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‘El Chiringuito’ se ríe del Barça por la ignorancia de los ‘hombres de Laporta’

Jota Jordi, a 'El Chiringuito' (Atresmedia)

Uno de los pilares del éxito y del populismo de Joan Laporta se basa en la ocupación estratégica, por parte de sus más leales, fanáticos y ciegos admiradores, de todos los frentes clave que tejen el relato de su extraordinaria gestión, el que los medios tradicionales y las nuevas tecnologías, a través de las redes, son capaces de proyectar. Propulsado, además, por un ejército de cuentas, reales o no, que amplifican hasta colapsar los debates barcelonistas inequívocamente a favor de las tesis y, sobre todo, de los intereses del presidente actual del FC Barcelona.

En esa nómina ideológica militan hoy decenas de profesionales de la información, así como youtubers, influencers, twichters y no pocos miembros de la amplia gama de personajes con amplios y efectivos poderes de seducción, especialmente entre las generaciones más jóvenes.

En el programa El Chiringuito, espacio de reconocido fundamentalismo madridista -que, precisamente, se retroalimenta y populariza con extraordinarias audiencias gracias su amplia cobertura de la actualidad azulgrana-, destacan dos personajes que responden exactamente a ese perfil de laportistas que, por su carácter exaltado y por estar tan exageradamente comprometidos con la causa, solo son capaces de interpretar la actualidad y de explicarla como imperturbables escuderos del presidente, José Álvarez y Jota Jordi. Si es necesario, incluso hasta ponerse en ridículo por pura ignorancia, por indocumentados y por no aceptar -ni ver, o no querer ver- ni un solo gramo de la realidad.

Uno de esos episodios, para su vergüenza y la de la profesión, se vivió esta semana con motivo del regreso del primer equipo al Spotify. La primera y absurda demostración de su Laportadependencia la protagonizó en modo reportero José Álvarez, entrevistando a un socio al azar a la entrada del estadio, que mostró su emoción, sensibilidad y sobre todo su agradecimiento y laportismo, impregnado de adulaciones y piropos hacia su figura. Pero no era un socio que pasaba por allí casualmente, sino José Madolell, alias Mado, pelota number one del presidente desde hace años que, habiendo tenido contacto también con el entorno de Sandro Rosell, no dudó en renegar de él y aparecer como una sombra de esas de tercera y cuarta fila del presidente, que en recompensa a sus méritos, como insultar en su cuenta de X a todo aquel que no sigue el credo laportista, colocó a su hija en la comisión social y, además, es asiduo invitado al palco del Palau y del estadio, un comecanapés profesional.

Bastante feo, o sintomático, recurrir a un hombre del presidente, seguramente por directriz o sugerencia desde el entorno de Laporta, para calentar y ambientar la reentrada en Les Corts en El Chiringuito desde la exclusiva meritocracia presidencial, desde luego, sin aludir al retraso de Limak ni a los inconvenientes o precios prohibitivos impuestos para evitar que los socios fueran mayoría frente al Athletic.

Pero lo más patético fue asistir, seguidamente, a la burla del propio presentador, Josep Pedrerol, cuando se los llevó al huerto, por decirlo así, insinuando que las gradas ocupadas el sábado eran después de todo las mismas que ya había antes de iniciar las obras.

Jota Jordi reaccionó con ese inequívoco y característico resorte laportista, de pura inconsciencia y analfabetismo barcelonista: «El segundo y el tercer anillo -dijo con cara de estar recitando un mantra- es todo nuevo, o sea, se tiró absolutamente todo y del primer anillo se ha mantenido algo de la estructura inicial. Pero el estadio es nuevo. Que me lo han explicado todo», enfatizó mientras algunos de los tertulianos se reían de él. Su compañero, José Álvarez, para echarle un capote desde ese mismo flanco del desconocimiento, le secundó: «El primero y el segundo son los que están ahora y falta el tercero. El segundo es nuevo entero, como dice Jota. El primero se han mantenido cosas y otras no. Se ha renovado todo… En el primero se han mantenido cosas como los cimientos».

Pobre y penosa imagen la que dieron, enfrentados a la caterva madridista de turno en un programa invariablemente hostil al Barça, pero que, por razones estratégicas protege siempre y como sea a Laporta, a menudo gracias a la actitud y el discurso de los citados José Álvarez y Jota Jordi.

Ambos, si fueran profesionales mínimamente preparados o al menos conocieran algo de la historia del Barça que no fueran las hazañas de Laporta -o, mejor dicho, la forma de encubrirlas y justificadas-, sabrían que la segunda grada del estadio del Camp Nou es considerada una gran obra arquitectónica porque representa un diseño pionero y audaz en la construcción de estadios, con una estructura que garantiza la máxima visibilidad mediante graderías superpuestas y un uso innovador del hormigón armado que genera estética y funcionalidad. Esta gradería forma parte de la estructura original del estadio inaugurado en 1957, que ha sido declarada patrimonio protegido de la ciudad de Barcelona, lo que impide reformas o cambios en su estructura para preservar su valor histórico y arquitectónico. La estructura del estadio sigue una traza curva que favorece la cercanía del espectador y su diseño buscó ser audaz y sereno, dándole al estadio la más alta categoría arquitectónica, siguiendo teorías de grandes arquitectos como Le Corbusier y Oscar Niemeyer. La grada tiene un perfil asimétrico que optimiza visibilidad, y gran parte del estadio fue excavado para reducir altura y mejorar la experiencia del espectador.

Por tanto, inexacto, falso y fanatizado el argumento de ambos sobre la reforma del estadio. Un hecho relevante que, por extensión, los descalifica ante su audiencia y la profesión también sobre cualquier otro ámbito barcelonista.

Para ser exactos, Laporta, además de no poder tocar la segunda grada, también indultó la primera grada, que en el proyecto original perdía la zona subterránea a cambio de ubicar inmediatamente debajo de la segunda grada los palcos VIP. Por deseo expreso del presidente, se cambió el proyecto y el primer anillo solo sufrió un retoque técnico para ampliar bocas y pasillos para adecuarlos a la normativa, en ningún caso se derribó ni alteró su estructura.

A la pregunta de si ambas gradas se podrían haber reabierto casi desde el primer día de las obras la repuesta es sí, solo condicionada al impacto, incomodidades y secuelas del derribo de la tercera grada y los importantes trabajos posteriores de levantar una completamente nueva. Accesos, subsuelo y entorno más próximo al estadio han sido las zonas más afectadas, mientras que el primer y el segundo anillo se han beneficiado exclusivamente de la posibilidad de mejorar su aspecto, iluminación, movilidad vertical, lavabos, pintura, comodidad en el acceso y circulación de los espectadores. La afirmación común de ambos periodistas («El segundo anillo es todo nuevo») no puede estar más alejada de una realidad que, por su condición de informadores y opinadores, deberían conocer y, lo que sería aún peor, no negarla o esconderla a los espectadores por sus intereses particulares y por dorarle la píldora al presidente como prioridad.

La puntilla la dio José Álvarez a la hora de referirse a cómo vivió la previa del partido el precandidato Víctor Font: «Estuvo con aficionados de los que están expulsados en el Camp Nou, de una grada que ya no está… gente que no entraba al campo por…», sin atreverse a decir alto y claro que fue a saludar al núcleo histórico de los miembros de la grada de animación cerrada dictatorialmente por Laporta porque no soporta la crítica. Pretendió, en definitiva, insinuar que Víctor Font se relacionaba con la gente violenta en otro absurdo y triste intento de ponerse una medalla ante su presidente.

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