Su propia negligencia ha condenado a la directiva de Joan Laporta a fabricar un enredo contable sin precedentes, también desesperado, para intentar salvar el valor de Bridgeburg Invest, que llegó a ser de 408 millones a 30 de junio de 2023 en el punto más álgido y embustero de una palanca que nunca existió.
Bridgeburg Invest fue la sociedad creada para realizar la venta de Barça Studios en verano de 2022, incluida en otra denominada Barça Produccions con la excusa de integrar el negocio audiovisual y el digital (metaverso, fan token, NFT’s y web 3.0) en una sola área de negocio.
A lo largo de estos últimos años, el trasiego accionarial ha provocado una repercusión significativa en las cuentas del club, tanto por la variación del valor de su inversión como por la modificación en el control sobre estas sociedades y el modo de reflejar sus datos en los estados financieros.
Concretamente, en los dos últimos ejercicios, el Barça se ha visto obligado a rebajar el valor de su participación en Barça Produccions, S.L. Este ajuste, conocido como deterioro, responde a la (mala) evolución real del negocio y a las (peores aún) expectativas de ingresos futuros, así como a la situación tras la fusión con Bridgeburg Invest, finalmente absorbida este año. En la práctica, el valor asignado por el club a Barça Produccions ha tenido que ajustarse a la baja, reconociendo un gasto extraordinario de aproximadamente 52 millones (antes de impuestos) en el último ejercicio, acumulando un deterioro de más de 138 millones en dos años.
Debido a estos ajustes, el valor total de Barça Produccions en las cuentas del club se sitúa en 178 millones de euros, de los cuales la participación que mantiene el FC Barcelona está valorada en unos 95 millones. Estos deterioros han impactado directamente en los resultados consolidados del Barça, reduciendo sus beneficios contables de forma significativa.
Durante el ejercicio 2024-25, Barça Produccions y Bridgeburg Invest, dos sociedades del grupo vinculadas al negocio audiovisual y digital, llevaron a cabo una fusión. Bridgeburg Invest fue absorbida por Barça Produccions y desapareció como sociedad independiente. Sin embargo, lo más relevante de la fusión fue el cambio en la estructura de propiedad y de control: el FC Barcelona, que hasta ese momento era propietario único de Barça Produccions, pasó a compartir la titularidad y la gestión con otros socios que entraron en el capital tras la fusión.
En concreto, tras la fusión y tras varios acuerdos entre socios (firmados el 28 de julio de 2025), el club pasó de tener el 100% del capital de Barça Produccions a poseer una participación del 53,4%. Otros socios sumaban un 26,9% y el resto del capital quedaba distribuido entre otros inversores. Este cambio provocó que el control sobre la gestión de Barça Produccions dejara de estar en manos exclusivas del club y pasara a ser conjunto, lo que significa que todas las decisiones importantes deben tomarse de forma colegiada entre los principales accionistas. Por más que se rebusque, los accionistas de ese 19,3% -a quienes, por cierto, la directiva ha cedido el control operativo- no han sido revelados.
En la práctica contable, cuando se pierde el control exclusivo sobre una filial, hay que cambiar la forma de reflejar sus cuentas en los estados financieros consolidados del club. Hasta el 28 de marzo de 2025, Barça Produccions se consolidaba totalmente (método de integración global). Es decir, todos sus ingresos, gastos, activos y pasivos se sumaban a las cuentas del club. A partir de la fecha en la que se pierde el control exclusivo (28 de marzo de 2025), Barça Produccions pasa a consolidarse mediante el método de puesta en equivalencia. Esto significa que el club solo refleja la parte proporcional a su participación (53,4%) en los resultados y patrimonio de la sociedad. Este cambio tuvo un impacto negativo en la cuenta de resultados consolidada azulgrana, generando una pérdida de aproximadamente 12,5 millones reconocida en ese momento.
Sobre el valor de Barça Produccions, el auditor aceptó el informe de una consultora independiente, Ernst & Young, según el valor de uso, que consiste en estimar los flujos de caja futuros que generará la filial y actualizarlos a valor presente, considerando factores como la evolución prevista del negocio, la tasa de descuento (que recoge el coste del dinero y el riesgo del negocio) y las perspectivas a medio y largo plazo. En este caso, la tasa de descuento aplicada fue del 24,1% y se consideró una tasa de crecimiento del 3% a partir del sexto año para una valoración de 95 millones. O sea, 313 millones menos que el autoatribuido por Laporta en 2023 y 95 millones más sobre el valor cero que le concedió el anterior auditor, Grant Thornton, despedido precisamente por esta salvedad, expresada su informe de 2024. El auditor actual, con todo, ha expresado y calculado el efecto de las incertidumbres que recaen sobre el futuro de Barça Produccions, precisamente porque, como cada año, Laporta presenta un nuevo plan de negocio que luego nunca se cumple.
Debe tenerse en cuenta, por ejemplo, que a raíz del plan de fusionar Bridgeburg y Barça Produccions para cotizar en el Nasdaq -cancelado en junio de 2024 por incumplimientos de los socios-, Barça Produccions sufrió pérdidas adicionales, registrando una reducción de valor de 131 millones de euros en 2023/24. Además, los cambios en la estrategia y la cancelación del proyecto de salida a bolsa generaron un impacto negativo adicional de 86 millones.
En opinión de la junta y de su frívola y poco creíble verborrea financiera, «la situación actual refleja una etapa de transición y reestructuración en el área audiovisual del Club, con una valoración ajustada a la realidad del mercado y unas perspectivas que dependerán en gran medida de la capacidad de la sociedad para cumplir con sus objetivos y adaptarse a los desafíos del entorno». O lo que es lo mismo, otro recurrente intento de insuflarle vida a un negocio que, en sus propias palabras, iba a ser «una mina de oro«, pero que, como se ha demostrado, nació muerto. Laporta mantiene así, como puede, el valor de las acciones de los pocos inversores que, como Armarak, aceptaron entrar en Bridgeburg Invest únicamente para garantizarse la explotación de la restauración de l’Espai Barça, nada que ver con el entorno digital/comunicativo ni audiovisual.
Escandalosamente, además, Laporta ha conseguido que el deterioro de la fusión (89 millones), con la connivencia e incomprensible tolerancia del auditor, haya ido a para al ejercicio 2023-24, cuyas cifras han sido reexpresadas según el lenguaje técnico. En la vida real, otro acto infame de manipulación, embuste y oscurantismo de Laporta de las cuentas reales del Barça.











