los desechos pueden convertirse en recursos y su tratamiento inteligente abre un amplio abanico de oportunidades, además de contribuir a la mejora del medio ambiente. La gestión de los residuos domésticos en el área metropolitana, competencia del Área Metropolitana de Barcelona (AMB), es uno de los servicios clave para garantizar el buen funcionamiento de la conurbación.

Con una generación anual que se aproxima al millón y medio de toneladas, el territorio necesita un sistema sólido de instalaciones de tratamiento y unos flujos eficientes que permitan afrontar con garantías este reto ambiental y social. De este equilibrio dependen, en gran medida, tanto la calidad ambiental como la calidad de vida de los 3,4 millones de ciudadanos que viven en los 36 municipios que conforman el AMB.

La creación del sistema metropolitano de tratamiento de residuos, en 1997, representó un punto de inflexión en la manera de entender el destino de los residuos. El AMB dejó atrás un modelo basado mayoritariamente en los vertederos e impulsó la construcción de plantas de tratamiento pioneras en el Estado, caracterizadas por su dimensión y tecnología avanzada. Paralelamente, se desplegaban los contenedores para la recogida selectiva.

Sin embargo, el modelo mayoritario implantado entonces –basado en contenedores abiertos en la calle para cada fracción– hace tiempo que muestra signos de agotamiento. Los datos lo confirman: la recogida selectiva se ha estancado en torno al 40%, un porcentaje lejos de los objetivos marcados por la Unión Europea. En este contexto, el Área Metropolitana de Barcelona (AMB) ha presentado su nueva estrategia para el tratamiento y la gestión de los residuos municipales, una hoja de ruta que quiere dar respuesta al estancamiento de los índices de recogida selectiva.

Para revertir esta situación, varios municipios metropolitanos ya implantan sistemas de recogida con identificación de usuarios –como el puerta a puerta o los contenedores inteligentes– y prestan las tasas municipales al nuevo modelo. El objetivo es incrementar de manera sustancial la separación en origen y, al mismo tiempo, adecuar el conjunto de infraestructuras a la nueva realidad que se está implementando.

La hoja de ruta del AMB prevé un aumento significativo del número de instalaciones de tratamiento, con la construcción de plantas especializadas y la transformación de centros existentes para adaptarlos a los nuevos flujos y composiciones de residuos.

Objetivos para 2035

Entre los objetivos fijados para 2035 está la reducción del 10% de la generación total de residuos respecto a 2010, otro 10% de reducción en la fracción de envases respecto a 2018, alcanzar una tasa de reciclaje del 65%, mantener los impropios de la orgánica por debajo del 15% y limitar a menos del 10% el resto enviado a depósito controlado.

Priorizar la prevención

La nueva estrategia pone el foco en la prevención: la mejor herramienta para reducir residuos es no generarlos. En esta línea, el AMB recuerda que ya dispone de servicios consolidados como Millor Que Nou, activo desde 2010, que fomenta la reparación de objetos y evita cerca de 20 toneladas de residuos anuales. Ahora, sin embargo, el salto es cuantitativo: la entidad metropolitana prevé crear varias plantas de recuperación de materiales con almacenes, talleres de reparación y espacios de exposición, con la voluntad de impulsar la economía circular.

Estas nuevas instalaciones incluirán plantas de recuperación de materiales, que recibirán objetos de las diferentes recogidas específicas, los basureros y la recogida de voluminosos, y tendrán un almacén, un taller de reparación y una tienda o espacio de exposición. Las plantas de gestión de excedentes alimentarios tendrán obradores que evitarán el desperdicio, y las plantas de lavado de envases permitirán evitar los envases de un solo uso.

Obtención de biometano

El tratamiento de la materia orgánica es uno de los pilares del nuevo sistema. Actualmente, la mayor parte de la orgánica separada correctamente se trata en los ecoparques, que producen compost y biogás. En cambio, la fracción orgánica que llega mezclada con la fracción resto presenta una calidad muy inferior y no se puede aprovechar de la misma manera. Además, el coste del tratamiento es el doble: unos 130 euros por tonelada de resto, frente a los 65 euros de la orgánica que está bien separada.

El modelo futuro plantea reconvertir los ecoparques en plantas integrales de orgánica y aumentar su capacidad de tratamiento (150.000 toneladas anuales adicionales) y de generación de recursos. Del modelo actual de producción de compost y biogás se pasará a generar abonos y fertilizantes a la carta y, por medio de técnicas de enriquecimiento (upgrading), será posible transformar el biogás en biometano, que tiene un potencial energético mucho mayor y puede considerarse una energía renovable.

La actividad de estas plantas principales estará reforzada por dos plantas auxiliares de orgánica, de nueva construcción, que harán el pretratamiento de los residuos y enviarán el producto resultante a las plantas principales.

Instalaciones postratamiento

Con el nuevo paradigma de infraestructuras, también se simplificarán las líneas de tratamiento de resto y se incorporará una planta de postratamiento para reducir aún más el volumen de rechazo destinado a depósito o valorización energética. La meta es que menos del 16% de los residuos acabe en una instalación finalista y que sólo un máximo del 10% acabe en un depósito controlado.

La legislación europea ya obliga a los productores de envases, aparatos eléctricos, pilas y papel a financiar la gestión de los residuos una vez que el producto llega al final de su vida útil. La nueva normativa incorporará también el textil y los voluminosos, y prevé que en los próximos dos años se active un sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) para determinados envases.

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